125

álgidoWaters

t r a s h o

800__multiple_maniacs_09_blu-ray__blu-ray_

Multiple Maniacs / John Waters / USA / 1970

Un extravagante personaje de nombre Mr. David convoca a un peculiar espectáculo: bajo una carpa montada en un jardín público se exhibirán de forma voyeurista (y gratuita) una serie de depravados, degenerados, drogadictos y entes similares prácticando cuantas perversiones, fetiches, parafilias y desfiguros se tenga en mente, el nombre del itinerante show es por demás ilustrador ‘The Cavalcade of Perversions’. Ataviado como maestro de ceremonias y con un micrófono desconectado en la mano el individuo logra captar la atención de vecinos, parejas de enamorados y demás transeúntes clasemedieros que movidos por el morbo hacen a un lado la obviedad de que todo huele a una terrible estafa. Tras observar entre fascinados y horrorizados a los integrantes de la caravana la trampa se hace evidente: la terrible Lady Divine, líder intelectual de este grupo de maleantes, urdió esta estrategia para asaltarlos utilizando como anzuelo su pasmosa (y cuasi ineludible) curiosidad. Para complicar las cosas nuestra antihéroe sufre un ataque de extrema demencia para terminar asesinándolos en un creciente éxtasis violento (como anotación al margen solamente han pasado 15 minutos de metraje). Esto será el inicio de una espiral de abusos, crimen y anarquía transgrediendo los límites de la lógica, la decencia y la sanidad.

El resto no será más agradable presentándose una sucesión de eventos cada vez más surrealistas y demenciales en un maniático in crescendo difícilmente visto en pantalla: Mr. David le es infiel, Lady Divine se entera y busca venganza. En el camino un par de junkies la atacan y violan brutalmente, el Infante de Praga se le aparece, cuál divina epifanía, llevándola de la mano a un templo a orar. El supuesto momento místico deviene en una de las escenas más irreverentes, incendiarias y blasfemas jamás fotografiadas (la protagonista es seducida por otra mujer, quien después de besarla le introduce de forma rectal las cuentas de un rosario mientras le susurra al oído las estaciones del viacrucis, el montaje intercala la lasciva relación sexual con el violento sufrimiento narrado). El relato no termina aquí. Mink (la seductora hereje autonombrada religious whore) acompaña a Lady Divine en la búsqueda de los infieles desatándose un sinfin de desgracias entre las que podemos enumerar asesinato (con devoramiento de entrañas incluído), violación (por una gigantesca langosta ni más ni menos), destrucción de propiedad privada y pánico sembrado por las calles.

800__multiple_maniacs_10_blu-ray__blu-ray_

Decía Tarkovsky que el cine es un arte que captura el tiempo, “no como una abstracción sino como una realidad”. El cineasta así es una suerte de escultor que tiene por materia prima a una vida entera, esculpiendo y cortando (y deshechando) las partes superficiales hasta llegar a la duración del metraje. Partiendo de esta concepción el tiempo resulta parte esencial del cine: es su sustancia, lo que en su análisis le otorga significado, pertinencia, importancia o coherencia. Tanto en el tiempo narrativo como el tiempo efectivo de la obra. Multiple Maniacs, segundo filme del norteamericano oriundo de Baltimore, está fuertemente anclado a su tiempo y su relevancia es directamente proporcional a este.

John Waters fué un chico de cuna privilegiada. Rebelde desde pequeño pasó por inumerables colegios (no es de sorprender que más de alguno fuera religioso, sentando las bases de su profundo rechazo al clericalismo y tendiendo nexos con cineastas como Luis Buñuel). Su expulsión de la NYU fué la cereza en el pastel que lo alejó de las aulas y lo acercó al cine. Curioso de su sexualidad y el uso de drogas (recordemos que su juventud transitó por los revoltosos sesentas) regresó a casa con más preguntas que respuestas y más inquietudes que certezas. Se hizo de un grupo de amigos (que se convertirían en sus actores, The Dreamlanders) que incluía ladrones, drogadictos, travesties y hippies, el sui generis colectivo de misfits y outsiders pasaba el tiempo leyendo, viendo películas (Waters es un devorador de cine, culto y conocedor, sus ídolos personales engloban desde las propuestas artísticas europeas de Ingmar Bergman y Rainer Fassbinder, el serie b de William Castle, la opulencia surreal de Federico Fellini, el gore de Herschell Gordon Lewis, la experimentación underground de Kenneth Anger o el sexploitation de Russ Meyer) y filmando cintas caseras con una cámara de 8mm regalo de su abuela.

multiplemaniacsblu00013

 John Waters filma esta su segunda cinta con un presupuesto irrisorio ($5,000 USD). Las locaciones son su casa o exteriores de su natal Baltimore (obviamente sin permisos). Los actores son sus amigos y vecinos. La cámara es prestada. Sin ninguna pretensión estética o artística obvia iluminación, encuadre, estabilidad o foco creando una obra de apariencia sucia (el mismo cineasta la llama de forma burlona “a bad Cassavetes movie”). La mayoría de los personajes están sobreactuados y gritan todo el tiempo (al tener un presupuesto casi nulo era impensable corregir o doblar el audio en post producción así que los actores tenían que prácticamente desgañitarse para sobreponer su voz al ruido ambiental). En pocas palabras toda un filme guerilla-style. Su “estilo como terrorismo” llega a su punto más álgido en la escena final, donde la protagonista (llena de sangre portando un ajustado mini vestido y un abrigo de pieles) cual monstruo legendario y totalmente desquiciada destruye automóviles, ataca peatones y siembra el pánico por las calles. Al final la guardia civil la rodea para terminar fusilándola, al tiempo que la multitud observa encantada y se escucha el “God Bless America” de Kate Smith como banda sonora.

Multiple Maniacs, así, se convierte en un producto de su tiempo. Una creación derivada del desencanto de una juventud que no se cree el sueño americano. Que les tocó vivir una realidad marcada por ese turbio período entre el asesinato de John F. Kennedy y los crímenes de la familia Manson. Que a veces observadores a veces partícipes topaban con movivimentos políticos y contraculturales cada vez más radicales. Que escuchaban de protestas estudiantiles en Europa. Que aplaudían a Martin Luther King oponiéndose vehementemente a la guerra de Vietnam. Que lo mismo asistían al festival de Woodstock que miraban con temor y fascinación a los Black Panthers y otras facciones radicales. Que sin entender del todo reprobaban la batalla de Algeria y aplaudían el sandinismo. Que desafiaban el establishment y fantaseaban con la anarquía. El cine de Waters nunca sería tan libre. Alimentado del odio y la violencia renegaría de la supuesta pasividad beatnik. Representa su rompimiento definitivo con la religión (la infame escena del “rosary job” da cuenta de ello), representa su irrefrenable oposición a lo percibido como correcto (en una escena Lady Divine narra con emoción el asesinato de un policía para proceder a acabar con otro con sus propias manos) y representa su nueva concepción de la belleza (todos los personajes concuerdan con la despampanante hermosura de Lady Divine obviando el hecho de que es personificada por un hombre de 1.88m y 150 kgs, maquillado como una caricatura de Liz Taylor). A Multiple Maniacs le sucedería Pink Flamingos dos años más tarde, obra polémica e irredenta que le daría fama internacional y un status como cineasta de culto.

multiplemaniacsblu00015

124

b r o t h e lmccabeblu00020

McCabe & Ms Miller / Robert Altman / USA / 1971

Un tracking shot revela lentamente el boscoso entorno. La lente de Vilmos Zsigmond captura, con una patina sobre expuesta, una brumosa desolación paralela al sentir de un atribulado Warren Beatty. Los créditos se suceden al ritmo del Stranger Song de Leonard Cohen. La complejidad narrativa y estética de Robert Altman encuentra el maridaje perfecto en las músicas del poeta canadiense. Solo tres canciones y un filme orquestado en torno a ellas. Es el antiwestern McCabe & Ms Miller. El año 1971.

123

t r o g l o d y t e s

High-def_Digest_Blu-ray_Bone_Tomahawk_Kurt_Russell_Patrick_Wilson_Matthew_Fox_1

Bone Tomahawk / S. Craig Zahler / USA / 2015

A finales del siglo XIX mientras en Francia los Lumière realizaban filmes sin pretensiones narrativas o estéticas que en gran parte prefiguraban al documental (a fin de cuentas documentaban acciones, costumbres, formas de vida, convencionalismos) o Méliès rodaba actos de ilusionismo convirtiendo al cinematógrafo en una herramienta para sus funciones de magia, en los Estados Unidos de América Thomas Alva Edison fundaba el primer estudio de la historia (Edison Studios) con el fin de  producir y filmar proyectos de ficción que ellos mismos proyectarían y distribuirían. Edison, astuto hombre de negocios, ya visualizaba al cine como un negocio redondo que exprimiría con la realización de más de mil cortometrajes, sucumbiendo hasta la segunda década del siglo XX ante diversos factores como las acusaciones (fundadas) de monopolio, el golpe económico de la primera guerra mundial, y la fuerte competencia en especial de las productoras que terminarían asentándose en California en ese lugar adyacente al Valle de San Fernando llamado Hollywood.

Buscando el espectáculo y el entretenimiento, los primeros filmes de los Edison Studios versaban sobre actos circenses: acrobacias, malabares, stunts. Muchos de ellos asociados con una incipiente identidad americana que tomaba fuerza rápidamente (actos con pistolas y rifles, espectáculos de rodeo, imaginario del lejano oeste). A principios del siglo XX y ante la necesidad de seguir acaparando el mercado, se lanzaron de lleno a los filmes narrativos buscando establecer estereotipos identificables de la mano de heroicas proezas. Aquí es donde surge el arquetipo perfecto, el cowboy, una suerte de capataz rubio, fuerte y bronceado que controlaba el ganado y protegía sus tierras, mientras su piel se curtía una hermosa mujer lo esperaba en casa con la comida caliente. Los malvados, estereotipos también, serían cualquiera ente que atentara contra su patrimonio: los ladrones, forajidos y forasteros que envidiaran sus pertenencias bien habidas o los indios (nativos americanos) que reclamaran sus tierras. Estos filmes se presentaban como la personificación de los miedos de la sociedad clasemediera anglosajona pero también como la salvación y heroica destrucción de estos. Así nacería el western, el género norteamericano por excelencia.

bone6_original

Desde el considerado primer trabajo del género The Great Train Robbery (Edwin S. Porter, 1903) producido por Edison (y referente obligado en lo estilístico, técnico, narrativo y actoral) ya se establecían arquetipos como el sheriff valiente y heroico, los malvados asaltantes o el tren como contenedor del tesoro; y situaciones como las persecusiones y el climático tiroteo final. Pero el gran momento del western no llegaría sino hasta la mitad del siglo con los clásicos de John Ford y Howard Hawks, para migrar una década después a la televisión que se vislumbraba como su cómoda tumba. Curiosamente con las contraculturas y la llegada del cine experimental, el avant garde, el cine serie b o el new hollywood se le dió un nuevo aire pero desde disímbolos enfoques: la explícita hiperviolencia de Sam Peckinpah, el spaghetti western de Sergio Leone, el anti-western de Robert Altman, el acid western de Monte Hellman, el western metafísico de Alejandro Jodorowsky. Para muchos la última obra maestra del género y suerte de epitafio vino de la mano de un veterano vaquero: Clint Eastwood y su multipremiada Unforgiven (1992). De forma por demás peculiar, de unos años a la fecha, regresa de nuevo, ahora reinventado y reconfigurado, enmarcado por el cine independiente norteamericano y de la mano de jóvenes y talentosos realizadores: Kelly Reichardt, John Hillcoat, Andrew Dominik, Quentin Tarantino, David Mackenzie o S. Craig Zahler.

Steven Craig Zahler es un novelista norteamericano, especializado en historias criminales y westerns, con gran aceptación y reconocimiento. Desde el 2011 se han realizado cinco filmes con guiones firmados por él (y asegura tener una veintena mas). También es un talentoso cinefotógrafo habiendo participado en varios corto y largometrajes a lo largo de la década de los noventa. Por si fuera poco es músico, curtido en los derroteros del metal (heavy y black) fungiendo como baterista y letrista. En 2015 rueda Bone Tomahawk, su primer trabajo como director, en el que además escribe el guión y compone la música. Zahler compensa el modesto presupuesto (poco más del millón y medio de dólares) con una cuidada y sobria puesta en escena (casi rayando en lo minimalista), una muy estudiada fotografía, un excelente diseño sonoro, y un sólido guión que sutilmente parece seguir los convencionalismos del género para trastocarlos o destruírlos.

bone-tomahawk-14087-large

El relato (lineal y progresivo) de Bone Tomahawk inicia con una suerte de prólogo en el cual dos bandidos matan con saña a unos viajeros para robarlos (degollación en primer plano incluída), después al querer huir, se topan con un camposanto de apariencia tribal del que uno no saldrá vivo. Aparece el título. Saltamos once días en el tiempo a un pueblo llamado Bright Hope. Rápidamente nos topamos con una serie de personajes que se antojan caricaturescos (a la usanza de los Coen): el duro, impávido y siempre justo sheriff (magnífico Kurt Russell), su ayudante, un torpe y al parecer inseguro anciano llamado Chicory (Richard Jenkins en tal vez la mejor actuación del filme), un presuntuoso y aristocrático individuo llamado Booner (un cumplidor Matthew Fox), el testarudo e impulsivo capataz (Parick Wilson encarnando con precisión al estereotipo del cowboy) y su hermosa esposa (Lili Simmons) quien además es asistente del médico local. Todo parece ir bien, el pueblo es por demás tranquilo y los habitantes deambulan cual fantasmas, hasta que aparece uno de los bandidos del prólogo y cual estudiado mcguffin hitchcockiano desencadena una serie de acciones que culminan con un secuestro y un cruento asesinato. Siguiendo al pie de la letra el manual del western perfecto (movido por la venganza, prefigurando un enfrentamiento final con persecuciones de por medio) la cinta reune a un variopinto grupo de personajes que emprenderán un complicado trayecto para salvar a los rehenes de lo que parece, un sanguinario grupo de trogloditas antropófagos.

Aquí es donde Zahler, con un manejo preciso y astuto del timing y el suspense, convierte un tradicional filme de cowboys en una cruenta historia de terror, más emparentada con las cintas de Tobe Hopper que con los académicos trabajos de Howard Hawks. Se las ingenia para generar empatía con los personajes mediante movimientos, reacciones, monólogos y diálogos, la mayoría de los cuales son cortesía de Chicory quien se intuye en un principio como la contraparte humorística gradualmente convirtiéndose en la conciencia, ética, valentía y sabiduría del grupo. El sutil ritmo, que pareciera lento pero nunca cansado, contrasta súbitamente con explosiones de gráfica violencia que alteran la marcha y sacuden al espectador, sirviendo como preámbulo al terrible desenlace. La fotografía a cargo de Benji Bakshi privilegia la luz natural y los exteriores, dando principal énfasis al encuadre y a las posibilidades de este. Curiosamente me hizo recordar a Pedro Costa quien, aunque con un estilo diametralmente opuesto, defiende enfáticamente la resignificación del encuadre y la importancia de los movientos de cámara (…“deberían recuperar el poder de significación que tuvieron cuando nacieron como herramienta expresiva”). Valiente, meticulosa y sorpresiva la ópera prima de Zahler se presenta como un filme inclasificable, si bien solo comparable con aquella gran cinta de Antonia Bird llamada Ravenous (que tal vez no coincidentemente cuenta con la participación de David Arquette, también en un papel secundario, y también fungiendo como el mcguffin de la cinta).

bone_tomahawk_fullres_09

122

p o s t  m o r t e m

1475859209_1

Swiss Army Man / Daniels / USA / 2016

Técnicamente una premisa se podría definir como la idea base para un razonamiento. Una suerte de conjetura que infiere, genera conocimiento (o su desarrollo) y permite sacar una conclusión. Su estructura lógica y narrativa ha sido utilizada y acogida con regularidad por diversos autores (en la literatura y el teatro principalmente) sirviendo como útil herramienta para vincular el tema escogido con los elementos básicos para la construcción de un drama. Así los personajes, el contexto y el conflicto dan forma a la idea y concretizan el relato. Por ende, la premisa se ha convertido en una unidad importante en gran parte del quehacer cinematográfico tradicional, o por lo menos en el que se sujeta a una estructura dramática y a un guión, siendo en no pocas ocaciones el culpable del éxito o fracaso de un filme (tanto crítico como comercial).

Cineastas como Peter Greenaway desdeñan al guión y a la narrativa tradicional, pero curiosamente buscan respaldo (y sustento) en la premisa para sus obras. Citemos The Tulse Luper Suitcases (Inglaterra, 2003) la cual se vió beneficiada por una excelente premisa que daba sentido, creando de paso expectativa e interés, a un críptico y radical filme que en otras circunstancias hubiera nadado entre el olvido y salas de museo: la vida de un escritor, narrada por el contenido de 92 maletas, el cual pasa la mayor parte de su vida encarcelado, coincidiendo momentos de su vida con grandes acontecimientos del siglo XX. Ahora, una excelente premisa no es garantía de una buena cinta o viceversa. Recordemos la simpleza temática de Irréversible (Gaspar Noé, Francia, 2002) que con una endeble idea (prácticamente sustentada en la frase “le temps detruit tout”) reniega de la estructura lineal de tres actos para dar prioridad a las imágenes y al efecto de estas en el espectador (con excelentes resultados).

vlcsnap-2016-09-24-21h33m22s796

Swiss Army Man, sensación del pasado festival de Sundance, y uno de los filmes más divisorios y polémicos del dosmildieciséis, no se sustenta en una buena o mala premisa sino en una una absurda, chocante, aborrecible y escatológica: un hombre varado en una isla desierta descubre un cadáver flatulento, el cual como si de navaja suiza humana se tratase (ver el nombre original en inglés), le ayuda a sobrevivir enseñándole de paso el valor de la amistad y el camino a la madurez, o algo así. No negaré que la primera vez que escuché sobre esta cinta sentí curiosidad. Una idea de este calibre, capaz de sonrojar al pensamiento más guarro de Mel Brooks o hacer parecer correctos los primeros trabajos de los Farrelly, podría resultar una estupidez que busca la risa fácil, o por otra parte presentar un trabajo tan radical y transgresor que al anunciarse (desde un inicio) de una forma tan soez (rompiendo reglas de censura y de la ominipresente corrección política que nos circunda) se diera el lujo de empujar la creatividad del cine norteamericano más interesado en el remake y el comic que en el desarrollo de la innovación narrativa e ideológica.

Decantándose por la segunda opción, la película dirigida por Daniels (nombre artístico del dueto conformado por Daniel Kwan y Daniel Scheinert) busca desarrollar un filme inteligente y propositivo, con excelentes visuales y músicas, poniendo sus miras en el cine independiente de culto más que en el espectáculo hollywoodense. Cumplen con sus objetivos? Primero considero pertinente hacer un par de anotaciones sobre los directores y otras tantas sobre la cinta. Los Daniels, a juzgar por su edad y estilo, tienen una gran deuda con la generación alternativa introducida por MTV en la década de los noventa, período caracterizado por la experimentación visual y por ser la cuna (y playground) de cineastas ahora consagrados como Wes Anderson, Sofia Coppola, Mike Mills, Spike Jonze o Michael Gondry entre otros. La posibilidad de una apertura musical (englobada y etiqueda como alternativa) a derroteros disímbolos e innovadores más su consiguiente difusión a las masas, dió oportunidad y presupuesto a un caudal de grandes propuestas sentando las bases de muchos de los estilos visuales vigentes. No es de extrañar la gran influencia, principalmente de Jonze y Gondry, en la ópera prima de este par de realizadores. Los Daniels también hicieron sus pininos en los terrenos del videoclip ahora cobijados por el streaming y las plataformas digitales que permiten flexibilidad, menores costos y limitantes, mayor proyección y alcance. Entusiastas del indie pop realizaron meritorios trabajos para Chromeo, Foster the People, The Shins, Passion Pit o Manchester Orchestra, esta última agrupación culpable de la ubicua y fundamental banda sonora del filme.

original

Swiss Army Man es vistosa, atractiva y exitosa en el terreno técnico. Si bien no llega a las alturas de Where the Wild Things Are (Spike Jonze, USA, 2009) de la que toma muchas pautas visuales, movimientos de cámara y juegos de luz (el excelente uso de la iluminación atmosférica por ejemplo) presenta un trabajo de fotografía encomiable pasando con soltura de la cámara lenta a la edición vertiginosa, de la cámara en hombro al más pulcro encuadre, estableciendo de paso un ritmo visual y narrativo (a veces un tanto sobrado y distractor) en general efectivo y atractivo. El sonido es uno de los puntos más fuertes coqueteando incluso con convertirse en cinta musical e integrando de forma natural y poco forzada sonidos de la naturaleza, secreciones, flatulencias, sonidos corpóreos, efectos especiales y la banda sonora, que a a decir de los actores, era compuesta e interpretada in situ al momento de la producción. Con matices in crescendo y cuasi épicos el trabajo de Andy Hull y Robert McDowell (integrantes de Manchester Orchestra) resulta catártico y emotivo catalizando la creciente relación afectiva de los personajes principales.

En cuanto al guión la propuesta no desmerece. Suerte de viaje iniciático para adultos, Paul Dano da vida a un tipo varado en un recóndito lugar, a punto del suicidio, que de forma por más surreal descubre la salvación por medio de la autoaceptación. Dano, experto en papeles de freak, da soltura y credibilidad al inseguro protagonista que gracias a sutiles detalles del guión (a cuentagotas pero de manera creciente) se abre ante nosotros: una foto del celular de su objeto de afecto (a quien tan pronto tiene señal espía en facebook), una historia sobre su incapacidad de autosatisfacerse (vinculada al recuerdo de la madre perdida), el miedo al padre (sensibilidad a los insultos y sobrenombres), nulas habilidades sociales perfiladas por convencionalismos (las omnipresentes flatulencias pasan de escatológica broma a trauma de adaptación), el aparente amor platónico que deviene en perturbadora obsesión, etc… Por su parte Daniel Radcliffe (quien además produce y fué pieza importante para la creación de la cinta) se convierte en la gran revelación. Un cadáver inerte que de forma cuasi milagrosa, y progresivamente al desarrollo de la amistad y catártica apertura de Dano, recobra capacidades como el habla (moviento de la quijada) transmitiendo con una sutil y minimalista actuación lo mismo pueril curiosidad que ternura, amistad y complicidad. Con el gran peligro de caer en la caricatura y convertirse en una suerte de Weekend at Bernie’s (Ted Kotcheff, 1989), Radcliff matiza y da vida a uno de los personajes mas peculiares de los que se tenga memoria.  

maxresdefault

Ya como obra terminada es donde el filme pierde un poco la brújula. Con un excelente primer acto (el intento de suicidio / descubrimiento del cadáver / sinfonía de flatulencias / viaje en jet ski humano), que en menos de 10 minutos ya había espantado a media audiencia, las expectativas se van a la alza. El segundo acto creativo / emotivo / divertido a partes iguales establece el mood y orienta el relato, si bien pecando de videoclipero, efectista y deudor (vamos hay secuencias calcadas del skechtbook de Gondry). El último tercio es en cierta manera el más problemático ya que acelera las acciones y busca afanosamente una resolución, cambiando el tono (de comedia irrestricta a realismo dramático) presentando perturbadoras aristas al fantástico relato. Aunque no ofrece una conclusión concreta o una explicación lógica, las pistas presentadas a lo largo del filme más los sucesos finales apuntan a una sola (y un tanto simplista) respuesta.

Volviéndo a la cuestión inicial, cumplen los Daniels con sus objetivos? en gran manera. Como futura cinta de culto, como revelación de Radcliff, como premisa muy original, como orgullo indie lo hacen con creces. Como renovadora del acartonado panorama cinematográfico, como parteaguas, como referente obligado, como transgresión irrestricta y dura no estoy tan seguro.

swiss-army-man-2.png

117

a ñ o q u i n c e

Si bien no definido por una tendencia o un filme en particular el dosmilquince se podría englobar como el año de los sentidos (o del bombardeo a estos). Desde el (literalmente) “in your face” Love (Gaspar Noé, Francia) hasta ese asalto sensible llamado The Duke of Burgundy, pasándo por el silente The Tribe, la exhuberante The Assassin, la experiencia espacial llamada The Revenant (Alejandro González Iñárritu, USA), la inmersión distópica de Mad Max: Fury Road, el hiperrealismo de Tangerine (Sean S. Baker, USA) o la suciedad e impregnante olor a muerte de Hard to be a God, el ataque a los sentidos fué más allá del burdo manierismo del 4D explotando los límites del quehacer narrativo y expresivo. También fué el año del drama realista, del acercamiento humanista. Tanto el británico Andrew Haigh (45 Years), el italiano Paolo Sorrentino (Youth), el noruego Joachim Trier (Louder than Bombs) o el norteamericano Todd Haynes (Carol) exploraron diversas aristas del sentir humano como la pérdida, la vejez, la soledad o el amor, maquilando obras mayores dignas de aplaudirse. A continuación lo que más disfruté (de un año muy disfrutable) del dosmilquince.

1. The Assassin / Hou Hsiao-Hsien / Taiwan-China

No sé bien definir que me causaba más expectativa: el regreso de Hsiao-Hsien a la pantalla grande desde ese maravilloso Flight of the Red Balloon (2007) o la curiosidad de ver su interpretación del género wuxia, visitado de forma exitosa en el pasado por compatriotas como Zhang Yimou (Hero, 2002) o Ang Lee (Crouching Tiger, Hidden Dragon, 2000). Cualquiera de las dos sería bien recompensada. Hsiao-Hsien elige poner en un segundo plano a la tradicional narrativa de héroes con espadas apegados a estrictos códigos de ética, lealtad y justicia (y las consiguientes peleas fantásticas coreografiadas con precisión) para enfocarse en la imagen: el encuadre, el aspect ratio, la edición y los movimientos de cámara se convierten en los personajes principales supeditando la narrativa al dominio técnico y privilegiando el goce estético. El taiwanés articula un épico poema visual (que le llevó 25 años realizar) en el que cada cuadro, cada imagen, cada color, se convierte en una postal digna de grabarse en el imaginario cinéfilo.

The Assassin 01

2. Hard to be a God / Aleksei German / Rusia

Ver entrada 120.

Hard_to_Be_a_God_01

3. Ex_Machina / Alex Garland / Inglaterra

Ver entrada 112.

Ex Machina 01

4. It Follows / David Robert Mitchell / USA

La premisa resultaba absurda y anticuada: una maldición adquirida por el hecho de tener relaciones sexuales fuera del matrimonio y propagada principalmente entre adolescentes que pagarían con su vida por el terrible pecado, sonaba a chapucera fábula paternalista de principios de los ochenta (ante la ignorancia y miedo a enfermedades venéreas especialmente el VIH). El primer trailer exhibido con fotografía reminiscente de los filmes de horror ochenteros, y un estresante soundtrack emanado de sintetizadores análogos, no ayudaban mucho. Pero Mitchell nos deparaba una muy agradable sorpresa. It Follows utiliza la premisa de forma aterradora, privilegiando el espectáculo paranoico del miedo a ser constantemente vigilado y perseguido, explotando al máximo el espacio (con un astuto uso del encuadre logra crear opresión incluso en boscosos escenarios abiertos) y estirándo al máximo la tensión y el timing (siempre cuidadoso de no caer en el cliché ni los convencionalismos del género). Mitchell desmenuza cuidadosamente cintas como Friday the 13th (Sean S. Cunningham, 1980) o Halloween (John Carpenter, 1978) y las actualiza, creando un interesante y terrorífico híbrido que no pierde tiempo en explicaciones dando protagonismo a la atmósfera y al horror psicológico.

It Follows 01

5. Inside Out / Pete Docter  / USA

Después de los altos vuelos alcanzados por los estudios Pixar (ese genial triunvirato Ratatouille/WALL-E/Up) en que maridaban exitosamente virtuosismo tecnológico con inteligentes narrativas, la productora parecía supeditada a la temible sombra del gigante Disney, destinada inexorablemente a la maquila de redituables secuelas y creación de personajes comercializables. Es por esto que Inside Out se presenta como una grata y refrescante sorpresa. Docter inspirado por las anécdotas recabadas al ver crecer a su propia hija, articula un relato situado en el cerebro del individuo justo donde se almacenan las emociones, las cuales se convertirán en personajes de la cinta y servirán como catalizador de las dinámicas de una familia promedio con hija puberta en crisis de crecimiento. Docter se las ingenia para crear emotividad sin ser meloso, en ser divertido cuanto tiene que serlo y en elaborar un filme complejo y conceptual disfrazado de inocua aventura infantil. Goce para chicos y food for thought para adultos la cinta endereza el camino de la productora regresándolos al pedestal que bien tienen merecido.

Inside Out 01

6. Jauja / Lisandro Alonso  / Argentina-Dinamarca

El argentino Lisandro Alonso ha forjado una carrera marcada por un estilo naturalista, contemplativo, de paciencia pues. Severos y rigurosos encuadres, planos fijos, ánimo documental, actores amateurs, silencios. Cintas como Los Muertos (2004) o Liverpool (2008) presentaban búsquedas internas de personajes reflexivos que vagaban silenciosamente en paisajes abiertos. En Jauja, Alonso altera (tan solo un poco) la jugada: cambia al actor amateur por el experimentado, la realidad actual por la historia de época y el esbozo narrativo por una historia más elaborada. Pero no nos engañemos, el bonaerense no abandona el ritmo lento, la poesía visual, el encuadre severo y el surrealismo onírico. Jauja sabe a ratos a Jodorowsky, en otros a Tarkovsky y en unos más a la escuela del cinema verité. Situándo el relato en las agreste sudamérica del siglo XIX estructura una suerte de western metafísico en que la búsqueda del personaje principal (interpretado por Viggo Mortensen) termina siendo interna y en el cual la delgada línea entre realidad y mito parece desvanecer a cada paso del protagonista.

Jauja 01

7. The Duke of Burgundy / Peter Strickland / Inglaterra

Gaspar Noé antes de presentar a la crítica Love (y tras publicar unos carteles publicitarios altamente explícitos) declaró que su cinta haría llorar a las mujeres y a los hombres tener erecciones. Curiosamente Love se quedó  en el camino de las expectativas (no una experiencia fallida pero si un trabajo menor comparado con su filmografía) pero su statement toma pertinencia y un nuevo significado en The Duke of Burgundy, un altamente erotizado, fetichista y sensual filme realizado por el inglés Peter Strickland que con Berberian Sound Studio (Inglaterra, 2012) ya había explorado las posibilidades, en ese caso sónicas, de la explotación sensorial en el cine. La cinta narra la relación de sumisión, humillación y codependencia de una mucama con su patrona, una bióloga experta y obsesionada con la lepidopterología. La relación de tintes masoquistas empieza a degenerar el dolor en placer y la humillación en amor, transformándo la relación de las dos mujeres en una simbiótica codependencia a medio camino entre la ternura y la violencia. Strickland privilegia las texturas (los muebles, la ropa, los muros, la piel, los insectos), la iluminación, la paleta cromática y la atmósfera sensible para crear un sentido filme sobre la feminidad, las mecánicas del amor y la convivencia.

The Duke of Burgundy 01

8. The Look of Silence / Joshua Oppenheimer / Dinamarca-Indonesia

Suerte de continuación temática de su anterior filme (The Act of Killing, 2013), Oppenheimer revisita el escenario que le ha resultado cotidiano en los últimos años: la Indonesia contemporáea a 50 años de perpetrados los terribles genocidios de guerra. En esta ocasión la narrativa va de la mano de Adi, un modesto optometrista cuya calidad humana es inversamente proporcional a la sencillez de su persona. Al inicio de la cinta el protagonista es expuesto a un video en el cuál dos hombres narran con saña los cientos de crueles asesinatos orquestados en contra de presuntos comunistas. La justificación (si pudiera existir alguna) era hacer lo mejor para su país. Lo más triste y perturbador del asunto es que entre estas víctimas se encuentra su hermano. El hombre al terminar de ver la inquietante grabación, y con un parco gesto, comenta que cree que vió un atisbo de remordimiento en los asesinos, y si es así, él los perdona. De esta manera Oppenheimer brinda al optometrista la oportunidad de encontrarse con estos criminales de guerra y confrontarlos de forma pacífica, buscando hacerles entender que mas allá de esa masacre propagandística (la mayoría de estos hombres tienen la creencia que lo que hicieron es correcto, patriótico y por el bien de su gente) existe dolor, víctimas y deshumanización. Cada encuentro de Adi es complicado, yendo de lo incómodo a lo aterrador y permeando un sentimiento de frustración ante la ceguera de los individuos. The Look of Silence al final no busca redimir al tirano, ni construir una rigorista investigación, su afán tiene tintes humanos, es más un acto de denuncia, una necesidad moral.

The Look of Silence - Joshua Oppenheimer 01

9. The Tribe / Myroslav Slaboshpytskiy / Ucrania

Al inicio de The Tribe, la ópera prima de Myroslav Slaboshpytskiy, se advierte al espectador que el filme carece de diálogos (por lo menos audibles) y que las conversaciones se realizarán en lengüaje de sordos. Quién no lo conozca tendrá que guiarse por las imagenes. Desde este prematuro aviso (que establece el estricto rigor del filme) estamos ante una novedad, vamos no es esa lúdica farsa llamada The Artist (Michel Hazanavicius, Francia, 2012) en que el aire de comedia feelgood y la añoranza al cine silente compensaban las limitantes narrativas, sino una propuesta más experimental y arriesgada. Con un omnipresente steadycam que sigue eternamente a los actores y una rígida simetría en los largos plano secuencia da cuenta de las viscitudes de un joven que llega a una institución para sordomudos y su integración (y adecuación) en un violento y sórdido microcosmos, carente de ética y completamente deshumanizado. Un mundo sin leyes, donde sobrevive el más fuerte y que de forma perturbadora se presenta como espejo de los peores vicios del nuestro. The Tribe carece de diálogos, de soundtrack, basádose en la corporeidad, la gesticulación y las señas. Por algo se alzaría con el premio a mejor película de la Semana de la Crítica de Cannes.

The Tribe 01

10. Mad Max: Fury Road / George Miller / Australia-USA

Ver entrada 118.

Mad Max Fury Road 02

111

m e r o d e a d o r

maxresdefaultNightcrawler / Dan Gilroy / USA / 2014

Mucho se ha escrito del sueño americano. Otrora utópico ideal, sostenía que en la tierra de las oportunidades cualquier individuo (apoyado por la igualdad y la libertad), mediante el arduo trabajo (con el debido esfuerzo y determinación), podría no solo superarse sino alcanzar literalmente sus sueños (dinero, familia, estabilidad, negocios, etc…). Lamentablemente este anhelo se ha ido trastocando y torciendo, alejándose de su idílica concepción y conviertiéndose, en el mayor de los casos, en una torva pesadilla. Es dentro de esta pesimista y existencialista óptica que Dan Gilroy, experimentado y talentoso guionista (Two for the Money, D.J. Caruso, 2005 y The Bourne Legacy, Tony Gilroy, 2012) hace su salto a la dirección cinematográfica con un relato tan perturbador como realista que haría las delicias de Scorsese en tiempos de su Taxi Driver (1976).

Louis “Lou” Bloom (Jake Gyllenhaal en la mejor actuación de su carrera) es un inadaptado y extraño sujeto, que pasa los días entre su metódica y solitaria rutina, diversos robos y horas navegando en internet. Un buen día, y por azares del destino, se topa con un aparatoso accidente de tráfico y por consecuencia con la antiética prensa amarillista, personificada por un camarógrafo freelance, causándole una fuerte impresión y otorgándole, de golpe, un mar de nuevas posibilidades. Así nuestro antihéroe consigue una videocámara y una radio scanner (para interceptar frecuencias policiales) intentando colarse, paulatinamente (y gracias a su carencia de códigos morales, de respeto por los otros seres humanos, a su proclividad para el chantaje y romper reglas en general) en el competitivo y agresivo mundo de los noticieros televisivos y los reporteros nocturnos (convirtiendose en el nightcrawler del título).

large_nightcrawler_01_blu-ray_

Lou no tiene empacho en allanar escenas del crimen (incluso en orquestar alguna que otra), en mentir, engañar, manipular o extorsionar, es un sociópata producto de una individualista cultura (y de una aún más individualista sociedad) que cual gigantesco y aberrante monstruo busca alimentarse de las más novedosas, explícitas, agresivas o retorcidas noticias sin importar la procedencia de estas. Irónicamente entre más se hunde en la corrupción más éxito tiene, pasando de alienado don nadie a reportero estrella de un canal de televisión local. El camino ascendente de Bloom no es fácil, conlleva sacrificios (incluso humanos), pérdidas, confrontaciones y la necesidad obsesiva de una trascendencia (social y económica) para que pareciera no importar el camino sino el llegar a ella. El fin justifica los medios pareciera ser el lema del personaje.

Gyllenhall no solamente transformo su apariencia (se sometió a un radical cambio de look que incluía bajar más de 10 kilos y perder masa muscular) sino amplió su rango actoral priviliegiando las gesticulaciones y el lenguaje corporal, logrando transmir exitosamente la psique de un complejo personaje que en otras manos correría el peligro de parecer una caricatura. El Lou de Gyllenhall es perturbador, terrorífico, no por el peligro que pudiera representar físicamente (pareciera que el leit motiv impuesto por Hollywood es músculos y tamaño) sino por el veraz reflejo que brinda de un peligro real, en que está entre nosotros. Desde la modulación de su voz hasta el creciente (y apreciable) halo de confianza que va desarrollando al ganar prestigio laboral dan cuenta de la compenetración y comprensión del personaje por parte del actor, siendo esto una de las claves del éxito de la cinta.

nightcrawler3610

Gilroy dirige con solvencia y mano firme. Lejos de parecer amateur o de obviar la condición del filme de ópera prima resuelve eficazmente el planteamiento narrativo filmando con el ritmo apropiado las escenas de diálogo (haciéndolas verosímiles e interesantes), con una dinámica edición las escenas de acción (principalmente persecuciones automovilísticas) o con un atinado control del espacio y tiempo en las tensionantes escenas de suspenso (ver el allanamiento a la escena del crimen). El trabajo de fotografía de Robert Elswit (frecuente colaborador de Paul Thomas Anderson), es discreto y alejado de pirotecnia y pretensión, convirtiéndose también en un vehículo narrativo visualmente mas cercano a Michael Mann (Thief, 1981) que a Nicolas Winding Refn (Drive, 2011). Nightcrawler es un metódico, poderoso y perturbador filme que de forma valiente desentraña y manifiesta los antivalores de una egoísta sociedad con una terrible obsesión mediática y una latente deshumanización.

nightcrawler_Car

110

e l l a s

her

Her / Spike Jonze / USA / 2013

El ser humano es un ente particular. Desde tiempos inmemoriales su incapacidad para adoptar (y aceptar) la soledad lo ha obligado a vivir en comunidad. Estas agrupaciones (llámense clanes, grupos, pueblos, naciones) parecieran destinadas al fracaso (conflictos, guerras, crimenes, enemistades) tanto como al aparente éxito (matrimonio, familia, sociedad, religiones, política). Dentro de este espectro de amor/odio se ubica la desesperación intrínseca del individuo que, incapaz de estar solo (arraigado temor que lo lleva a evadir su ser para intentar perderse en los otros), busca desesperadamente la aceptación social (la mayor de las veces con agridulces resultados). La tecnología, supuesto recurso creado para faciltar la vida del sujeto y simplificar sus problemas, termina a menudo, cayendo dentro de esta paradoja generando alienación donde debería existir convivio, y asilamiento en vez de comunión.

Es dentro de este complejo marco de las relaciones humanas donde sitúa el hábil Spike Jonze la premisa de su última, y más lograda cinta (que con su breve pero sustanciosa filmografía es mucho decir). Theodore Twombly es un peculiar y ensimismado individuo que dedica su tiempo a escribir las cartas que nadie quiere (o tiene el tiempo, o se quiere dar el tiempo) de escribir. Cartas de amor, de agradecimiento, de despedida, de felicitación, todas ellas de una sensibilidad exquisita producto de la pluma de un atribulado personaje (quien para rematar esta en el aftermath de un doloroso divorcio) que navegando entre este idílico mundo busca una catarsis y un escape de su penosa realidad. Un buen día adquiere un OS (sistema operativo) que supuestamente es capaz de poseer inteligencia artificial. El resto es fácil de dilucidar. Nuestro solitario y aislado amigo termina enamorándose rotundamente del software en cuestión (que se manifiesta cual encantadora SIRI a través de la sexy y rasposa voz de Scarlett Johansson).

her-blurayJonze no es primerizo en tocar estos temas. Su obra esta permeada por esa agridulce sensación de no pertenecer, ya sea de la mano de un atribulado titiritero obsesionado en controlar a una celebridad cual marioneta de su taller (Being John Malcovich, 1999); de un talentoso escritor siendo consumido por un interminable bloqueo (aunado a una creciente envidia por su gemelo y una obsesion por un reportaje de orquideas) (Adaptation, 2002); o de un niño habitando un mundo imaginario plagado de gigantescas creaturas que sufren y se conflictúan por una realidad que no son capaces de comprender (Where the Wild Things Are, 2009). En sus primeros filmes la surrealista pluma de Charlie Kaufman y la sólida y creativa dirección de Spike Jonze fueron el maridaje perfecto para la construcción de dos obras mayores, en la tercera la literatura infantil de Maurice Sendak abre las puertas para el gozo visual y el aflore sensible. Her, su cuarta obra e inspirada por su corto del 2010 I’m Here, pareciera escrita por Kaufman emparentándose no solo con las cintas de la dupla sino con otra obra firmada por el escritor: la excelente Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004).

En la cinta de Gondry se muestra un mundo distópico pero extrañamente familiar al nuestro, en el cual los individuos pueder borrar sus recuerdos, por dolorosos que estos sean, buscando una artificial y utópica felicidad que pareciera inalcanzable. El filme, poético y sensible, combinaba hermosas visuales con sustancial temática. Similares comentarios podríamos hacer de Her. Aquí la realidad tambien es futurista pero muy próxima, muy reconocible. La urbe habitada (mezcla de Los Ángeles y Shangai) está plagada de gigantescos y ultramodernos edificios inteconectados por plazoletas, andadores, escaleras eléctricas y elevadores, por las cuales transitan hordas de zombies hipnotizados por sus telefonos celulares (hablando en voz alta por sus dispositivos manos libres). También es curioso como los personajes que nos muestra Jonze padecen de lo mismo: inseguridad, soledad, miedo, neurosis, depresión. La vecina, y mejor amiga, se muestra ansiosa y nerviosa todo el tiempo, pareciendo más comoda en la compañía de una amiga digital (otro OS) o de un peculiar videojuego (sobre un ama de casa “perfecta”) que con su (ex) esposo. La atractiva cita a ciegas de Twombly termina pasando de atrevida y extrovertida a insegura, casi exigiendo certezas a una incipiente relación que nisiquiera existe. La ex esposa bipolar y agresiva pero que es la única que le dice sus verdades y parece conocerlo realmente.

Her1El director articula así una cinta habitada por depresivos y taciturnos personajes cuya imposibilidad para convivir y relacionarse trasciende a los seres humanos, convirtiendo incluso la idílica relación con su ordenador en un fracaso rotundo. La crítica es fuerte y directa, nuestro protagonista siente celos, es posesivo, pelea y recrimina a un sistema operativo que momento a momento crece en conocimientos y sensaciones evolucionando de una manera que los humanos somos incapaces de hacer. También es de aplaudirse que Jonze, no contento con solo esbozar la peculiar historia de amor, muestra sus viscicitudes e implicaciones: si el sistema operativo carece de cuerpo físico, como se pueden concretar las relaciones sexuales? (la autosatisfacción termina siendo egoísta y solitaria diluyendo la noción de realidad que podría existir en el intercambio verbal), situación que soluciona con la introducción de la sustituta sexual (una mujer real, que enterada de la relación de la pareja, quiere participar de este amor mediante una especie de cyber threesome que obviamente termina en desastre).

La fuerte carga sensible del filme es apoyado por la estructura narrativa. Un coloquio de flashbacks, pensamientos, sueños y realidades se mezclan cual emotivo collage que nos ayuda a conocer mas de un entranable Theodore (Joaquin Phoenix en un papel muy diferente a los que nos acostumbra). La música, la iluminación, el ritmo, el mise-en-scène, el montaje, todo encaja perfectamente en esta realista fábula sobre un reconocible modelo de vida que cada vez se acerca más al nuestro. Phoenix brinda una de las mejores actuaciones de su carrera, el holandés Hoyte van Hoytema (colaborador de cabecera de Tomas Alfredson) convierte a la imagen en poesía, la banda candiense Arcade Fire se sale de su zona de confort musicalizando la cinta, y el buen Jonze da cátedra de cine.

her-rooney-mara-2