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b a n l i e u e s

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La Haine / Mathieu Kassovitz / Francia / 1995

El cine como vehículo para la crítica social, para la denuncia de problemáticas actuales y tangibles, un medio para la contraposición de utopías y realidades. El cine como un privilegiado aparato audiovisual con el poder de alcanzar (e influenciar) a un público (audiencia) determinado generando radiografías con la capacidad de estudiarse y suscitar diagnósticos, posturas, o incluso posibles soluciones. Desde el neorealismo italiano y las propuestas de la posguerra al cine mas radical de Godard y las contraculturas (pasando por el avant garde, el underground, o el cine experimental) la búsqueda por traspasar (difuminar o violentar) la cuarta pared para convertir al cine no en un reflejo de la realidad (o una realidad ficticia) sino en una realidad virtual ha dado pie a un sinnúmero de cineastas, corrientes y por supuesto filmes que en su carácter innovador, pero polémico e incenciario, han brindado lo mismo esperanza que odio, aplausos y reconocimiento que censura y rechazo.

A principios de la década de los noventa un joven cineasta de nombre Mathieu Kassovitz desarrolló un guión para una nueva cinta basado en una noticia que captó fuertemente su atención: el asesinato de Makome M’Bowole, un inmigrante de Zaire, mientras estaba bajo custodia de la policía. Presentado como un triste accidente, el crimen fue solo un eslabón más de una cadena de abusos y atropellos de la policía francesa contra las minorías raciales, en especial las afincadas en los banlieues. Presentados como un modelo de vivienda utópica para la clase trabajadora estos suburbios parisinos resultaban totalmente lo contrario: un ejemplo de aislamiento topográfico que alejaba a sus habitantes del centro de la ciudad, creando alienación social y privación cultural. Obviamente esta disfuncionalidad arquitectónica generaría problemas mayores como hacinación, desempleo, drogas y violencia.

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De forma ingeniosa el filme de Kassovitz nos presenta una cíclica historia centrada en tres personajes: un árabe, un judío y un africano, todos veinteañeros, habitantes de los banlieues, inmigrantes con marcadas diferencias étnicas y culturales y sobre todo llenos de un odio intrínseco (al que alude el título) que los destinará de forma inamovible a la fatalidad. Desde el inicio se nos presenta de manera recurrente la historia de una persona en caída libre, narrada por uno de los protagonistas, que sirve como estructura narrativa y como dura metáfora de la volatilidad de los banlieues (el mismo cineasta lo llamo a social time bomb). Así, de forma episódica y propulsados por los disturbios (y el asesinato de otro inmigrante) narrados en la primera escena de la cinta, vemos a tres jóvenes deambulando por un París diferente al ensoñador y romático lugar que evocan las postales: una ciudad marcada por la violencia, el crimen, el odio y la desigualdad. Pasamos de un conflicto a otro: venta y consumo de drogas, robo y contrabando, brutalidad policiaca, pleitos entre pandillas, odios raciales, lugares incendiados, conflictos clasiales, la lista parece no terminar.

En el apartado técnico y estilístico la cinta es digna de elogios. Fotografiada a color y después convertida a contrastado blanco y negro privilegia el encuadre, los complejos plano secuencias, la cámara al hombro y el enfoque cuasi documental que lo mismo se presenta hiperrealista que sumamente estilizado. La secuencia del dj en los banlieues, la escena del gimnasio, los enfrentamientos con la policía, el grupo de espaldas frente a la torre Eiffel, el toque surrealista de la vaca, uno a uno Kassovitz y su fotógrafo Pierre Aïm van marcado en el imaginario colectivo una serie de postales difíciles de olvidar. El montaje con footage de los disturbios, la música mezcla de hip hop callejero y reggae (el potente fuck you final a la policía a manos de Bob Marley es inolvidable) y un trio de inigulables actuaciones son la cereza del pastel.

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La Haine presenta una desoladora y desesperanzadora visión del París contemporáneo caracterizado por la segregación social, la inmigración mal controlada, la marginación y el papel poco eficaz del gobierno benefactor. Se habla de una sociedad fallida, de un estado manipulador e ineficaz que basado en un modelo capitalista, se ocupa solamente de unos pocos privilegiados. Una urbe a punto de ebullición por las marcadas diferencias sociales, propensa a disturbios y con una juventud que posee un odio y rencor exacerbado hacia la policía, institución que sirve como ejemplo todos los males que acechan a las minorías.

En 1967 el polémico Jean-Luc Godard presentaba 2 ou 3 choses que je sais d’elle, un filme sobre una distópica realidad en la cual se intercalan la constante ciudad en construcción (símbolo del progreso) con la apatía de la sociedad frente a un gobierno (o una economía gobernante) manipulador y omnipresente que se vale de la publicidad, la señalética y el lenguaje gráfico de los artículos de consumo para crear una falsa sensación de felicidad propiciada por los beneficios del estado. Esta cinta buscaba una utopía pensando en el futuro, donde se podría alcanzar la igualdad social y la esperanza mediante un modelo económico, similar al ideario Marxista planteado en El Capital. La Haine irónicamente ya se ubica (temporal y geográficamente) en esta realidad futura donde podría materializarse esta doctrina, sin embargo ya no hay lugar para la esperanza ni para la añorada utopía. Kassovitz tal vez sin pensarlo, creó una obra potente, pertinente, atemporal, y discursiva que lo mismo resuena en los conflictos sociales de los noventa, en los disturbios suburbanos del 2005 o en los ataques terroritas de este año.

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u n e  f o r ê t

un-lac03Un Lac / Philippe Grandrieux / Francia / 2008

Un close up cerrado, cámara al hombro temblorosa, jadeos, imagen distorsionada, grano excesivo, desenfoque, alteración del encuadre, sonidos amplificados. Apenas es la primera escena y ya nos sentimos confusos pero atraídos. Tras unos segundos de este espectáculo sensorial nos damos cuenta que estamos ante un leñador talando un árbol, un acto tan mecánico y básico resulta fascinante ante la lente de Grandrieux: por medio de recursos audiovisuales separa las significantes del contexto y las resitúa en los dominios del arte conceptual, una confrontación entre la violencia del acto humano (en su forma más pura) y las implicaciones del mismo. El encuadre es tan cerrado que parece, en primera instancia, que los golpes van hacia nosostros, los espectadores. De cierta manera es lo que sucederá a lo largo de los 90 minutos de metraje. La siguiente escena contrasta en ritmo y forma, ahora la cara del leñador se alterna con la copa de los árboles, para después uno de ellos caer fruto de la faena. La tercer escena es igual de fuerte pero más perturbadora: vemos los ojos en blanco del leñador, sus manos temblar, su boca arrojar espuma, su cuerpo caer en la nieve en pleno estertor. Poco a poco nos percatamos que el protagonista sufre un ataque presuntamente epiléptico. Lo horrible del cuadro contrasta con la belleza de la blanquísima nieve en la cual se hunde el cuerpo, cual metafórico ataúd, creando un mudo registro de la situación.

Alexi (Dmitry Kubasov) es el hijo mayor de una familia de cinco, corta leña y realiza actividades de recolección, fungiendo como el elemento proveedor. Hege (Natalie Rehorova) es la hermana adolescente, con la cual el jóven y ensimismado Alexi mantiene una relación muy estrecha, a medio camino entre devoción y proclividad incestuosa, propiciada lógicamente por el aislamiento y los naturales (de naturaleza, instintivos) impulsos psicosexuales de un tipo de su edad. El clan se complementa con el padre (un pasivo hombre mayor), la madre (quien es ciega) y el hijo pequeño. Con una estructura familiar reminiscente de esa gran ópera prima de Marco Bellocchio (Fists in the Pocket, Italia, 1965) Un Lac desenvuelve lentamente las peculiares dinámicas que discurren entre las actividades productivas del hijo, sus (cada vez más frecuentes) ataques, los jugueteos de los hermanos mayores, las caricias de la madre y un omnipresente silencio que pocas veces desaparece. Curiosamente entre los pocos diálogos del filme se ubica uno muy ilustrativo: la madre pide al primogénito le lea de un libro, este lo toma pero solo para estrecharlo contra su pecho y recitar de memoria: “As men die, so do beasts. There is only one soul. No man has dominion over the wind”, confirmando así la hipótesis del papel de la implacable naturaleza sobre los empequeñecidos e indefensos seres humanos, y estableciendo una diferenciación entre hombre y animal (personificado por el papel de la memoria congnitiva). Hasta ese momento, todo parece funcionar de una forma mecánica, rutinaria, hasta que aparece una figura portadora del caos: un atractivo joven que se convertirá en el objeto de afecto de Hege y trastocará el aparente equilibrio existencial de Alexi.

un-lac02Los recursos narrativos de Grandrieux se ubican en el montaje, en el sonido y en el control de la imagen. De fuerte influencia Bressoniana, toma del maestro francés lo que el filósofo Gilles Deleuze haría en bien llamar montaje háptico: un estilo de edición tan próximo, tan abstracto y conceptual que se antoja táctil, sensorial vamos. Utiliza el poder del encuadre, y el privilegiar la noción del hecho sobre su representación. Bresson no buscaba imágenes bellas sino imágenes necesarias, un rigor formal y una minuciosidad temática. Grandrieux parece haber ententido la lección. Cabe destacar también que a diferencia de su colega Bruno Dumont (otro fiel discípulo Bressoniano) coquetea más con el avant garde y la propuesta artística que con la obviedad instintiva y corpórea presentada por el primero. Un Lac evita el plano abierto y descriptivo, sus cerrados y restrictivos encuadres son un reflejo de la psicología del relato pero también de una necesidad de no dotar de elementos ornamentales y reiterativos: no es prioritario tener una panorámica del bosque para saber que existe, o un tracking descriptivo de su vivienda para concer como es su hábitat.

El cine de Grandrieux es sensorial, sujeto a la experimentación más que a la apreciación. Con Un Lac, tercera cinta en su haber, traslada su narrativa (si podemos llamarla de esta manera) a la naturaleza salvaje (con todas sus implicaciones) y su objeto de estudio es el núcleo familiar. Partiendo de una interesante premisa similar en su génesis a Teorema (Pier Paolo Passolini, Italia, 1968), o a su bizarra suerte de reinterpretación llamada Borgman (Alex van Warmerdam, Holanda, 2013), sitúa a un grupo de individuos aislados del mundo y la civilización viviendo en complicadas situaciones geográficas/climatológicas que solo incrementan el sentimiento de reclusión en el cual habitan. Estableciendo nexos temáticos con obras de directores contemporáneos como Lars Von Trier (Antichrist, Dinamarca, 2009), Bruno Dumont (Hors Satan, Francia, 2011) o Alexei Popogrebski (How I Ended This Summer, Rusia, 2010) Grandrieux propone a la naturaleza como un ente vivo, independiente, poseedor de bondad y maldad por igual, portador de una causalidad y fatalidad ineludible por el ser humano. El bosque de Von Trier o los cuasi apocalípticos parajes árticos de Popogrebski aquí son manifestados por capas de nieve circundadas por altísimos árboles y una espesa bruma que dota de una atmósfera fantástica (incluso maléfica) al desolado paraje que coexiste con el gélido río en cuestión. Un Lac invita a la experiencia sensible, a la resignificación del acto cinematográfico, a la visitación y revisitación. Tal vez el filme más próximo de Grandrieux pero también el más tangible.

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Documentaire(s) du Cinèma

1. La Sortie des Usines Lumière / Louis and Auguste Lumière / Francia / 1895

La sortie des usines Lumière

2. Nanook of the North / Robert Flaherty / USA / 1922

Nanook of the North

3. Man With a Movie Camera / Dziga Vertov / USSR / 1929

man with a movie camera

4. À Propos de Nice / Jean Vigo / Francia / 1930

À Propos de Nice

5. Las Hurdes, Tierra sin Pan / Luis Buñuel / España / 1933

la HURdes6. Triumph des Willens / Leni Riefenstahl / Alemania / 1935

Triumph des Willens7. Night and Fog / Alain Resnais / France / 1955

night and fog8. Chronique d’un Été / Jean Rouch & Edgar Morin / Francia / 1961

Chronique d'un été9. Gimme Shelter / Albert and David Maysles and Charlotte Zwerin / USA / 1970

Gimme Shelter10. Grey Gardens / Albert and David Maysles, Ellen Hovde and Muffie Meyer / USA / 1975

grey_gardens11. F for Fake / Orson Welles / Francia / 1975

f for fake12. Sans Soleil / Chris Marker / France / 1982

sans soleil13. Shoah / Claude Lanzmann / France / 1985

shoah14. The Thin Blue Line / Errol Morris / USA / 1988

The Thin Blue Line 0215. Close-up / Abbas Kiarostami / Irán / 1989

close-up16. El Sol del Membrillo / Víctor Erice / España / 1992

El Sol del Membrillo17. Crumb / Terry Zwigoff / USA / 1994

crumb18. Histoire(s) du Cinèma / Jean-Luc Godard / Francia / 1998

Histoire(s) du Cinèma

19. Grizzly Man / Werner Herzog / USA / 2005

Grizzly Man20. Exit Throught the Gift Shop / Banksy / UK-USA / 2010

large_exit_through_the_girst_shop_blu-ray_2x21. The Act of Killing / Joshua Oppenheimer / Dinamarca, UK  / 2012

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a ñ o t r e c e

Ecléctico y personal, el año que termina se caracterizó por obras de espléndidas visuales (los filmes de Sorrentino, Cuarón, Korine y Winding Refn), meritorios regresos (Scorsese, los Coen, Allen, Payne, Jarmusch, Denis), inventivos documentales (Oppenheimer, Bendjelloul, Cowperthwaite, Polley) y consagraciones (McQueen, Cianfrance, Nichols, Kechiche, Escalante, Larraín, Jonze). Aquí la lista de lo que mas disfruté del dosmiltrece.

1. La Grande Bellezza / Paolo Sorrentino / Italia

Poseedor de una nada despreciable filmografía, Paolo Sorrentino ha creado su obra maestra: una Feliiniesca epopeya (maravillosamente protagonizada por Tony Servillo), en la cual un maduro socialité deambula por una preciosista Roma cuestionando de paso vida, filosofía, religión y trascendencia a manera de un poético, surreal y onírico viaje a través de la memoria, la arquitectura y la extravagante vida social cosmopolita. Imprescindible cinta que tan solo con su título lo dice todo.

The Great Beauty

2. 12 Years a Slave / Steve McQueen / UK 

Respetado y venerado como artista conceptual, McQueen ha tenido una meteórica y ascendente carrera dentro del ámbito cinematográfico. Después de dos polémicas e importantes cintas que lo mismo analizaban los límites del cuerpo humano (ya sea en condiciones físicas extremas o en la alienación social por medio de las perversiones sexuales), traslada la narrativa al norteamericano estado de Louisiana, en pleno siglo diecinueve, para contar la historia de un hombre esclavizado por el color de su piel, y su constante enfrentamiento a las vejaciones, injusticias y torturas que le son infligidas. Se presenta aquí una nueva corporeidad: la del dolor, las cicatrices, las heridas. Devastadora y humana la película se convierte en uno de los mas veraces y vívidos retratos de una momento histórico que no debe ser olvidado.

12 Years a Slave

3. The Act of Killing / Joshua Oppenheimer / Dinamarca – UK

Arriesgado, provocador, crudo y sumamente creativo, Act of Killing es un parte-aguas en la historia de los documentales. Oppenheimer decide trasladarse al lugar de los hechos (filma en Indonesia) para entrevistar a Anwar Congo y sus colegas (antes asesinos y criminales, hoy respetadas figuras de su país), quienes apoyados por el gobierno orquestarían y ejecutarían la muerte de mas de un millón de personas, algunas décadas atrás. De forma astuta el director se las ingenia para que los susodichos sujetos interpreten recreaciones de estos crímenes masivos, unas veces a manera de film noir, otras como bailables, unas más como surreales producciones. El efecto de esta peculiar estrategia dará lugar no solo a la reflexión del espectador sino a la humanización del malvado, enfrentándolo a las repercusiones de su obra.

The Act of Killing

4. La Vie d’Adèle / Abdellatif Kechiche / Francia

Ganador indiscutible de la Palme d’Or en el pasado festival de Cannes, el filme narra de forma sincera, realista y sin prejuicios la maduración física, psicológica y consecuentemente sexual de la adolescente del título. La presunta sencillez del guión se convierte en densura gracias al realismo y gráfico detalle que imprime Kechiche, especialmente en las largas escenas de sexo (que causaron mucha polémica) dando veracidad a un relato moderno, elegante, desprejuiciado, emocional y absorbente. Tres horas intensas de una compleja relación amorosa entre dos mujeres que buscan su lugar en el mundo. Maravillosa.

Blue is the Warmest Color

5. Spring Breakers / Harmony Korine / USA

Ver entrada 96.

Spring Breakers

6. Frances Ha / Noah Baumbach / USA

De estilo mumblecore, dirigido por un excelente y propositivo guionista (colaborador de cabecera de Wes Anderson), e interpretado (y coescrito) por la talentosa Greta Gerwig, Frances Ha es un interesante e incisivo retrato de la juventud clasemediera norteamericana que, aprovechando su status y su pseduo intelectualidad universitaria, se niega a crecer, a madurar y a encontrar (y definir) el rumbo de su vida. Gerwig como la Frances del titulo, es una bailarina amateur neoyorkina buscando oportunidades en la urbe de hierro, y que, al enfrentarse a la adultez (tiene la terrible edad de 27 años) se topa de frente con el desencanto, el temor y la realidad. Lo mismo irritante que entrañable, la tragicomedia que teje Baumbach nos atrapa lentamente en sus redes invitándonos a la reflexión sin emitir juicio alguno. Mención aparte merece la fotografía, con fuerte influencia de la nouvelle vague, en un cuidado y preciosista blanco y negro.

Frances Ha

7. Only God Forgives /  Nicolas Winding Refn / Dinamarca

Ver entrada 87.

Only God Forgives

8. Gravity  / Alfonso Cuarón / USA

Ver entrada 84.

Gravity

9. Soshite Chichi ni Naru (Like Father, Like Son)  / Hirokazu Koreeda / Japón

Contemplativo y reflexivo, el cine de Koreeda se ha convertido en un referente del cine japonés contemporáneo, y el cineasta en uno de los mejores y más reconocidos auteurs del país nipón. Con una sólida carrera (en la que ha filmado cintas tanto de ficción como documentales) nos presenta aquí una emocional, fresca, y enternecedora visión sobre las implicaciones de la paternidad y la repercusión de las decisiones de los padres en los hijos. Con su característico ritmo relajado y buen ojo para la descripción y el detalle, presenciamos una ficción naturalista (no exenta de humor) sobre los giros de la vida, la crueldad del destino, la estructura familiar, y los mecanismos de ser padre, no solo biológico sino de crianza. 

Like Father, Like Son

10. Heli  / Amat Escalante / México

La mejor película de Escalante, el mejor filme mexicano del año y el premio a mejor director en el festival de Cannes del 2013 (a manos de Steven Spielberg), tengo que decir algo más?…

Heli

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s a c r é

Holy Motors 8

Holy Motors / Leos Carax / Francia / 2012

Después de un autoinflingido hiatus de más de 13 años (producto de su frustración con la industria cinematográfica), el reclusivo y polémico cineasta francés Alex Oscar Dupont (mejor conocido por su anagrama Leos Carax) regresa con un críptico y complejo filme que de cierta manera resume su poco prolífica carrera (cinco filmes en casi treinta años) y su desenfrenado amor por el celuloide.

Como introducción me gustaría establecer una comparación con una cinta, que en apariencia es diametralmente opuesta a la obra del galo, pero que en una segunda aproximación guarda no pocos paralelismos: Hugo (Martin Scorsese / USA / 2011). Ambos filmes son realizados por consolidados y talentosos directores que en una etapa de madurez física y laboral, expresan su amor por su profesión: Scorsese, con un filme romántico de añoranza sobre los albores del cine (una celebración del nacimiento del cine) y Carax con un filme metafórico y reflexivo sobre el estado del cine contemporáneo (una celebración de la muerte del cine). Hugo está plagada de tributos y referencias históricas (los Hermanos Lumière, Jean Renoir, Jean Vigo, Georges Méliès),  Holy Motors a su vez también cumple con su cuota (Georges Franju, Jean-Luc Godard, King Vidor, Jacques Tati). La vida le enseñó al americano a jugar bajo las reglas de la industria y sentirse cómodo con ellas, por su parte el francés reniega del cine y en lo que se está convirtiendo. El holgado presupuesto económico le ayudó al primero a manufacturar una obra de arte, la ausencia de dinero le ayudó al segundo en la creación de otra.

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Después de un extraño y surrealista prólogo no muy alejado de la imaginación de David Lynch, el filme inicia con Monsieur Oscar (¿alter ego del director?) saliendo de su mansión (la casa del cuñado de Monsieur Hulot en Mon Oncle de Jacques Tati, 1958). Se despide de sus hijos para abordar una larguísima limosina blanca conducida por una enigmática mujer (Édith Scob). Hasta aquí todo va en orden. Dentro del automotor recibe un folder con su primera misión y observamos que está rodeado de un espejo y aditamentos/utensilios similares a los de un camerino teatral. De esta manera nos enteramos que es un histrión que va asumiendo distintas personalidades dentro de un auto en contínuo movimiento, a lo largo de un día y en un trayecto por las calles de París. Una anciana limosnera, un artista del motion capture (que pasa de la cyber violencia a la cyber pornografía), una extraña creatura que habita las alcantarillas (su monsieur Merde que ya habíamos conocido en el tríptico Tokyo!, Carax/Gondry/Joon-ho, 2008), un asesino  a sueldo o un padre de familia. En cada una de sus misiones, se mimetiza al máximo con el personaje, tanto física como psicológicamente, creando gradualmente, un deterioro en el extraño actor.

Pero la sinopsis de la cinta o lo que podamos decir de ella no le hace justicia: el filme es tan complejo visual y temáticamente que tendríamos que dedicarle multiples análisis y un sinnúmero de revisitaciones. Carax decide filmar con cámara digital, una opción que resulta extraña, por decir lo menos, para un director que reniega de los excesos tecnológicos y siempre se jactó de utilizar formatos y equipos clásicos (se dice que en el set iniciaba las filmaciones con el grito de “motor, cámara, acción”, aludiendo a las antiguas cámaras que tenían un motor integrado). Curiosamente la libertad que brinda la tecnología se convierte en su aliado.

Toma también la decisión de establecer un hilo narrativo lineal pero fragmentario, dividido en los múltiples trabajos/caracterizaciones asignados al protagonista. Esta estructura le permite un lúdico rompimiento de las reglas, transgrediendo y combinando los géneros cinematográficos a su antojo. Así un segmento es un melodrama, otro un drama familiar, otro un violento thriller, uno más un musical, y así sucesivamente. Lo interesante es, que ante el peligro de tanto caos visual y manierismo formal, el director supera las limitaciones con una belleza visual, una solvencia narrativa y lo más destacable, un excelente cuadro actoral encabezado por un magnifico Denis Lavant que da cátedra de actuación.

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Pero, ¿qué es Holy Motors? Un repaso nostálgico y vanguardista por la historia del cine, sus géneros y su técnica; un sentido homenaje al arte de la actuación (en una escena un casi irreconocible Michel Piccoli dialoga, de una forma casi filosófica, con Lavant sobre el hecho de ser actor y la pertinencia e importancia de la disciplina histriónica); un manifiesto audiovisual; una carta de amor a la cinematografía; un postulado existencialista de la cosmovisión del director; una sucesión de inolvidables viñetas meta-realistas (donde tienen cabida un musical con Kylie Minogue, una sesión de modelaje a lo bella y la bestia en el mismísimo cementerio Père Lachaise, una secuencia de sexo explícito en 3D, o un maravilloso interludio musical en el cual la diágesis y la catarsis nos llevan de la mano a una rítmica procesión dirigida por el mismo Lavant);  un manifiesto de rebeldía y anarquía a la industria, un grandes éxitos de Carax; o simple y sencillamente un enigmático e indescifrable experimento que solo pide ser disfrutado y experimentado. Yo personalmente no me complico, solo la considero una obra maestra.

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a ñ o d o c e

El año que termina podría resumirse en una palabra: polarizado. Desde las salas de cine hasta las votaciones a puerta cerrada de los principales festivales o las críticas en las revistas reinó el caos y la falta de unanimidad, prácticamente no hubo una cinta que ganara el favor de todos. La triunfadora de Cannes recibió rechiflas, lo mismo sucedió en la Mostra (Venecia) y en Sundance. La calidad estuvo presente, sí, tal vez más que en años anteriores, pero también las propuestas arriesgadas, creativas, polémicas o simplemente indescifrables. Aquí la lista de lo que mas disfruté del dosmildoce.

1. The Master / Paul Thomas Anderson / USA

Ambientada meticulosamente en los cincuenta, la ultima obra de P.T. Anderson podría considerarse una continuación temática/épica/histórica/dramática de su anterior (y muy logrado) filme There Will Be Blood. La cinematografía es igual de pulcra y preciosista (filmada en un impactante 70mm) alcanzando momentos magistrales (la escena de la foto en que hace referencia a Antonioni); el soundtrack (también) a cargo de Jonny Greenwood es igual de épico y experimental, y las actuaciones monumentales. Aquí un atormentado veterano de guerra encuentra consuelo en el seno de un culto (¿cienciología?) y su manipulador y paternal lider. El encuentro y posteriores acontecimientos detonarán en el individuo crisis de identidad, credo, principios y valores.

The Master (Paul Thomas Anderson) 2. Pietá / Kim Ki-Duk / Corea del Sur

Ki-Duk ha cimentado su estilo en la mezcla de contrastantes elementos: belleza con violencia, fraternidad con venganza y amor con traición. Su viceral enfoque llega a sus mas crudos limites en Pietá. Una violenta y polémica cinta centrada en dos contrastastes personajes, que hipotéticamente, son madre e hijo, y su edípica relación basada en incómodas dinámicas sexuales e instintivas interacciones. Con un desarrollo bastante oscuro (especialmente en la primera mitad), el filme va desenvolviéndose como un interesante estudio psicológico de los personajes y de la convivencia entre los seres humanos, llegando a ser enternecedor y humano a pesar de su brutalidad. Aquí nos encontramos a un Ki-Duk elegante y refinado pero crudo y arriesgado que no teme hacer cine de género, pero muy a su manera. Igual de controversial fué su León de Oro en el 69 Festival de Venecia que aún sigue causando revuelo.

Pietá (Kim Ki-Duk) 3. Post Tenebras Lux / Carlos Reygadas / México

Alejándose cada vez mas de la narrativa y entendiendo al cine como expresión y experimentación visual, la última obra de Reygadas se inscribe de lleno en el cine de auteur al lado de los trabajos de Andrei Tarkovsky Apichatpong Weerasethakul. Transgrediendo reglas de tiempo y espacio e instalándose en una surreal temporalidad de caracter onírico, la cinta buscar ser experimentada mas no entendida. La espiritualidad y corporeidad heredadas de Robert Bresson siguen presentes pero también un pesimista y fatídico existencialismo en la forma de un animado demonio rojo que pasea por la cinta. Imágenes que parecen interconectadas al azar, un omnipresente filtro que difumina los bordes de los cuadros, una sensación de peligro proveniente de la naturaleza (curiosamente Lars Von Trier en Antichrist y Bruno Dumont en Hors Satan tienen aproximaciones similares) hacen de esta obra un paso adelante en la cinematografía del director y un provechoso manifiesto de las posibilidades del cine.

Post Tenebras Lux (Carlos Reygadas) 4. Tabu / Miguel Gomes / Portugal

Dicen que lo que importa no es la historia sino la manera en que la cuentas, y parece que el portugués lo entiende muy bien. Partiendo de una premisa bastante simple y socorrida (una épica historia de amores imposibles ambientada en un exótico lugar) Gomes, en un contrastado e impecable blanco y negro, da cuenta de un relato sobre un intrépido explorador y sus andanzas en África plena epoca colonial. Aquí las referencias al cine y a la historia son columna vertebral del relato: el nombre del filme y las dos partes en que se estructura son vínculos directos a F.W. Murnau (Tabu, a Story of the South Seas, 1931). Ademaás la cinta transita libremente por los géneros del Hollywood clásico (del épico de aventuras al melodrama, de ahí al slapstick, etc…). Es pertinente señalar que el ánimo es desenfadado (el director manipula o inventa sucesos históricos a su antojo), el tratamiento de situaciones políticas o morales es meramente estético, y la experimentación está a la orden del día.

Tabu (Miguel Gomes) 5. De Rouille et D’os / Jacques Audiard / Francia

Drama de crecimiento personal e historia de amor son dos frases que difícilmente podrían asociarse al trabajo de Jacques Audiard. Uno de los directores franceses más interesantes de hoy en día, cimentó su carrera con violentas propuestas centradas en individuos marginados y conflictuados, atados (y destinados) a una trágica existencia. Así, entre vertiginosos thrillers, dramas carcelarios e historias de venganza pareciera que el francés cede en este filme, pero no del todo. De Rouille et D’os sí es un drama y sí se centra en una relación afectiva (entre un agresivo cadenero de un antro, no muy alejado al atípico protagonista de sus filmes, y una entrenadora de ballenas en un parque acuático), pero no niega jamás las constantes de su obra; tiene su dosis de violencia y tragedia pero también dá lugar a la esperanza: el melodrama abre paso a la liberación, y el realismo de las actuaciones abre paso al gozo.

Rust and Bone (Jacques Audiard) 6. Amour / Michael Haneke / Austria

Aunque de cuidada manufactura e impecable puesta en escena los filmes de Michael Haneke son comunmente criticados por el enfoque del austriaco: distante, frío, cruel. Cual experimentos psicológicos sus personajes son diseccionados, maltratatados, violentados, existiendo siempre una barrera emotiva entre actor y espectador. Para su última obra cambia el ánimo y la aproximación. En Amour pesan las actuaciones, incluso sobre la imagen. Haneke esperó 14 años por Jean-Louis Trintignant y el lapso resultó provechoso. Un matrimonio de ancianos ve truncada su apacible vida con la enfermedad, el deterioro físico da para el crecimiento emocional, y la proximidad de la perdida a la valoración de lo que se tiene. Aquí lo emotivo va de la mano de la inteligencia, y las innumerables cualidades del filme le hicieron acreedora a los máximos honores en Cannes.

Amour (Michael Haneke) 7. Beasts of the Southern Wild / Benh Zeitlin / USA

Ver entrada 65. (Quvenzhzé Wallis) 8. The Dark Knight Rises / Christopher Nolan / USA

Dosmilonce también se caracterizó por las franquicias exitosas. A diferencia de otros años hubo propuestas meritorias de bastante calidad como The Hobbit: An Unexpected Journey (Peter Jackson), Prometheus (Ridley Scott) o Skyfall (Sam Mendes), pero a mi gusto las palmas se las lleva el cierre de la trilogía The Dark Knight (2005–2012). The Dark Knight Rises puede ser el eslabón mas débil de la cadena pero en ningún momento desmerece: su puesta en escena es impactante (filmada en formato IMAX), sus secuencias de acción impecables, las actuaciones cumplidoras, el desarrollo ágil, y la narrativa compleja e intrincada. Potente, épica, majestuosa y brutal, es la mezcla perfecta del cine comercial con oficio artístico. Una de las mejores trilogías en la historia y por mucho la mejor saga de superhéroes. Nolan tiene talento y lo demuestra con creces.

The Dark Knight Rises (Christopher Nolan)

9. Holy Motors / Leos Carax / Francia

Ver entrada 67.

Holy Motors (Leos Carax) 10. Moonrise Kingdom / Wes Anderson / USA

Ver entrada 102.

Moonrise Kingdom - Wes Anderson