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a ñ o q u i n c e

Si bien no definido por una tendencia o un filme en particular el dosmilquince se podría englobar como el año de los sentidos (o del bombardeo a estos). Desde el (literalmente) “in your face” Love (Gaspar Noé, Francia) hasta ese asalto sensible llamado The Duke of Burgundy, pasándo por el silente The Tribe, la exhuberante The Assassin, la experiencia espacial llamada The Revenant (Alejandro González Iñárritu, USA), la inmersión distópica de Mad Max: Fury Road, el hiperrealismo de Tangerine (Sean S. Baker, USA) o la suciedad e impregnante olor a muerte de Hard to be a God, el ataque a los sentidos fué más allá del burdo manierismo del 4D explotando los límites del quehacer narrativo y expresivo. También fué el año del drama realista, del acercamiento humanista. Tanto el británico Andrew Haigh (45 Years), el italiano Paolo Sorrentino (Youth), el noruego Joachim Trier (Louder than Bombs) o el norteamericano Todd Haynes (Carol) exploraron diversas aristas del sentir humano como la pérdida, la vejez, la soledad o el amor, maquilando obras mayores dignas de aplaudirse. A continuación lo que más disfruté (de un año muy disfrutable) del dosmilquince.

1. The Assassin / Hou Hsiao-Hsien / Taiwan-China

No sé bien definir que me causaba más expectativa: el regreso de Hsiao-Hsien a la pantalla grande desde ese maravilloso Flight of the Red Balloon (2007) o la curiosidad de ver su interpretación del género wuxia, visitado de forma exitosa en el pasado por compatriotas como Zhang Yimou (Hero, 2002) o Ang Lee (Crouching Tiger, Hidden Dragon, 2000). Cualquiera de las dos sería bien recompensada. Hsiao-Hsien elige poner en un segundo plano a la tradicional narrativa de héroes con espadas apegados a estrictos códigos de ética, lealtad y justicia (y las consiguientes peleas fantásticas coreografiadas con precisión) para enfocarse en la imagen: el encuadre, el aspect ratio, la edición y los movimientos de cámara se convierten en los personajes principales supeditando la narrativa al dominio técnico y privilegiando el goce estético. El taiwanés articula un épico poema visual (que le llevó 25 años realizar) en el que cada cuadro, cada imagen, cada color, se convierte en una postal digna de grabarse en el imaginario cinéfilo.

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2. Hard to be a God / Aleksei German / Rusia

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3. Ex_Machina / Alex Garland / Inglaterra

Ver entrada 112.

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4. It Follows / David Robert Mitchell / USA

La premisa resultaba absurda y anticuada: una maldición adquirida por el hecho de tener relaciones sexuales fuera del matrimonio y propagada principalmente entre adolescentes que pagarían con su vida por el terrible pecado, sonaba a chapucera fábula paternalista de principios de los ochenta (ante la ignorancia y miedo a enfermedades venéreas especialmente el VIH). El primer trailer exhibido con fotografía reminiscente de los filmes de horror ochenteros, y un estresante soundtrack emanado de sintetizadores análogos, no ayudaban mucho. Pero Mitchell nos deparaba una muy agradable sorpresa. It Follows utiliza la premisa de forma aterradora, privilegiando el espectáculo paranoico del miedo a ser constantemente vigilado y perseguido, explotando al máximo el espacio (con un astuto uso del encuadre logra crear opresión incluso en boscosos escenarios abiertos) y estirándo al máximo la tensión y el timing (siempre cuidadoso de no caer en el cliché ni los convencionalismos del género). Mitchell desmenuza cuidadosamente cintas como Friday the 13th (Sean S. Cunningham, 1980) o Halloween (John Carpenter, 1978) y las actualiza, creando un interesante y terrorífico híbrido que no pierde tiempo en explicaciones dando protagonismo a la atmósfera y al horror psicológico.

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5. Inside Out / Pete Docter  / USA

Después de los altos vuelos alcanzados por los estudios Pixar (ese genial triunvirato Ratatouille/WALL-E/Up) en que maridaban exitosamente virtuosismo tecnológico con inteligentes narrativas, la productora parecía supeditada a la temible sombra del gigante Disney, destinada inexorablemente a la maquila de redituables secuelas y creación de personajes comercializables. Es por esto que Inside Out se presenta como una grata y refrescante sorpresa. Docter inspirado por las anécdotas recabadas al ver crecer a su propia hija, articula un relato situado en el cerebro del individuo justo donde se almacenan las emociones, las cuales se convertirán en personajes de la cinta y servirán como catalizador de las dinámicas de una familia promedio con hija puberta en crisis de crecimiento. Docter se las ingenia para crear emotividad sin ser meloso, en ser divertido cuanto tiene que serlo y en elaborar un filme complejo y conceptual disfrazado de inocua aventura infantil. Goce para chicos y food for thought para adultos la cinta endereza el camino de la productora regresándolos al pedestal que bien tienen merecido.

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6. Jauja / Lisandro Alonso  / Argentina-Dinamarca

El argentino Lisandro Alonso ha forjado una carrera marcada por un estilo naturalista, contemplativo, de paciencia pues. Severos y rigurosos encuadres, planos fijos, ánimo documental, actores amateurs, silencios. Cintas como Los Muertos (2004) o Liverpool (2008) presentaban búsquedas internas de personajes reflexivos que vagaban silenciosamente en paisajes abiertos. En Jauja, Alonso altera (tan solo un poco) la jugada: cambia al actor amateur por el experimentado, la realidad actual por la historia de época y el esbozo narrativo por una historia más elaborada. Pero no nos engañemos, el bonaerense no abandona el ritmo lento, la poesía visual, el encuadre severo y el surrealismo onírico. Jauja sabe a ratos a Jodorowsky, en otros a Tarkovsky y en unos más a la escuela del cinema verité. Situándo el relato en las agreste sudamérica del siglo XIX estructura una suerte de western metafísico en que la búsqueda del personaje principal (interpretado por Viggo Mortensen) termina siendo interna y en el cual la delgada línea entre realidad y mito parece desvanecer a cada paso del protagonista.

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7. The Duke of Burgundy / Peter Strickland / Inglaterra

Gaspar Noé antes de presentar a la crítica Love (y tras publicar unos carteles publicitarios altamente explícitos) declaró que su cinta haría llorar a las mujeres y a los hombres tener erecciones. Curiosamente Love se quedó  en el camino de las expectativas (no una experiencia fallida pero si un trabajo menor comparado con su filmografía) pero su statement toma pertinencia y un nuevo significado en The Duke of Burgundy, un altamente erotizado, fetichista y sensual filme realizado por el inglés Peter Strickland que con Berberian Sound Studio (Inglaterra, 2012) ya había explorado las posibilidades, en ese caso sónicas, de la explotación sensorial en el cine. La cinta narra la relación de sumisión, humillación y codependencia de una mucama con su patrona, una bióloga experta y obsesionada con la lepidopterología. La relación de tintes masoquistas empieza a degenerar el dolor en placer y la humillación en amor, transformándo la relación de las dos mujeres en una simbiótica codependencia a medio camino entre la ternura y la violencia. Strickland privilegia las texturas (los muebles, la ropa, los muros, la piel, los insectos), la iluminación, la paleta cromática y la atmósfera sensible para crear un sentido filme sobre la feminidad, las mecánicas del amor y la convivencia.

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8. The Look of Silence / Joshua Oppenheimer / Dinamarca-Indonesia

Suerte de continuación temática de su anterior filme (The Act of Killing, 2013), Oppenheimer revisita el escenario que le ha resultado cotidiano en los últimos años: la Indonesia contemporáea a 50 años de perpetrados los terribles genocidios de guerra. En esta ocasión la narrativa va de la mano de Adi, un modesto optometrista cuya calidad humana es inversamente proporcional a la sencillez de su persona. Al inicio de la cinta el protagonista es expuesto a un video en el cuál dos hombres narran con saña los cientos de crueles asesinatos orquestados en contra de presuntos comunistas. La justificación (si pudiera existir alguna) era hacer lo mejor para su país. Lo más triste y perturbador del asunto es que entre estas víctimas se encuentra su hermano. El hombre al terminar de ver la inquietante grabación, y con un parco gesto, comenta que cree que vió un atisbo de remordimiento en los asesinos, y si es así, él los perdona. De esta manera Oppenheimer brinda al optometrista la oportunidad de encontrarse con estos criminales de guerra y confrontarlos de forma pacífica, buscando hacerles entender que mas allá de esa masacre propagandística (la mayoría de estos hombres tienen la creencia que lo que hicieron es correcto, patriótico y por el bien de su gente) existe dolor, víctimas y deshumanización. Cada encuentro de Adi es complicado, yendo de lo incómodo a lo aterrador y permeando un sentimiento de frustración ante la ceguera de los individuos. The Look of Silence al final no busca redimir al tirano, ni construir una rigorista investigación, su afán tiene tintes humanos, es más un acto de denuncia, una necesidad moral.

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9. The Tribe / Myroslav Slaboshpytskiy / Ucrania

Al inicio de The Tribe, la ópera prima de Myroslav Slaboshpytskiy, se advierte al espectador que el filme carece de diálogos (por lo menos audibles) y que las conversaciones se realizarán en lengüaje de sordos. Quién no lo conozca tendrá que guiarse por las imagenes. Desde este prematuro aviso (que establece el estricto rigor del filme) estamos ante una novedad, vamos no es esa lúdica farsa llamada The Artist (Michel Hazanavicius, Francia, 2012) en que el aire de comedia feelgood y la añoranza al cine silente compensaban las limitantes narrativas, sino una propuesta más experimental y arriesgada. Con un omnipresente steadycam que sigue eternamente a los actores y una rígida simetría en los largos plano secuencia da cuenta de las viscitudes de un joven que llega a una institución para sordomudos y su integración (y adecuación) en un violento y sórdido microcosmos, carente de ética y completamente deshumanizado. Un mundo sin leyes, donde sobrevive el más fuerte y que de forma perturbadora se presenta como espejo de los peores vicios del nuestro. The Tribe carece de diálogos, de soundtrack, basádose en la corporeidad, la gesticulación y las señas. Por algo se alzaría con el premio a mejor película de la Semana de la Crítica de Cannes.

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10. Mad Max: Fury Road / George Miller / Australia-USA

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b l u e b o o k

IdQNvEx_Machina / Alex Garland / Inglaterra / 2015

Alex Garland no es ningún novato. Asiduo colaborador de Danny Boyle y prestigiado guionista, decide brincar a la silla de director de la mano de un interesante film que si bien se aleja de la pirotecnia audiovisual de Boyle comparte con él no pocas inquietudes y constantes. Con 28 Days Later Garland (autor del screenplay) proponía una fábula alegórica pero al mismo tiempo realista: en un apocalíptico mundo reinado por zombies un grupo de sobrevivientes trata de huir, solo para toparse con un enemigo más cruel y destructivo, los mismos seres humanos. Ingenioso, realista y mordaz en partes iguales consiguió el éxito comercial y la resurrección de la carrera de Boyle, quien desde Trainspotting (Inglaterra, 1996) no daba pie con bola. Después vendría Sunshine (Inglaterra, 2007) donde la narrativa se trasladaba al espacio, y el enemigo, para variar, estaba entre nosotros mismos. Afinando la pluma y el intelecto el guionista desarrolló otros proyectos interesantes, explorando las posibilidades del sci fi, como Never Let Me Go (Mark Romanek, Inglaterra, 2010) o Dredd (Pete Travis, Inglaterra, 2012), para culminar con la realización de su ópera prima, un vívido y aleccionador relato llamado Ex_Machina.

Caleb (Domhnall Gleeson) es un prometedor programador que trabaja para Bluebook el más exitoso motor de búsquedas por internet. Un buen día, y al parecer debido a su buena suerte, gana un sorteo cuyo premio es pasar una semana complete en la casa del excéntrico y elusivo dueño de la compañia (un joven genio a la Mark Zuckerberg, rico y mitificado). Caleb es trasladado en heilcóptero a un exótico paraje donde se le pide que siga caminando hasta que encuentre su destino. El lugar en cuestión es una hipermoderna residencia camuflada entre la vegetación y que tras sus complejísimos (y al parecer infranqueables) sistemas de seguridad vive en aislamiento y soledad su enigmático jefe. Así y tras un primer encuentro, conocemos a Nathan (Oscar Isaac) un desarreglado e intimidante sujeto que pasa los días entre litros de alcohol y extenuantes sesiones de ejercicio. De buenas a primeras y sin mayor preámbulo nos damos cuenta de las verdaderas intenciones de la invitación: crear una cortina de humo para justificar la participación del prometedor joven en un experimento que convertiría al primero en un dios y al segundo en testigo y cómplice de un momento clave en la historia de la humanidad. El invento a probar es un androide poseedor de una muy desarrollada (y entrenada) inteligencia artificial, y que cuenta con el rostro, voz y manos de una hermosísima mujer (Alicia Vikander). La labor de Caleb consistiría en realizar un test de Turing (prueba para medir si el comportamiento artificial es similar, o incluso indistinguible, al de un ser humano) verificando el nivel de desarrollo cognitivo y sensible del robot y, si resulta positivo, revolucionar la existencia de los hombres y las máquinas. Obviamente las cosas no serán tan fáciles ni bellas como parecen y una avalancha de engaños, decepciones, manipulaciones y odio se desarrollará entre el triángulo protagónico.

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Ex_Machina presenta una premisa similar en temática y matices a Her (Spike Jonze, USA, 2014) abriendo las posibilidades a la existencia de una inteligencia superior proveniente de fuentes artificiales capaz de sentir y generar sentimientos (incluso enamoramiento) en los seres humanos. Pero mientras el filme de Jonze juega con los alcances de la mente (Samantha es un ente virtual, sin componentes corpóreos o tangibles, meramente una sensual voz proveniente de un dispositivo electrónico), Garland le otorga una belleza cuasi real, lo que la humaniza: de la vista nace el amor. En ambas cintas el hombre termina sintiéndose (o siendo) traicionado: la evolución intelectual de estas máquinas no siempre camina en la misma frecuencia de la de los seres humanos, ni se manifiesta de la misma manera, no están exentas de pulsaciones negativas como el engaño, la manipulación o la decepción. Mientras Jonze realiza una tragicomedia, Garland opta por el suspenso mediante un relato reminiscente de la dinámica creatura/creador del Frankenstein de Mary Shelley. Nos topamos con la babélica búsqueda del individuo por convertirse en dios y en las (terribles) implicaciones de su ego desmedido.

Garland se vale de una puesta en escena sofisticada, elegante. Utiliza una iluminación especial para alejarse de la estética visual típica del cine sci fi alterando la paleta cromática. Aprovecha al máximo los efectos especiales y el CGI sin abusar de ellos, resultando creíble y realista (recordándonos en su cuidado despliegue visual a ese gran video de Björk llamado All Is Full of Love, dirigido por Chris Cunningham). Saca el mayor provecho del presupuesto haciendo parecer su modesto filme independiente un multimillonario blockbuster. Dota de un ritmo pausado, contemplativo, privilegia las visuales y es atinado en los diálogos. Las vueltas de tuerca están bien justificadas, el guión es sólido y con pocos tropiezos. Ex_Machina es una obra meritoria, interesante, que plantea situaciones relevantes a nuestra existencia. La interacción con las máquinas, el aislamiento de los seres humanos, los avasallantes avances tecnológicos, la facilidad para obtener y manipular información por medio del internet.

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b r i t

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Kingsman: The Secret Service / Matthew Vaughn / Inglaterra / 2015

Las historias de espías y agentes secretos tomaron un rol protagónico en las novelas (y posteriormente filmes) de la segunda mitad del siglo XX. Tanto lo acontecido en las dos guerras mundiales y la estresante Guerra Fría (y posteriormente, ya en el siglo XXI, la lucha contra el terrorismo a partir del fatídico 11 de septiembre) como la secretividad de los gobiernos al abordar estos temas, alimentaron una mitología habitada por sofisticados caballeros (que al final no eran otra cosa que cruentos asesinos), hermosas mujeres (importadas del estereotipo de femme fatal de la novela negra), geniales villanos (de genio esto es), ambientes cosmopolitos, misteriosas agencias de inteligencia y complejas conspiraciones. Las novelas de Ian Fleming, tal vez las mas representativas del género, rápidamente se trasladaron al cine y de la mano de su protagonista, de nombre James Bond, se convirtieron en un éxito mundial creando el ideal masculino por excelencia y una más que redituable franquicia (cuasi omnipresente hasta nuestras días).

No es de sorprender que un género con características tan particulares (y en muchos casos inverosímiles e irrisorias) se convirtiera en un blanco fácil para las parodias, que popularizadas por el cine de Mel Brooks o del colectivo Monty Python, atacaban y ridiculizaban cuanto tenían en frente, llamémoslo política, sociedad, historia, religión o íconos de la cultura popular. La primera cinta que parodió directamente al cine de espías fue Casino Royale (Hughes, Huston, McGrath, Parrish, Guest, Inglaterra, 1967), que adaptada directamente de la primera novela de Fleming, mostraba por medio de sketches una deconstrucción caótica e hilarante (y con un muy inglés sentido del humor) de los convencionalismos del género. Vendrían después cúmulos de cintas desde Top Secret! (Abrahams, Zucker, Zucker, USA, 1984) hasta Austin Powers: International Man of Mystery (Jay Roach, USA, 1997), cada vez más absurdas, básicas y redundantes.

kingsman-the-secret-service-031-970x548-cEl muy capaz productor inglés (convertido en director gracias a la encomiable La4er Cake del 2004) Matthew Vaugh se curtió colaborando con Guy Ritchie en sus primeras cintas (Lock, Stock and Two Smoking Barrels y Snatch), para luego saltar a la dirección de obras, que aunque con desiguales resultados, mostraban ya un interesante oficio: una visión peculiar (denostada en el enfoque que da a historias que en otras manos resultarían genéricas y adocenadas), un gusto por complicadas (y muy bien coreografiadas) escenas de acción, un sentido del humor que va de lo sofisticado a lo mas burdo y escatológico, predilección por lo explícito, un aire paródico, temáticas fantásticas de super héroes, super espías, etc… que se deconstruyen y reconstruyen gracias a un incisivo estudio de sus partes y convencionalismos.

Después de un par de sonados éxitos como Kick-Ass (Inglaterra/USA, 2010) (que podría funcionar como preludio a su última cinta, por las similitudes visuales y temáticas que establece) o X-Men: First Class (USA, 2011) adapta libremente un comic (de nuevo) con el emblemático nombre The Secret Service. La historia es tan simple que parece que nos la han contado mil veces: un grupo de sofisticados y flemáticos ingleses conforman un ultra secreto grupo de espías que trabajan bajo el radar, con la finalidad de cuidar (y proteger) a nuestro planeta (con todos sus habitantes incluidos) de cualquier tipo de amenaza. Un buen día esta llega de manos de un ecológico super villano siendo obligados a reclutar a un rebelde joven, que aunque alejado del estereotipo buscado por el grupo, terminará salvando al mundo y acabando con el tirano.

kingsman-the-secret-service-035-970x548-cLo interesante aquí, además de la cuidada estética y sofisticada puesta en escena, es el desparpajo que le imprime Vaugh creando un filme imposible de realizar en Hollywood (y mucho menos en el esquema trazado por compañías como Marvel/Disney). De hecho en Estados Unidos se proyectó con varios minutos censurados buscando evitar la terrible clasificación para adultos (lo que alejaría a los jóvenes y adolescents de los cines situación que detonaría un importante decremento en los ingresos de taquilla al ser estos los principales consumidores de la industria). El inglés no titubea en introducir hiperviolencia explícita (la secuencia de la iglesia es un gozo irreverente como pocas), escatológico y misógino humor (la escena final de la princesa escandinava, y el burdo pero efectivo gag alrededor de esta situación, ingenioso tributo al más clásico cine de espías), sorpresivas situaciones (no se tienta el corazón en exterminar personajes protagónicos), connotaciones racistas (todos los personajes son blancos a excepción del villano quien es afroamericano y se viste como una caricatura del estereotipo de estos) o una ambientación anglocéntrica (que aleja la acción de las tradicionales urbes norteamericanas o de exóticas locaciones).

Kingsman es un logrado y efectivo filme que lo mismo divierte, emociona, genera risas y levanta cejas. Sin duda la mejor cinta del inglés, deudora del ritmo y visuales de Ritchie, las historias de Fleming, la elegancia de Saville Row, el desparpajado humor de Monty Python y la flexibilidad de una industria (que tal vez por su escala) aún no sucumbe de forma esclavizante a los designios de los ingresos económicos. God save the Queen.

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m o m m y

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We Need to Talk About Kevin / Lynne Ramsay / Inglaterra-USA / 2011

Paradojas. Contrastes. Blanco y negro. Bueno y malo. Histórica y ontológicamente la maldad ha sido el otro peso de la balanza, el que da sentido a las normas, los reglamentos y las religiones. Sin el miedo que esta provoca el hombre (y por consiguiente el mundo en que vivimos) sería completamente diferente. Pero, ¿la maldad es innata o se trasmite por genética?, ¿se nace con ella o se desarrolla por la experiencia?. ¿Está arraigada en todos los seres (en algunos quedando siempre encapsulada esperando a un detonante y en otros más está presente y libre desde el nacimiento)?. ¿Es un reflejo de los padres o el núcleo familiar (o la ausencia de él), o es un castigo divino?. Miles de incógnitas y miles de (posibles) respuestas.

El tema es tan complejo como la existencia misma y ha sido abordado desde enfoques metafísicos, psicológicos, médicos, académicos, empíricos o religiosos. Lionel Shriver escribió en 2003 un libro llamado We Need to Talk About Kevin partiendo del punto de vista de una madre, que después de ver el daño y destrucción que su hijo ha causado en su comunidad emprende un reflexivo (y analítico) viaje al pasado, a su rol como madre, como influencia y como ser humano tratando de encontrar las pistas que tentativamente llevarían a un aparente niño normal (y proveniente de un hogar funcional) a trastocarse en un cruel psicópata. Narrado de forma epistolar entre la madre y el padre (cartas siempre escritas por la primera) el libro se convertiría en un best seller y en un interesante material para pensar y repensar.

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La adaptación del libro fue larga y compleja. Más de cinco años llevaría desarrollar y levantar el proyecto, culminando con el estreno de la cinta en el festival de Cannes de 2011. El filme dirigido por la talentosa (e irónicamente poco prolífica) Lynne Ramsay con un guión firmado por ella y su esposo Rory Stewart Kinnear, se estructura como una serie de viñetas intercaladas, sin respetar un aparente orden cronológico o narrativo, que navegan entre varias etapas temporales dentro de la historia, mezclando cotidianeidad con realismo y con oníricas y poéticas secuencias. El aparentemente caótico montaje es product de la lúcida interpretación que Ramsay hace del texto, sustituyendo las cartas (que hacen las veces de radiografía de los sentimientos de la madre) por imagenes, aprovechando (y estirando) al máximo las posibilidades del lenguaje cinematográfico.

El filme inicia con una maravillosa e hipnótica secuencia: Eva Khatchadourian (genial Tilda Swinton) participa activamente (junto con cientos de descamisados individuos) de la Tomatina (festividad popular de Valencia, España). La cadencia de los cuerpos hacinados crea un balance entre violencia y poesía potenciado por la expresividad (y explosividad) de los tomates contra la piel. Ramsay le imprime una intensa tonailidad color rojo sangre que se convertirá en el leit motiv de la cinta, estableciendo desde este momento una sensación de brutalidad, violencia y fatalidad ominpresente a lo largo del metraje.

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Lo que en un principio pareciera caótico poco a poco toma forma, siendo el hilo conductor de la cinta las emociones de la madre quien, de adelante hacia atrás, hurga en sus recuerdos buscando armar un confuso puzzle que más que ofrecer respuestas concretas le otorgue un sentido a su vida y una hipotética redención a sus actos. Así vemos como la madre (alejada del estereotipo tradicional) culpa al hijo por abandonar su ascendente carrera, como se frustra por el incontenible llanto del bebé, o como muestra interés en un momento y desprecio en otro debido a la errática y manipuladora conducta del infante.

A lo largo del crecimiento de Kevin atestiguamos que nada está bien, de bebé llora constantemente, de pequeño no habla y usa pañal, de adolescente confronta constantemente a la madre no mostrando el menor respeto o pudor por la progenitora. Curiosamente la figura paterna pareciera alejada de los focos rojos activados constantemente por el niño y justifica superficialmente las acciones culpando, como es de suponerse, a la madre de ser poco tolerante o paranoica. We Need To Talk About Kevin no ofrece respuestas ni otorga concesiones. No es un juicio moral ni una historia de redención. Es un aterrador relato sobre una realidad latente, sobre la terrible premisa que el peor enemigo esta dentro del hogar.

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a n i m o t i o n

A lo largo de la historia de la cinematografía y de manera paralela al desarrollo de la industria tradicional, se fué gestando un ser lúdico y curioso, que por méritos propios terminaría siendo un ente aparte, dividiría al cine en tres grandes áreas, revolucionaría técnicas y tecnologías (recordemos que el sonido y el color, por ejemplo, fueron explorados ampliamente antes de ser abrazados por la ficción y el documental) y cambiaría la forma de ver cine por siempre y para siempre. La animación ha probado ser una forma de expresión y experimentación visual y sensitiva, capaz de conmover a chicos y grandes y ser tan comercial o tan experimental como el creador lo requiera. 

Así, a continuación mis filmes favoritos de animación:

1. Stop Motion

The Curse of the Were-Rabbit / Nick Park / Inglaterra /  2005

De la mano de la prestigiada casa productora Aardman Animations llega el primer largometraje de la dupla de Wallace & Gromit, un excéntrico inventor y su inteligentísimo perro, que ya habian hecho los deleites del género en un sinfin de premiados cortometrajes. Aqui los ingleses de Aardman demuestran su talento con la plastilina y la arcilla, corroborando que son los actuales maestros de la animación stop motion. Cabe destacar que se convirtió en todo un éxito de crítica y público y fué acreedora al premio de la Academia a mejor filme animado.

Fetiche Mascotte / Wladyslaw Starewicz / Francia / 1933

El ruso Wladyslaw Starewicz fué uno de los pioneros del stop motion y se caracterizó no solamente por sus fluidas y creativas animaciones sino por utilizar insectos y animales en sus obras. Fetiche Mascotte es uno de sus trabajos mas conocidos y se ubica en su etapa francesa. En este filme encontramos a la mascota del título, un perro de juguete, que cobra vida y decide ir al mismísimo infierno para cumplir el deseo de una niña enferma. El resto tiene que ser visto para apreciarse.

Fantastic Mr. Fox / Wes Anderson / USA / 2010

Wes Anderson es uno de los cineastas independientes mas importantes de los últimos años. Sus filmes presentan excéntricos personajes con fuertes conflictos internos, incapacidad de convivencia y aislados de la sociedad. El outsider de Anderson aparece también en este su primer trabajo de animación pero ahora en la figura de un maduro zorro, descontento con su vida, en plena crisis de los cuarentas y en búsqueda de nuevas emociones. Basado en un cuento de Roald Dahl y asesorado por Henry Selick, el Fantastic Mr. Fox es una entretenida fábula que combina distintos tipos de animación, predominantemente el stop motion de figuras de arcilla con pelo real, en una historia de crecimiento personal que lo mismo entretiene a los niños pequeños que plantea inquietudes existenciales en los adultos.

The Nightmare Before Christmas / Henry Selick / USA / 1993

De la mente de Tim Burton (quien escribe, produce y supervisa) y de Henry Selick nos llega una oscura fábula sobre un más oscuro personaje llamado Jack, quien es el rey del pueblo de Halloween. Un buen día decide secuestrar al buenazo de Santa Claus y convertirse en el alma de las festividades navideñas. Con esta original premisa, un diseño de arte que recordaría al mas puro expresionismo alemán, y una serie de expresivos muñecos, la dupla Selick/Burton da vida a una de las mejores peliculas del género y a un clásico de culto para público de todas las edades.

2. Cut Out & Stop Motion

The Adventures of Prince Achmed / Lotte Reiniger / Alemania / 1926

El largometraje animado más antiguo del que se tengan copias existentes y poseedor de una de las más creativas técnicas de animación de las que tengamos memoria lleva el nombre de Die Abenteuer des Prinzen Achmed un lúdico e inolvidable trabajo de la animadora alemana Lotte Reiniger en la que se mezcla el stop motion primitivo con una técnica inventada por la propia Reiniger: cortar siluetas de personajes en cartón y animarlas a manera de sombras o siluetas, superponiéndolas a monocromáticos escenarios creando así un efecto emparentado con el expresionismo alemán tan en boga en esa época y abriendo el espectro a diversos efectos de cámara como la profundidad de campo.

3. Rotoscopia

Waking Life / Richard Linklater / USA / 2001

A Scanner Darkly / Richard Linklater / USA / 2006

Vocero por excelencia de la generación X y cineasta de culto gracias a sus primeros filmes: Slaker, Dazed and Confused y Before Sunrise, Richard Linklater decide en 2001 entrar a terrenos de la animación, pero de una forma poco común. Primero: no abandonaría sus temáticas existencialistas, filosóficas y sociales. Segundo: sus animaciones serían para adolescentes y adultos, alejánsose del cine infantil al que comúnmente se asocian estas producciones. Tercero: utilizaría la técnica de la rotoscopia,  grabando primero a actores con cámaras tradicionales y después trazando y añadiendo efectos computacionales sobre lo grabado previamente. Su primer trabajo en este estilo fué Waking Life, una poética obra, a manera de manifiesto de la generación X, que habla sobre existencialismo, filosofía y sueños. Para la segunda A Scanner Darkly, adapta una obra del reconocido Philip K. Dick, instalándose en el género del thriller sci-fi y dando cuenta de una futurista historia sobre la manipulación gubernamental, la paranoia de la sociedad, el uso y abuso de las drogas y el espionaje a manera de ubicuo big brother sobre los habitantes de las grandes urbes.

4. CGI

Ratatouille / Brad Bird / USA / 2007

Pixar se ha convertido en una palabra conocida por todos y un referente obligado de la animación por computadora (CGI). Sus diversas películas han ido in crescendo, siendo cada vez más maduras, emblemáticas, sorprendentes y divertidas. No podríamos hablar de su trayectoria sin nombrar joyas de la animación como el tríptico Toy Story, Monsters, Inc. o Finding Nemo, pero a mi gusto las que se llevan las palmas son Wall-e, Up y Ratatouille, siendo mi favorita esta última. Dirigida por el experimentado Brad Bird, quién ya había transitado exitosamente por los terrenos de la animación, el filme se presenta como una delicia visual y sensitiva, un tributo a los placeres sibaritas y a los gustos adquiridos, pero también al talento, la creatividad y la fraternidad, simplemente una obra maestra.

5. Animación Tradicional Norteamericana

The Iron Giant / Brad Bird / USA / 1999

Primer largometraje de Brad Bird, quien ya tenía experiencia en series animadas de televisión y videoclips, y producida por la Warnes Bros., The Iron Giant es una filme animado de aventuras y ciencia ficción que narra las aventuras de un chico solitario que encuentra a un gigantesco robot venido del espacio y sus esfuerzos por librarlo de las garras del ejercito norteamericano el cual quiere destruirlo, todo esto ambientado durante lo más álgido de la guerra fría en la década de los cincuenta. Además de poseer una historia de por sí atractiva, las decisiones estilísticas de Bird fueron lo que la convertiría en un clásico inmediato: animación 2D por computadora en formato CinemaScope, combinado con técnicas de animacion tradicional y el apoyo de un grupo de jóvenes estudiantes de la CalArts. El resultado: uno de los grandes filmes de culto del cine animado de todos los tiempos.

Pinocchio / Walt Disney Studios / USA / 1940

Fantasia / Walt Disney Studios / USA / 1940

Después del rotundo éxito de Snow White and the Seven Dwarfs, y la experiencia de una década produciendo más de setenta episodios llamados Silly Symphonies, The Walt Disney Company funda los Walt Disney Studios y entra de lleno a la producción de largometrajes. La elección para el tema de un segundo filme de los estudios sería obvia: adaptar algún popular cuento infantil dando el toque visual y musical que ya  se estaba convirtiendo en un sello de la compañía. El escogido sería Pinocchio basado en el tradicional cuento italiano de Carlo Collodi sobre un muñeco de madera que sueña con convertirse en un niño de verdad. El filme al momento de su estreno no fue el éxito que se esperaba, siendo un tanto oscuro, con personajes siniestros y presentando la maduración del personaje principal como accidentada y dolorosa. Un reestreno años después le daria la razón y el éxito merecido, siendo una de las mas queridas y galardonadas películas de la compañía. Ese mismo año producirían un capricho del mismo Disney llamado Fantasia. Un complejo filme animado estructurado en ocho segmentos animados, entramados por la musicalización de una orquesta tocando en vivo y en live action. Así reconocidas piezas clásicas de Bach, Tchaikovsky, Stravinsky o Beethoven cobran vida al sincronizarse perfectamente con diversas imagenes animadas y se presentan por primera vez en la historia en sonido estereofónico. Una vez más Disney se adelanta a su época, y lo que en su tiempo fuera el primer gran fracaso de los estudios con el tiempo se convertiría en una obra maestra.

5. Animación Tradicional Asiática

Spirited Away / Hayao Miyazaki / Japón / 2001

Con casi media década de experiencia trabajando en animación, no se puede hablar de animación japonesa sin hablar de Hayao Miyazaki. Cofundador de los afamados Studio Ghibli en 1985 y creador de emblemáticos en influenciales filmes como My Neighbor Totoro, Princess Mononoke o Howl’s Moving Castle, Miyazaki ha forjado un estilo único y característico basado en la animación tradicional, con toques de imagenes generadas por computadora para dar en sus propias palabras “un toque de elegancia”, utilizando ágiles personajes con movimientos humanizados, escenarios coloridos, personajes oníricos, temáticas humanistas, progresistas, ecologistas, feministas y que peculiarmente carecen de un villano antagónico. En Spirited Away, tal vez su trabajo más redondo, nos presenta la historia de Chihiro una niña de diez años que se trasporta a una realidad alterna para buscar retirar el embrujo que ha convertido a sus padres en cerdos. Miyazaki nos lleva de la mano a un mundo maravilloso para experimentar el paso a la madurez de Chihiro. No por nada es la película más exitosa en la historia de Japón.

Akira / Katsuhiro Otomo / Japón / 1988

Dirigida por el japonés Katsuhiro Otomo y basada en un manga también de su autoría, Akira es un filme animado de ciencia ficción, de estilo y temática cyberpunk, que rompió los cánones del género y revitalizó los mangas animados. Su peculiar estilo gráfico presenta detallados escenarios, sincronización perfecta del sonido y los diálogos con los personajes, movimientos superfluídos (el filme se compone de más de 160,000 cuadros) y escenas gráficas e hiperviolentas. En cuanto a temática expone temas filosóficos y psicológicos como la corrupción, la ambición y el difícil paso de la niñez a la edad adulta, temas económicos, critica al holocausto nuclear, revoluciones sociales y el rol de la juventud en la sociedad.

Grave of the Fireflies / Isao Takahata / Japón / 1988

Ambientada a finales de la segunda guerra mundial, y partiendo de una novela semi-autobiográfica de  Akiyuki Nosaka, Grave of the Fireflies fué el segundo largometraje de los estudios Ghibli y el primero en no estar bajo la batuta de Miyazaki. El filme se aleja del estilo tan característico de la marca, no contando con personajes fantasiosos o situaciones oníricas y narrando un hecho, tan trágico como real, de una forma que le debe más al neorrealismo italiano que al manga japonés. Aquí se narra la historia de dos hermanos, huérfanos gracias a la guerra, que deciden valerse por si mismos, aislándose de los horrores y tratando de vivir en un mundo de fantasía, pero aquí no hay lugar para los finales felices, los milagros o las sonrisas. La película es trágica, demoledora y desesperanzadora pero humana, entrañable, tierna e inolvidable al mismo tiempo. 

6. Animación Tradicional Europea

La Planète Sauvage / René Laloux / Francia / 1973

Inquietante, violento y surrealista, dirigido por René Laloux y con dibujos y diseño de arte de Roland Topor, La Planète Sauvage se presenta como un filme poco convencional. A pesar de su bajo presupuesto y de las ya muy comentadas dificultades que encontró para su finalizacion y comercialización, se ha convertido en un referente obligado del cine de animación de los setenta y del cine de ciencia ficción de todos los tiempos. En esta historia todo tiene cabida: la ciencia y la superstición, la violencia y la paz o la esclavitud y la libertad. Como si se tratara de una bizarra pesadilla Laloux explora conflictos políticos y sociales muy propios de su época, y su peculiar estilo gráfico y narrativo le valdrían el Grand Prix del Festival de Cannes en 1973.

Allegro non Troppo / Bruno Bozzetto / Italia / 1976

En 1976, el animador italiano Bruno Bozzetto, famoso por sus trabajos satíricos, políticos y sexosos decide realizar un largometraje estructurado por episodios independientes, sincronizados con conocidas piezas clásicas de fondo,  e intercalados por escenas de la orquesta tocando e improvisando en live action y blanco y negro. En papel suena como un remake de Fantasia (Walt Disney Studios, 1940) pero en la práctica es una creatura diferente. El mismo Bozzetto declaró que el haber visto el clásico filme de Disney lo conmovio hasta las lágrimas, por lo que la influencia e inspiración son más que obvias. En este caso los alcances son más modestos al igual que la producción (y el presupuesto): Seis episodios animados que van de la comedia erótica a la tragedia de alturas griegas al son de Vivaldi, Debussy, Dvořák, Stravinsky, Sibelius y Ravel.

Les Triplettes de Belleville / Sylvain Chomet / Francia / 2003

L’Illusionniste / Sylvain Chomet / Francia / 2010

Con una destacada trayectoria como dibujante y editor de comics, Chomet decide entrar al mundo de la animación a finales de los noventa con un creativo y entretenido corto La Vieille Dame et les pigeons que prefiguraba su peculiar estilo visual y narrativo. Sería hasta 2003 con su primer largometraje Les Triplettes de Belleville, cuando el mundo conocería su obra y los premios empezaran a llegar en carretonadas. El porqué es simple, un sofisticado estilo gráfico, reminiscencia del art nouveau de principios del siglo XX, mezclado con el glamour de los veintes y tintes del humor de comediantes clásicos franceses con Jacques Tati. Una musicalización de atmósferas jazzeras, muy al estilo de la época, redondeaba la historia, mezclando en lo técnico a la animación tradicional con toques digitales y una paleta de colores muy característicos. No hay que menospreciar la historia: una peculiar anciana decide emprender la aventura de rescatar a su nieto, un campeón del tour de france, de manos de una bola de mafiosos con la ayuda de las cantantes del título y un obeso can. Para su siguiente largo, Chomet retoma un guión inédito de Tati y le dá vida propia, consolidando su estilo y de pasada rindiendo tributo a uno de sus ídolos.

7. Live Action & Stop Motion

Jason and the Argonauts / Don Chaffey / UK / 1963

Lo que en un principio sería una película más de clase B con temática mitológica se convertiría, en las manos adecuadas, en un clásico del género y tal vez en la mejor obra de fantasía que mezcle live action con stop motion de la historia (después de la celebre King Kong). La clave aquí tiene nombre y apellido: Ray Harryhausen. El experimentado animador ya había creado importantes obras como Mighty Joe Young  o The 7th Voyage of Sinbad, pero lo mejor estaba aún por llegar. Citada como gran influencia por destacados cineastas de la talla de Terry Gilliam o Tim Burton, Jason and the Argonauts narra las épicas aventuras del héroe y al embarcación del título en su búsqueda por el célebre vellocino de oro para así poder derrocar al tirano Pelías. Creaturas como Talos, las arpías o la Hidra de Siete Cabezas son difíles de olvidar por su realismo y excelente manufactura, pero los esqueletos animados son los que se llevan las palmas.

Institute Benjamenta / Brothers Quay / Alemania & UK / 1996

También conocida como This Dream People Call Human Life y editada en 1996, la ópera prima de los Brothers Quay (un par de gemelos idénticos norteamericanos famosos por sus animaciones en stop motion y sus peculiares temáticas y lenguajes visuales) no deja de sorprender. En él se combinan eficazmente dispares influencias que van del esoterismo, la literatura surrealista y la filosofía en sus historias, al expresionismo alemán y los trabajos de animadores como Jan Švankmajer y  Wladyslaw Starewicz en sus visuales. El filme cuenta de forma surreal y onírica la historia de un instituto especializado en capacitar personas para la servidumbre. Mediante diversos simbolismos (que establecen nexos con el Eraserhead de David Lynch o el cine mudo expresionista), la escasez y simplicidad de diálogos y un fuerte contraste en el blanco y negro de sus imagenes, el Institute Benjamenta está mas interesado en crear atmósferas que en contar historias.

Alice / Jan Švankmajer / República Checa / 1988

Tal vez el más reconocido animador de stop motion hoy en día, creador de un estilo muy particular que lo mismo transita de la más corrosiva crítica social al más puro surrealismo, Jan Švankmajer se ha valido de modelos en plastilina y arcillas, animales disecados, muñecos,  seres humanos y prácticamente cualquier objeto existente para realizar sus complejas y fluidas animaciones en las que tiene cabida desde el Alice’s Adventures in Wonderland de Lewis Carroll o el Faust de Goethe hasta cuentos de Edgar Allan Poe y Franz Kafka. En este su primer largometraje (después de decenas de geniales cortometrajes entre los que destaca el Dimensions of Dialogue de 1982) juega con los recursos narrativos (el cuento sale de los labios de la misma Alice en close-up), experimenta con la interacción entre seres humanos (Alice) y los demás personajes animados (pesadillescos híbridos de animales y objetos), utiliza sonidos exagerados (evitando el uso de banda sonora), y se encarga de crear una historia oscura y surreal, muy alejada del otras versiones de la historia, que sorprende e inquieta.

9

St. Kracklite, Architect

Peter Greenaway / Belly of an Architect / UK / 1987

A Peter Greenaway (UK 1942) difícilmente se le consideraría un director de actores, ya que a largo de su trayectoria se ha caracterizado por ser un director de imágenes. Con anterioridad ya había mostrado su postura ante el acto de filmar : “si quisiera contar historias sería novelista no cineasta”, además constantemente habla de las “tiranías” del cine: el encuadre, los actores, el texto (guión) y la cámara. Por esto no es extraño descubrir que sus personajes son superficiales, considerados más imágenes que seres humanos, y acomodados como piezas de un rompecabezas, ordenado y matemático, como la mayoría de su obra. Esto hace aún más extraña la figura de Stourley Kracklite (interpretado virtuosamente por Brian Dennehy) protagonista de su filme The Belly of an Architect (1987), un personaje sólido, bien perfilado, que nos lleva de la mano a su autodestrucción por medio de una obsesión cuasi-fetichista que lo consume. Kracklite es un arquitecto norteamericano exitoso, maduro, casado con una hermosa y mucho menor mujer (tal vez más un trofeo que una esposa), en la cima de la prosperidad: dinero, éxito, amor y por que no, poder. Poco a poco presenciamos el declive de Kracklite, quien aunque consciente de ello, sigue adelante hasta las últimas circunstancias. Pero en que, o mejor dicho, en quién se basó Greeanaway para la creación de tan interesesante caracter. Una lectura superficial podría hablar de un álter ego, un ente con tintes autobiográficos que comparte las obsesiones barróco-historicistas de Greenaway al tiempo que se regodea en las virtudes del hombre renacentista (recordemos que no sería la primera vez en que el inglés se autocitara, ya que Tulse Luper es otro de sus más conocidos “otros yo”). Pero a mi gusto va más allá y me atrevería a proponer que Kracklite es la simbiosis de dos de los grandes arquitectos del siglo XX, ofreciendo no pocos paralelismos con ambos. Me refiero al alemán Ludwig Mies van der Rohe y al franco-suizo Charles Édouard Jeanneret-Gris (Le Corbusier). Si observamos claramente Van der Rohe y Kracklite presentan muchas semejanzas: ambos a edad madura abandonan a sus familias y al éxito alcanzado a esas instancias por una obsesión: el primero por su creciente admiración por la figura y pensamiento de Friedrich Nietzsche, el segundo por la fantástica arquitectura de Étienne-Louis Boullée. Mies se autoconfina a su departamento viviendo de una minimalista pero opulenta manera: un pequeño pero selecto cúmulo de libros, una escultura de Picasso, un cuadro de Klee… Kracklite se confina a un suntuoso cuarto de hotel en Roma, finas viandas, algunas valiosas piezas de arte, un apilado de planos y documentos y una fotocopiadora. Van der Rohe entra a una etapa en que su formación intelectual se perfecciona y sistematiza, pasado algo similar con Kracklite. Incluso ambos vienen de Chicago donde han construído sendos edificios. El alemán poco a poco abandona a sus clientes y comisiones por el desarrollo de un conjunto de esquemas arquitectónicos, sin cliente, emplazamiento, limitaciones, o reglamentaciones a los cuales dedicaría casi ocho años. El personaje de Greenaway a su vez, lo abandona todo por una ambiciosa y gigantesca exposición sobre Boullée. Los bocetos del primero se convertirían, según muchos críticos de arquitectura, en un autorretrato de su persona (en especial la casa de tres patios) más que en un proyecto construíble, mientras que la exposión del segundo no solo esbozaría la personalidad de Kracklite sino pondría de manifiesto que el motor que lo guía es más la ambición que la admiración, no la banal  ambición económica sino una más trascendente y megalomaniaca, la de construir lo inconstruíble, de materializar arquitecturas imposibles.

Por otra parte Le Corbusier fue un hombre obsesivo. Tenía una obsesión por poseer, por hacer suyo, aún mejor si es de alguien más. Se obsesionó con las mujeres (especialmente las algerianas), se obsesionó por la racionalización y la modulación, se obsesionó por trascender la arquitectura (recordemos que aún al terminar una obra la fotografiaba y años después todavía seguía boceteando sobre esta foto, sucediendo lo mismo con sus dibujos) y se obsesionó aún más por una casa, la E-1027 de Eileen Gray. Kracklite se obsesiono por la arquitectura fantástica e irrealizable (por lo menos en su época) de Boullée. Estas gigantescas e ingrávidas formas geométricas que desafiaban tanto a la escala como a la técnica. Ambos también fueron más allá con esta obsesión e incluso realizaron actos de transgresión. Le Corbusier invadió literalmente la casa para pintar sendos murales en sus paredes (ocho en total) a pesar de la gran admiración que, incluso reconoció, sentía por la obra, un acto que la propietaria calificara de vandálico (más extraña el saber que Le Corbusier era enemigo del muralismo y criticaba su práctica). Kracklite se apropió de la obra de Boullée al materializarla, por medio de maquetas que en gran manera negaban el carácer fantástico (e incluso místico) que le dió su creador y las banalizaba creando gigantescos prismas geométricos. Ambos eran fanáticos del dibujo y de trascender las fronteras de la expresión gráfica, uno gracias al collage y la alteración de las fotos por medio de trazos sobre ellas, el otro por la repetición, la cámara y la fotocopiadora. Le Corbusier llegó al punto de construir una pequeña cabaña aledaña, a manera de parapeto, para “espiar” la casa mientras que Kracklite llegó a habitar el lugar donde se realizaban las maquetas. El francés muere, de manera misteriosa, ahogado (¿suicidio?, ¿casualidad?) en el mar después de haber visitado la E-1027, el norteamericano termina sus días lanzandose desde una ventana depués de haber visitado la inaguración de la exposición, ¿ambos creerían que su labor ya había finalizado?, ¿pesaba más la carga de esta obsesión fetichista que la necesidad de vivir?…

El arquitecto de Greenaway tiene mucho de estos dos personajes, pero también es una creatura con vida propia. Algunos podrán decir que les recuerda al ético terrorismo idealista del personaje de Ayn Rand, otros más a aquellos que vestían las maquetas de sus proyectos a manera de sombreros en las fiestas de la Bauhaus y unos más a aquel que teorizaba sus proyectos a la diestra de Jacques Derrida.

La única certeza que nos queda es que Stourley Kracklite es uno de los personajes mas complejos y entrañables no solo de su cinematografía sino del cine de las últimas décadas.