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n i p ó n

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Tokyo! / Michael Gondry, Leos Carax, Bong Joon-ho / Francia / 2008

Los filmes omnibus (películas estructuradas a manera de colección de cortometrajes independientes, a menudo de distintos directores, que comparten una premisa, una historia, un lugar geográfico, o un momento en el tiempo), proliferaron en Hollywood en los albores del cine sonoro. Con los años su valor como plataforma para la experimentación, lucimiento de los directores, o simplemente como curiosidad, las confinó principalmente al cine de arte o al cine europeo. Para el siglo XXI la pertinencia de estos filmes volvió a popularizarse, resultando el escaparate idóneo para las angustias del fin/principio de siglo; para la globalización; la tecnificación; los problemas sociales; o las grandes urbes (fluctuando entre los ejercicios mas turísticos y las crítica mas agridulce). 

Dentro de estos últimos por alla del 2006 se estreno Paris, je t’aime, meritorio pero desigual ejercicio, en el que prestigiados directores de todo el mundo daban su peculiar e individual visión de cada uno de los distritos (arrondissements) en los que se divide la ciudad que da nombre al filme. Con el éxito de este siguieron similares ejercicios situados en New York por ejemplo (New York, I Love You, 2009) que fueron diluyendo y demeritando la en un principio interesante premisa. A finales de 2008 se anunció un nuevo ejercicio situado dentro de esta corriente de cosmopolitas antologías, ahora en la enigmática ciudad de Paris y encabezada por el niño prodigio francés Michel Gondry, quien con apenas un par de filmes y una veintena de videoclips tenía encantado al público alternativo.

Tokyo! desde su estreno causó desconcierto. No contenía decenas de historias, más bien se limitaba a tres. La tematica estaba mas relacionada con la problematica urbana y los fenomenos relacionados al hecho de habitar que al gozo turistico, las historias eran independientes y hasta cierto punto bizarras, y la experimentación estaba a la orden del día. Gondry (francés afincado en USA), fiel a su estilo, desarrolla una creativa fábula, Carax regresando despues de su exilio con una mordaz y particular reinterpretación de la leyenda de Godzilla y Joon-ho (Corea del Sur) se centra en la una peculiar historia romántica. 

Tokyo! Interior Design

Interior Design / Michael Gondry

El primero de los segmentos centra la atención en un fenómeno cuasi arquitectónico (que se refuerza desde el nombre del corto): el hecho de habitar. Como una misma ciudad puede atraer o repeler al usuario, la complejidad del espacio habitable, las formas de integrarse a él (ya sea por adaptación o por contraste), o las interacciones habitante / habitáculo. La historia es simple: una joven pareja decide mudarse a la gran ciudad, uno es idealista y optimista, el otro miedoso e introvertido. Así uno se adapta convirtiéndose en parte viva de la ciudad, el otro decide convertirse en un fantasma, un objeto mas dentro del mobiliario urbano. La realidad toca a la fantasía, y el creativo Gondry se da vuelo, sacando provecho de la premisa tanto visual como temáticamente.

Tokyo! Merde

Merde / Leos Carax

Carax es provocador desde el nombre de su segmento. Merde es un fantástico personaje, cual extravagante duende, que deambula por las transitadas avenidas japonesas agrediendo a cuanto ser humano ve: come flores, lame rostros, roba objetos y de paso se convierte en un espectáculo mediático. Un buen día el extraño individuo (un maravilloso Denis Lavant), que de paso vive bajo las alcantarillas, encuentra un oculto arsenal presuntamente de la segunda guerra mundial y se lanza a una escalada de violencia y terrorismo. A partir de este momento la historia se convierte en un drama de juzgados en que el polémico Mr. Merde aprovecha para evidenciar los defectos de la sociedad y el miedo que tienen a los que son diferentes física y culturalmente. La historia además está basada libremente en la cinta Gojira (Ishiro Honda, Japón, 1954) utilizando inteligentemente la referencia y apología de la guerra, el armamentismo y el fanatismo nipón. El corto es impactante desde su narrativa (la primera parte es ágil y divertida, utilizando eficientemente una reinterpretación del tema musical de Gojira, para mutar a un complejo drama de juzgado con recurso de pantalla dividida incluido, y terminar en un demencial y surreal final abierto).

Tokyo! Tokyo Shaking

Shaking Tokyo / Bong Joon-ho

El hábil artesano coreano Joon-ho que ya había dado excelentes muestras de su talento con filmes como The Host (2006) y Mother (2009) cierra el filme con Shaking Tokyo, un distópico relato no muy alejado de la realidad en la cual un hikikomori (fenómeno psicológico propio de la capital nipona en la cual adolescentes y adultos jóvenes se confinan en sus viviendas viviendo al máximo una vida de aislamiento y reclusión, alejándose de cualquier interacción con otros seres humanos o con la misma urbe) que no ha salido de su departamento en más de diez años, encuentra de forma fortuita el amor (a primera vista) forzándose a salir a la calle (a pesar de sus fobias) y cruzar la ciudad para encontrar al objeto de su afecto, todo en un clima de constantes movimientos tectónicos cortesía de la compleja situación geográfica del país. La historia es creíble, emotiva, creativa y emocionante, concluyendo de forma exitosa este sui generis experimento audiovisual. Tres propuestas distintas, tres temáticas distintas, tres estilos distintos, pero un gozoso producto final.

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s a c r é

Holy Motors 8

Holy Motors / Leos Carax / Francia / 2012

Después de un autoinflingido hiatus de más de 13 años (producto de su frustración con la industria cinematográfica), el reclusivo y polémico cineasta francés Alex Oscar Dupont (mejor conocido por su anagrama Leos Carax) regresa con un críptico y complejo filme que de cierta manera resume su poco prolífica carrera (cinco filmes en casi treinta años) y su desenfrenado amor por el celuloide.

Como introducción me gustaría establecer una comparación con una cinta, que en apariencia es diametralmente opuesta a la obra del galo, pero que en una segunda aproximación guarda no pocos paralelismos: Hugo (Martin Scorsese / USA / 2011). Ambos filmes son realizados por consolidados y talentosos directores que en una etapa de madurez física y laboral, expresan su amor por su profesión: Scorsese, con un filme romántico de añoranza sobre los albores del cine (una celebración del nacimiento del cine) y Carax con un filme metafórico y reflexivo sobre el estado del cine contemporáneo (una celebración de la muerte del cine). Hugo está plagada de tributos y referencias históricas (los Hermanos Lumière, Jean Renoir, Jean Vigo, Georges Méliès),  Holy Motors a su vez también cumple con su cuota (Georges Franju, Jean-Luc Godard, King Vidor, Jacques Tati). La vida le enseñó al americano a jugar bajo las reglas de la industria y sentirse cómodo con ellas, por su parte el francés reniega del cine y en lo que se está convirtiendo. El holgado presupuesto económico le ayudó al primero a manufacturar una obra de arte, la ausencia de dinero le ayudó al segundo en la creación de otra.

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Después de un extraño y surrealista prólogo no muy alejado de la imaginación de David Lynch, el filme inicia con Monsieur Oscar (¿alter ego del director?) saliendo de su mansión (la casa del cuñado de Monsieur Hulot en Mon Oncle de Jacques Tati, 1958). Se despide de sus hijos para abordar una larguísima limosina blanca conducida por una enigmática mujer (Édith Scob). Hasta aquí todo va en orden. Dentro del automotor recibe un folder con su primera misión y observamos que está rodeado de un espejo y aditamentos/utensilios similares a los de un camerino teatral. De esta manera nos enteramos que es un histrión que va asumiendo distintas personalidades dentro de un auto en contínuo movimiento, a lo largo de un día y en un trayecto por las calles de París. Una anciana limosnera, un artista del motion capture (que pasa de la cyber violencia a la cyber pornografía), una extraña creatura que habita las alcantarillas (su monsieur Merde que ya habíamos conocido en el tríptico Tokyo!, Carax/Gondry/Joon-ho, 2008), un asesino  a sueldo o un padre de familia. En cada una de sus misiones, se mimetiza al máximo con el personaje, tanto física como psicológicamente, creando gradualmente, un deterioro en el extraño actor.

Pero la sinopsis de la cinta o lo que podamos decir de ella no le hace justicia: el filme es tan complejo visual y temáticamente que tendríamos que dedicarle multiples análisis y un sinnúmero de revisitaciones. Carax decide filmar con cámara digital, una opción que resulta extraña, por decir lo menos, para un director que reniega de los excesos tecnológicos y siempre se jactó de utilizar formatos y equipos clásicos (se dice que en el set iniciaba las filmaciones con el grito de “motor, cámara, acción”, aludiendo a las antiguas cámaras que tenían un motor integrado). Curiosamente la libertad que brinda la tecnología se convierte en su aliado.

Toma también la decisión de establecer un hilo narrativo lineal pero fragmentario, dividido en los múltiples trabajos/caracterizaciones asignados al protagonista. Esta estructura le permite un lúdico rompimiento de las reglas, transgrediendo y combinando los géneros cinematográficos a su antojo. Así un segmento es un melodrama, otro un drama familiar, otro un violento thriller, uno más un musical, y así sucesivamente. Lo interesante es, que ante el peligro de tanto caos visual y manierismo formal, el director supera las limitaciones con una belleza visual, una solvencia narrativa y lo más destacable, un excelente cuadro actoral encabezado por un magnifico Denis Lavant que da cátedra de actuación.

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Pero, ¿qué es Holy Motors? Un repaso nostálgico y vanguardista por la historia del cine, sus géneros y su técnica; un sentido homenaje al arte de la actuación (en una escena un casi irreconocible Michel Piccoli dialoga, de una forma casi filosófica, con Lavant sobre el hecho de ser actor y la pertinencia e importancia de la disciplina histriónica); un manifiesto audiovisual; una carta de amor a la cinematografía; un postulado existencialista de la cosmovisión del director; una sucesión de inolvidables viñetas meta-realistas (donde tienen cabida un musical con Kylie Minogue, una sesión de modelaje a lo bella y la bestia en el mismísimo cementerio Père Lachaise, una secuencia de sexo explícito en 3D, o un maravilloso interludio musical en el cual la diágesis y la catarsis nos llevan de la mano a una rítmica procesión dirigida por el mismo Lavant);  un manifiesto de rebeldía y anarquía a la industria, un grandes éxitos de Carax; o simple y sencillamente un enigmático e indescifrable experimento que solo pide ser disfrutado y experimentado. Yo personalmente no me complico, solo la considero una obra maestra.

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a ñ o d o c e

El año que termina podría resumirse en una palabra: polarizado. Desde las salas de cine hasta las votaciones a puerta cerrada de los principales festivales o las críticas en las revistas reinó el caos y la falta de unanimidad, prácticamente no hubo una cinta que ganara el favor de todos. La triunfadora de Cannes recibió rechiflas, lo mismo sucedió en la Mostra (Venecia) y en Sundance. La calidad estuvo presente, sí, tal vez más que en años anteriores, pero también las propuestas arriesgadas, creativas, polémicas o simplemente indescifrables. Aquí la lista de lo que mas disfruté del dosmildoce.

1. The Master / Paul Thomas Anderson / USA

Ambientada meticulosamente en los cincuenta, la ultima obra de P.T. Anderson podría considerarse una continuación temática/épica/histórica/dramática de su anterior (y muy logrado) filme There Will Be Blood. La cinematografía es igual de pulcra y preciosista (filmada en un impactante 70mm) alcanzando momentos magistrales (la escena de la foto en que hace referencia a Antonioni); el soundtrack (también) a cargo de Jonny Greenwood es igual de épico y experimental, y las actuaciones monumentales. Aquí un atormentado veterano de guerra encuentra consuelo en el seno de un culto (¿cienciología?) y su manipulador y paternal lider. El encuentro y posteriores acontecimientos detonarán en el individuo crisis de identidad, credo, principios y valores.

The Master (Paul Thomas Anderson) 2. Pietá / Kim Ki-Duk / Corea del Sur

Ki-Duk ha cimentado su estilo en la mezcla de contrastantes elementos: belleza con violencia, fraternidad con venganza y amor con traición. Su viceral enfoque llega a sus mas crudos limites en Pietá. Una violenta y polémica cinta centrada en dos contrastastes personajes, que hipotéticamente, son madre e hijo, y su edípica relación basada en incómodas dinámicas sexuales e instintivas interacciones. Con un desarrollo bastante oscuro (especialmente en la primera mitad), el filme va desenvolviéndose como un interesante estudio psicológico de los personajes y de la convivencia entre los seres humanos, llegando a ser enternecedor y humano a pesar de su brutalidad. Aquí nos encontramos a un Ki-Duk elegante y refinado pero crudo y arriesgado que no teme hacer cine de género, pero muy a su manera. Igual de controversial fué su León de Oro en el 69 Festival de Venecia que aún sigue causando revuelo.

Pietá (Kim Ki-Duk) 3. Post Tenebras Lux / Carlos Reygadas / México

Alejándose cada vez mas de la narrativa y entendiendo al cine como expresión y experimentación visual, la última obra de Reygadas se inscribe de lleno en el cine de auteur al lado de los trabajos de Andrei Tarkovsky Apichatpong Weerasethakul. Transgrediendo reglas de tiempo y espacio e instalándose en una surreal temporalidad de caracter onírico, la cinta buscar ser experimentada mas no entendida. La espiritualidad y corporeidad heredadas de Robert Bresson siguen presentes pero también un pesimista y fatídico existencialismo en la forma de un animado demonio rojo que pasea por la cinta. Imágenes que parecen interconectadas al azar, un omnipresente filtro que difumina los bordes de los cuadros, una sensación de peligro proveniente de la naturaleza (curiosamente Lars Von Trier en Antichrist y Bruno Dumont en Hors Satan tienen aproximaciones similares) hacen de esta obra un paso adelante en la cinematografía del director y un provechoso manifiesto de las posibilidades del cine.

Post Tenebras Lux (Carlos Reygadas) 4. Tabu / Miguel Gomes / Portugal

Dicen que lo que importa no es la historia sino la manera en que la cuentas, y parece que el portugués lo entiende muy bien. Partiendo de una premisa bastante simple y socorrida (una épica historia de amores imposibles ambientada en un exótico lugar) Gomes, en un contrastado e impecable blanco y negro, da cuenta de un relato sobre un intrépido explorador y sus andanzas en África plena epoca colonial. Aquí las referencias al cine y a la historia son columna vertebral del relato: el nombre del filme y las dos partes en que se estructura son vínculos directos a F.W. Murnau (Tabu, a Story of the South Seas, 1931). Ademaás la cinta transita libremente por los géneros del Hollywood clásico (del épico de aventuras al melodrama, de ahí al slapstick, etc…). Es pertinente señalar que el ánimo es desenfadado (el director manipula o inventa sucesos históricos a su antojo), el tratamiento de situaciones políticas o morales es meramente estético, y la experimentación está a la orden del día.

Tabu (Miguel Gomes) 5. De Rouille et D’os / Jacques Audiard / Francia

Drama de crecimiento personal e historia de amor son dos frases que difícilmente podrían asociarse al trabajo de Jacques Audiard. Uno de los directores franceses más interesantes de hoy en día, cimentó su carrera con violentas propuestas centradas en individuos marginados y conflictuados, atados (y destinados) a una trágica existencia. Así, entre vertiginosos thrillers, dramas carcelarios e historias de venganza pareciera que el francés cede en este filme, pero no del todo. De Rouille et D’os sí es un drama y sí se centra en una relación afectiva (entre un agresivo cadenero de un antro, no muy alejado al atípico protagonista de sus filmes, y una entrenadora de ballenas en un parque acuático), pero no niega jamás las constantes de su obra; tiene su dosis de violencia y tragedia pero también dá lugar a la esperanza: el melodrama abre paso a la liberación, y el realismo de las actuaciones abre paso al gozo.

Rust and Bone (Jacques Audiard) 6. Amour / Michael Haneke / Austria

Aunque de cuidada manufactura e impecable puesta en escena los filmes de Michael Haneke son comunmente criticados por el enfoque del austriaco: distante, frío, cruel. Cual experimentos psicológicos sus personajes son diseccionados, maltratatados, violentados, existiendo siempre una barrera emotiva entre actor y espectador. Para su última obra cambia el ánimo y la aproximación. En Amour pesan las actuaciones, incluso sobre la imagen. Haneke esperó 14 años por Jean-Louis Trintignant y el lapso resultó provechoso. Un matrimonio de ancianos ve truncada su apacible vida con la enfermedad, el deterioro físico da para el crecimiento emocional, y la proximidad de la perdida a la valoración de lo que se tiene. Aquí lo emotivo va de la mano de la inteligencia, y las innumerables cualidades del filme le hicieron acreedora a los máximos honores en Cannes.

Amour (Michael Haneke) 7. Beasts of the Southern Wild / Benh Zeitlin / USA

Ver entrada 65. (Quvenzhzé Wallis) 8. The Dark Knight Rises / Christopher Nolan / USA

Dosmilonce también se caracterizó por las franquicias exitosas. A diferencia de otros años hubo propuestas meritorias de bastante calidad como The Hobbit: An Unexpected Journey (Peter Jackson), Prometheus (Ridley Scott) o Skyfall (Sam Mendes), pero a mi gusto las palmas se las lleva el cierre de la trilogía The Dark Knight (2005–2012). The Dark Knight Rises puede ser el eslabón mas débil de la cadena pero en ningún momento desmerece: su puesta en escena es impactante (filmada en formato IMAX), sus secuencias de acción impecables, las actuaciones cumplidoras, el desarrollo ágil, y la narrativa compleja e intrincada. Potente, épica, majestuosa y brutal, es la mezcla perfecta del cine comercial con oficio artístico. Una de las mejores trilogías en la historia y por mucho la mejor saga de superhéroes. Nolan tiene talento y lo demuestra con creces.

The Dark Knight Rises (Christopher Nolan)

9. Holy Motors / Leos Carax / Francia

Ver entrada 67.

Holy Motors (Leos Carax) 10. Moonrise Kingdom / Wes Anderson / USA

Ver entrada 102.

Moonrise Kingdom - Wes Anderson

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Cinéma Français

A Francia se le adjudica la paternidad del cine, siendo el 28 de diciembre de 1895 con L’Arrivée d’un train en gare de La Ciotat la fecha oficial del nacimiento de este. A partir de aquel trabajo descriptivo y naturalista de los Hermanos Lumière la cinematografía francesa tomó distancia de lo realizado en otros lares y se convirtió en una potencia artística y creativa que arrojó a grandes realizadores como el influencial Georges Méliès con su Le Voyage dans la Lune, innovando de forma por demás creativa en el género de la ciencia ficción, el montaje y la narrativa de su tiempo, o el genial Jean Renoir, cuyas obras La Grande Illusion y La Règle du Jeu están consideradas entre los filmes franceses más importantes de todos los tiempos. Con los años el país galo pareció dormirse en sus laureles, para despertar en los 50’s con nuevos bríos gracias al llamado Nouvelle Vague, un movimiento lúdico y experimental conformado principalmente por jóvenes críticos de cine con el común denominador de querer revitalizar la adormecida industria francesa. Así surgirían grandes cineastas como Jean-Luc Godard, Éric Rohmer, François Truffaut, Jacques Rivette y Claude Chabrol que se encargarían de crear un clima de renacimiento creativo en todo el país además de incentivar a otros contemporáneos como Jean-Pierre Melville, Robert Bresson, Chris Marker, Alain Resnais, y Agnès Varda en lo que tal vez fuera el período más importante y fructífero en la historia del cine mundial.

A 50 años aproximadamente de este movimiento parece que un proceso cíclico ha dado la vuelta de nuevo. El cine francés luce adormilado y envejecido otra vez, pidiento a gritos un golpe de frescura. Ya lo percibimos en el festival de Cannes, máximo evento cinematográfico del país y  otrora medio de lucimiento y auto-ensalzamiento, donde los cineastas asiáticos y africanos crean una cinematografía cada vez más propositiva e interesante, donde el cine latinoaméricano está encontrando su voz, y donde otras latitudes como los países nórdicos o los integrantes del extinto bloque socialista siguen su ascenso como potencias mundiales en obras artísticas y experimentales. Por esto me viene a la mente la idea de revisitar a los cineastas franceses más importantes e interesantes de la actualidad y tratar de imaginar cual de ellos podría tener estas características mesiánicas para renovar e inyectarle vigor a la industria francesa, una nouvelle vague 2.0 digamos.

Así, y fusilándome uno de los títulos más importantes de la filmografía de Sergio Leone, analizaremos a “los buenos, los malos y los feos” del cine francés actual.

Los buenos

Aquellos que sin necesidad de provocaciones, controversias o complicadas y experimentales narrativas, han realizado un cine que agrada tanto a la feroz crítica como a los públicos más comerciales:

Jean-Pierre Jeunet

Delicatessen, La Cité des enfants perdus, Le fabuleux destin d’Amélie Poulain.

A favor: Director innovador y teatral, que lo mismo sorprende con sus interesantes ambientaciones y puestas en escena que manipula sentimientos con sus bizarros y teatrales personajes. Con Amélie alcanzó fama mundial, además ya paso por la industria de Hollywood.

En contra: Tal vez la peor decisión de su vida es haberse separado de Marc Caro con el cuál hizo dupla en sus primeros y más interesantes filmes. Su última obra Micmacs à tire-larigot es un supuesto regreso a sus inicios, pero según la crítica, es más condescendiente y menos incisivo, además se extraña el toque negro de su anterior colaborador. 

Arnaud Desplechin

Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle), Rois et reine, Un conte de Noël.

A favor: Incisivo y perfeccionista, tiene un ojo clínico para expresar relaciones interpersonales, en especial complicados vínculos familiares y de pareja. Suele rodearse de una importante élite de actores franceses, Catherine Deneuve, Mathieu Amalric, Emmanuelle Devos, Marianne Dénicourt, entre otros, que además de ser sus amigos participan constantemente en sus filmes.

En contra: Alabado por muchos pero odiado por otros, es manipulador y a veces sobrevaluado. Sus constantes fílmicas pueden caer en la repetición y en la auto parodia.Jacques Audiard

Sur mes lèvres, De battre mon cœur s’est arrêté, A Prophet.

A favor: Sus tres últimas películas han cosechado decenas de premios, la última incluso dejó bien parado al país y felices a los críticos con su Grand Prix en Cannes. Su cine gusta por igual a propios que a extraños.

En contra: A pesar de hacer un cine impecable e inteligente es demasiado académico, su puesta en escena es sobria y no deja lugar a la menor innovación formal.

Los malos

Alguna vez enfants terribles, esos directores con gusto por el tema escabroso y la polémica, lo suficientemente malos para no dejar a nadie indiferente pero al mismo tiempo lo suficientemente cautelosos para no espantar a la audiencia:

Olivier Assayas

Irma Vep, Demonlover, Clean, L’Heure d’été.

A favor: Experimental e innovador, su puesta es escena es vertiginosa y con edición brusca. Tiene constantes temáticas como la globalización o el materialismo. Tiende no pocos nexos con Japón (estilística y afectivamente). Su última obra L’Heure d’été, diferente a todo lo realizado con anterioridad, abre las puertas a la posibilidad de una muy positiva evolución.

En contra: A veces hace filmes que solo el entiende, a veces pierde el rumbo. Demonlover pudo ser una maravilla pero después de la mitad se vuelve confusa e incoherente, aún así es un buen filme; Boarding Gate no corrió con la misma suerte, es un tropezón por decir lo menos. 

François Ozon

Sitcom, Gouttes d’eau sur pierres brûlantes, 8 femmes, Swimming Pool.

A favor: Provocador y escandaloso, obsesionado con la sexualidad, incisivo y satírico. Lanzó a la fama como símbolo sexual a la guapa Ludivine Sagnier. A veces por morbo, otras por su calidad, la mayoría de sus filmes tienen buena recepción en taquilla. Se dió el lujo de juntar un elenco con las grandes divas del cine francés (para su 8 femmes) y salió bien librado (Deneuve, Ardant, Huppert, Béart, entre otras).

En contra: Paulatinamente se ha ido ablandando, perdiendo ese toque provocador e irreverente que permeaba sus primeras producciones. Coquetea cada vez más con la industria comercial.

Bruno Dumont

La vie de Jésus, L’humanité, Flanders.

A favor: Junto con Tarkovsky son los únicos directores en haber ganado dos veces el Grand Prix de Cannes. Considerado por muchos el heredero de Bresson, su cine es pausado y contemplativo, pero también violento y controversial.

En contra: A veces es demasiado artístico rayando en lo intelectualoide. Ha sido considerado dentro del nuevo extremismo francés, lo cual contradice en gran parte los ideales filosóficos y metafísicos de su maestro. Su desparpajo, crudeza e hiperrealismo ahuyentan muchas veces a la audiencia.

Los feos

Los ninguneados, los incomprendidos, a veces ni su mamá los entiende. El cine más experimental, la contracultura, muchas veces ignorados por la crítica y otras más, incluso, ni distribución comercial alcanzan, quedando destinados a oscuras muestras de cine:

Leos Carax

Boy Meets Girl, Mauvais Sang, Les Amants du Pont-Neuf, Pola X

A favor: Simple y llanamente es un genio de la lente, poético y simbólico, con una extraña obsesión por las relaciones tortuosas. Gusta de presentar a Denis Lavant en la mayoría de sus filmes a manera de alter ego. Innovador y experimental, tal vez el mejor de su generación.

En contra: Demasiado loco y extravagante, es el terror de los productores ya que mandó a varios a la bancarrota mientras filmaba Les Amants du Pont-Neuf, las leyendas urbanas cuentan que está vetado de por vida para filmar en Francia. 

Philippe Grandrieux

Sombre, La vie nouvelle, Un lac

A favor: Radical y experimental, busca más la experiencia sensorial que la narrativa cinematográfica. Se ha hecho de un séquito de admiradores y sus tres filmes son considerados de culto. Incorpora diversas disciplinas artísticas dentro de su quehacer cinematográfico.

En contra: Demasiado radical y demasiado experimental. Sus filmes parecen extensiones de sus obras artísticas, díficiles de vender y empaquetar son de distribución muy limitada; prácticamente nadie ha visto Un lac.

Gaspar Noé

I Stand Alone, Irréversible, Enter the Void

A favor: Alcanzó celebridad internacional con la controversial Irréversible, su fascinación por la violencia extrema, el sexo explícito y la pornografía lo ha hecho muy polémico, pero recordemos que no hay publicidad mala. Tiende a crear nexos entre sus obras (el cortometraje Carne y sus dos primeros filmes); es muy innovador especialmente en el uso de iluminación, edición y musicalización.

En contra: Tardó siete años en estrenar su tercer largometraje, lo que originó que se desinflaran las espectativas. Al final la obra pasó sin pena ni gloria, siendo vapuleada por la crítica en Cannes. Casi nadie la ha visto aunque presuntamente la distribuidora IFC acaba de comprar los derechos para su distribución limitada. 

…y las damas

Para no pecar de misógino y dar lugar a quien lugar merece a continuación las dos cineastas que podían lograr el cambio:

Claire Denis

Chocolat, Nénette et Boni, Beau travail, L’intrus, 35 rhums

A favor: Para muchos la cineasta que ha logrado reconciliar el lirismo del clásico cinema francés con las tendencias contemporáneas, Denis ha utilizado su formación y experiencia personal en el enriquecimiento de la narrativa y contenido de sus filmes, tiene un peculiar y reconocible estilo formal así como una envidiable cosecha de premios.

En contra: A pesar de la calidad de sus filmes sigue sin ser completamente reconocida fuera de su país, algunas de sus obras como Trouble Every Day fueron muy golpeadas por la crítica. Su intimismo e intelectualidad crean un aire de ambigüedad en muchas de sus historias. 

Catherine Breillat

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A favor: Cineasta y novelista destacada, tiene constantes temáticas como los problemas de las relaciones entre géneros y la sexualidad. A menudo utiliza puntos de vista complejos y filosóficos. Obras como Fat Girl han sido reconocidas a nivel internacional.

En contra: Sus filmes suelen ser muy violentos y explícitos, incluyendo sexo no simulado. Ha utilizado actores porno. Muchas de sus disertaciones filosóficas causan más risa que reflexión. Su filmografía es algo irregular.

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m a l a  s a n g r e

He has told her… He said, do you want to? She didn’t answer yes or no. She’s a girl with a boy.

– Mauvais sang

Les Amants du Pont-Neuf / Leos Carax / Francia / 1991

Nacido hace 50 años en Francia, Alexandre Oscar Dupont (después usaría el seudónimo Leos Carax, anagrama de su nombre verdadero) se convertiría a pronta edad en una promesa del nuevo cine francés. Colaborador de la célebre Cahiers du Cinéma a sus escasos 20 años, iniciaría una relación de odio-amor con el cine, el cual se encargaría (demostrando su poder destructivo) de truncar indefinidamente la prometedora carrera de este auteur. Desde el principio sus filmes fueron un cúmulo de influencias, referencias, esbozos interdisciplinarios que comprendían desde la experimentación visual del cine de Jean Vigo, la plástica corporal de Charles Chaplin, el ecléctico rock de David Bowie, el minimalismo de Arvo Pärt, la filosofía de Gilles Deleuze y la poesia maldita de Arthur Rimbaud. A los 23 años debutaría con Boy Meets Girl (1984) prueba fehaciente de su enorme talento, una desbordada pasión, un entusiasmo casi enfermizo, y una insólita madurez expresiva. Su segundo filme Mauvais Sang (1986) lo catapultaría a la fama y lo emparentaría estéticamente con el cine de la Nouvelle Vague. Estas primeras cintas son poesía pura, respuestas directas a impulsos emocionales por encima de narrativas convencionales (o a veces cualquier tipo de preocupación narrativa), proliferan los huecos que el espectador tiene que llenar, las imagenes tienen un equilibrio perfecto de luz y sombra, pueden ser tiernas pero también siniestras. La composición visual en Mauvais Sang, por ejemplo, alcanza un gran nivel de abstracción, inspirado por la pintura avant-garde del siglo XX (principalmente de Nicolas de Staël, pintor que no por coincidencia era uno de los favoritos de Godard), hay incluso escenas que invierten y experimentan con el orden espacial, desafiando las leyes de gravedad.

Para su tercer filme Les Amants du Pont-Neuf (1991), un demente y genial filme que lo consagraría pero al mismo tiempo marcaría su destino fungiendo como debacle de su trayectoria, Carax va más allá, mucho más allá. Se observa una búsqueda naturalista, desaparecen los monólogos prolongados, y se apuesta por una narrativa mas fluída así como un desarrollo mucho mayor de los personajes. El escenario (París) ya no parece sacado de un sueño perteneciendo a un lugar en el tiempo y el espacio. Es una película que se presenta espectacular tanto en su desmedido presupuesto como en sus secuencias y escenarios, a diferencia de la austeridad de sus primeras obras. Dos de las constantes de su cine siguen estando presentes: el movimiento y el amor. Aquí llevados a extremos insospechables. El ritmo es vertiginoso, los movimientos de cámara complejos y dinámicos, ese aire de coreografía entre surrealista y heredera del más puro estilo videoclipero se encuentra presente, así mismo el amor, ese amor atormentado, fatalista, que duele y cuesta vísceras y sangre, a manera de droga que te destruye si la tienes pero también si no la tienes convirtiéndose en el motivo de la existencia. Aparece de nuevo Denis Lavant actor fetiche y casi alter ego de Carax, un elemento característico e ubicuo de todos sus filmes.El rodaje del filme, como ya se ha hecho mítico, fue largo y complicado. Desde su génesis como una historia ambientada en un puente público del centro de París ya presentaba complejos retos. La creación de una costosísima maqueta para la filmación de las escenas nocturnas, la construcción de sets, un accidente del actor principal que detuvo el rodaje indefinidamente, problemas de permisos, la bancarrota de dos productores, y una mala administración la llevaron de una modesta película de 9 millones de francos a ser el filme más costoso en la historia de su país. Esto en gran manera, aunado al fracaso crítico y comercial del filme, le crearían fama de poco rentable, impidiéndole rodar  hasta 1999, año en que se concreta su último largometraje, Pola X, otro fracaso rotundo, mal entendido y subestimado, que solo ganaría notoriedad por sus explícitas escenas de sexo no simulado. En 2008 Carax colaboraría con el tríptico Tokyo! en el cual tres directores dan sus visiones de esta ciudad, siendo el corto de Carax, Merde, mi favorito.