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b l a c k / b l u e

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Moonlight / Barry Jenkins / USA / 2016

En 2008 el norteamericano Barry Jenkis estrenó Medicine for Melancholy, una lograda ópera prima que aunque con modesta promoción y difusión cosechó buenas críticas y sendos premios. La cinta de cuidada manufactura y loable fotografía (presentando una desaturación deliberada de colores que en escenas particulares daba lugar al efecto contrario, como una forma de reforzar y matizar posturas e ideologías de los personajes) introducía temáticas como raza (principalmente relaciones interraciales), gentrificación, política o comunicación interpersonal brindando paralelismos con la forma de pensar y cuestionarse del autor. No por casualidad la película se desarrolla en la ciudad de San Francisco (Jenkins recién se había mudado de su natal Florida a California). Así se esbozaba lo que parecía el inicio de una muy prometedora carrera cinematográfica. Lamentablemente las cosas no fueron fáciles. El director pasó ocho años desarrollando proyectos que no pasaron de la pantalla de su computadora. Tuvo que trabajar en otras áreas (carpintería, publicidad, guiones para t.v.) y hacerse a la idea de que cada vez sería más díficil remontar su quehacer fílmico.

Sería hasta 2013 cuando Jenkins se topó con un guión para teatro de nombre “In Moonlight Black Boys Look Blue” escrito una década antes por Tarell Alvin McCraney, destacado dramaturgo y académico de Yale oriundo de Miami. La obra con fuerte carga autobiográfica narraba de forma paralela tres historias que, conforme avanzan, nos damos cuanta versan sobre la misma persona en épocas distintas de su vida. Barry Jenkis impresionado con la escritura y sintiéndose fuertemente identificado contactó a McCraney, y con su posterior visto bueno, adaptó la historia en un screenplay que aunque fiel al relato original presentaba un aire autobiográfico que convertiría a Moonlight en un sentido trabajo personal.

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“Little” es un niño resentido y temeroso que difícilmente profiere palabra. Maltratado por su compañeros tiene que esconderse para evitar los abusos. Un buen día conoce a Juan (impresionante Mahershala Ali), un paternal sujeto que se convertirá en defensor, ejemplo y resguardo. Chiron es amedrentado constantemente en la preparatoria. Sujeto de abusos su carácter es solitario e introvertido. La difícil relación con su madre (drogradicta y manipuladora) no le ayudan en lo absoluto. Para complicar (aún más) las cosas empieza a tener sentimientos por Kevin su único amigo. “Black” es un narcotraficante que vive en Atlanta. Su automóvil e indumentaria son reminiscentes de la única figura de cariño y autoridad. Debajo de su ruda apariencia sigue siendo el débil y asustadizo niño que solo quiere ser querido y ser feliz. La respuesta tal vez está en regresar a Miami. Los tres personajes son la misma persona.

En Moonlight Barry Jenkins decide modificar la estructura de la obra original. Hace a un lado la narración paralela fragmentando el relato en tres episodios con su respectivo nombre y línea temporal. En cada uno cambia tanto a los actores como el estilo. Así nos topamos con: i.Little interpretado por Alex Hibbert como la parte infantil del personaje, ii. Chiron con Ashton Sanders como la contraparte adolescente y para finalizar con iii.Black en que Trevante Rhodes hace las veces del Chiron adulto. La cinematografía a cargo de James Laxton (habitual colaborador de Jenkins) también varía en cada segmento, utilizando en el grueso lentes tipo CinemaScope (para el efecto panorámico) con una cámara digital de alta resolución (para capturar todos los detalles de forma nítida) y cambiando tonalidades, saturación y contrastes para emular distintos tipos de película (Fuji, Afga y Kodak respectivamente). Además de estos efectos (que jugando con tonalidades azules, verdes o rojas buscan acentuar rasgos o matices tanto de los personajes como de los acontecimientos) la cámara de Laxton se viste de un preciosismo y un despliegue técnico encomiable. En la primer escena nos regala un sentido planosecuencia que gira trescientos sesenta grados introduciéndonos de manera creativa no solo a los personajes sino a sus dinámicas y a la geografía/arquitectura del lugar. Sin cortes de por medio y con unos cuantos minutos de duración nos adentra en un barrio bajo de Miami entre drogadictos, vendedores y habitantes. Orgulloso de sus influencias, la cinta tiene reminiscencias del cine de Krzysztof Kieślowski, Andrew Haigh y muy en especial de Wong Kar-wai de quien Jenkins ha expresado varias veces su gran admiración y de cuyas obras como In The Mood for Love (2000) o Chungking Express (1994) encontramos ecos no solo en el apartado visual (del que toma prestados colores, movimientos de cámara y tiempos) sino en la utilización de la banda sonora o el ritmo del montaje (la excelente escena entre Black y Kevin en el restaurant da cuenta de ello).

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Moonlight posee escenas con una fuerza emotiva impactante capaces de quedar grabadas en el imaginario colectivo como pocas: Juan enseñando a nadar a Little, el niño preguntándole ‘What’s a faggot…am I a faggot?’, la inesperada respuesta de Juan con una sinceridad y una ternura difícilmente encontrada en un filme, aún mas viniendo de un drug dealer macho alfa afroamericano, el primer encuentro sexual de Chiron que le ayudará paulatinamente a aceptar su homosexualidad, el sentido y realista perdón hacia su arrepentida madre, la escena final con Kevin.

Jenkins explora temáticas complejas como la homosexualidad, el racismo, la falta de oportunidades, la búsqueda de la felicidad, la madurez y la autoaceptación, el narcotráfico, el bullying o el abuso infantil pero lejos de caer en el tremendismo y el misery porn tan habituales en este tipo de cintas su aproximación es respetuosa, cariñosa. El director realmente se interesa por conocer a sus personajes, por tratarlos como seres humanos capaces de equivocarse y recapacitar, de caer y levantarse, evita el estereotipo a toda costa. No presenta balaceras ni situaciones forzadas o sobreclimáticas. No hay resoluciones contundentes. De hecho hay personajes que aparecen y desaparecen sin razón. Hay situaciones sin explicar y sin resolver. Al rumano Cristian Mungiu le preguntaron una vez (allá del 2007 cuando presentó 4 Months, 3 Weeks and 2 Days) por qué tanto la escena inicial como final de la cinta parecían incompletas (al empezar y terminar con conversaciones truncadas). Mungiu contestó que su filme no tenía principio ni fin. Era “una rebanada” de la vida de sus protagonistas. Un fragmento de sus vidas que nos compartía. De cierta manera esta es la propuesta de Jenkins. Unos fragmentos, escenciales y trascendentales eso sí, en la vida de Chiron. Un afroamericano de clase baja y homosexual queriendo encontrar su lugar en el mundo, buscando aceptarse y ser feliz. En tal vez la escena climática Kevin dice que tiene un hijo pequeño, un trabajo y 18 meses de libertad condicional, pero eso es una vida. Su felicidad radica en la estabilidad, en la carencia de problemas. Este tipo de conversaciones y de aceptación es lo que hace relevante a Moonligh, tal vez sea una ficción pero se siente real, identificable, esperanzadora.

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a ñ o d i e c i s é i s

Tumultoso, complejo, cruel y sorpresivo el dosmildieciséis será recordado por el regreso al establishment, el retroceso en las relaciones (y derechos) humanas, el fracaso (o hastío) de los sistemas económicos imperantes y una vuelta del hombre a ese absurdo afán de repetir errores del pasado. Si la violencia, descontento, ansiedad o desazón estuvieron presentes, coexistieron también con la unidad, la protesta, la búsqueda de libertad y nuevas oportunidades, vamos el buscar renacer de las cenizas. Este clima socio/político/económico tendría (y tendrá) su eco en las manifestaciones artísticas: plásticas, sónicas y por ende cinematográficas. Las propuestas arriesgadas, y la desmitificación (y replanteamiento) de los valores, la sexualidad o los géneros, se impusieron (en calidad y substancia) al cine banal y de entretenimiento. Se presentaron obras inclasificables, entrañables e importantes, no todas ellas valoradas pero si disfrutadas. A continuación, sin orden cronológico, afectivo o de preferencia, mis favoritas del dosmildieciséis.

1. The Handmaiden / Park Chan-Wook / Corea del Sur

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2. American Honey / Andrea Arnold / USA – Inglaterra

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3. Certain Women / Kelly Reichardt / USA

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4. The Witch / Robert Eggers / USA – Canadá

Ver entrada 127.

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5. Cameraperson / Kirsten Johnson / USA

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6. Paterson / Jim Jarmusch / USA

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7. Louder than Bombs / Joachim Trier / Noruega

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8. Childhood of a Leader / Brady Corbet / Inglaterra

photo by Agatha A. Nitecka please always credit the photographer

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9. Moonlight / Barry Jenkins / USA

Ver entrada 128.

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10. The Lobster / Yorgos Lanthimos / Irlanda – Inglaterra – Grecia – Francia – Holanda

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