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The Brood / David Cronenberg / Canadá / 1979

Los géneros cinematográficos se gestaron como una invención (con vistas totalmente comerciales) para manufacturar, clasificar y vender productos que las masas pudieran identificar rápida y fácilmente. Teniendo en cuenta que las primeras grandes productoras monopolizaban todas las etapas de la industria (desde la conceptualización de las obras hasta la proyección, pasando por todas las implicaciones legales, artísticas, comerciales, técnicas, etc…) el concepto presentaba la oportunidad de estandarizar los procesos convirtiendo al Hollywood de principios del siglo XX en una suerte de fábrica manufacturera, contando cada estudio con un ejército de guionistas, actores, directores, fotógrafos y demás (todos con sus respectivos contratos de exclusividad) así como con una orientación y estilo definido: Paramount la casa de las superproducciones épicas, 20th Century Fox del cowboy, héroe norteamericano por excelencia, o Universal hogar del cine fantástico y de horror con sus monstruos legendarios.

Dentro de las obvias limitaciones y constricciones de cada género existen algunos que se han caracterizado por las inumerables posibilidades tanto temáticas como visuales que pueden presentar.  Un caso interesante y digno de aproximación es el terror. De claros matices psicológicos su éxito radica en provocar sensaciones directas en el espectador, a manera de manipulación psicoafectiva, utilizando imágenes, sonidos, estímulos, semiótica o sugestión. Así este puede presentar desde una mera incomodidad hasta ansiedad, preocupación, repugnancia, miedo o pavor. Ya desde los albores del cine los Hermanos Lumiére habían causado pánico, de forma involuntaria, con su L’arrivée d’un train à La Ciotat  (1896), Georges Méliès, entusiasta de lo esotérico y sobrenatural, presentaba fantasmas, demonios y magia (por ejemplo Le Manoir du Diable, 1886) o el danés Benjamin Christensen con Häxan (1922) ponía rostro a siglos de brujería, ocultismo y satanismo. Pero tal vez sería hasta Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (Alemania, 1922) donde F.W. Murnau sentara las bases del género y buscara premeditadamente intimidar y espantar a la audiencia (aunque desde la década anterior J. Searle Dawley, Wallace Worsley o Rupert Julian presentaban monstruos legendarios  y relatos que podrían considerarse horror gótico).

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Curtido en el cine experimental el canadiense David Cronenberg (sus dos primeras cintas Stereo y Crimes of the Future, surrealistas mediometrajes alejados de narrativas convencionales, ya presentaban inquietudes y temáticas que se convertirían en constantes de su filmografía) se lanzó de lleno al cine de horror en 1965 con Shivers. Primera película de su fructífera sociedad con su amigo Ivan Reitman (quien luego alcanzaría fama en Hollywood con sus comedias ochenteras) y que se considera una de las pioneras del body horror. Violenta, sexual y gráfica evidenciaba una búsqueda progresiva del director por expandir las limitaciones del género tocando temas como la ciencia, la medicina, la psicología, la genética o las parafilias. Rabid de 1975 es un paso adelante, cimentando la fama de Cronenberg como provocador y maestro del género.

Para 1977 a pesar de su creciente fama las cosas se complicaron. Un extenuante proceso de divorcio aunado a una encarnizada y dolorosa lucha legal por la custodia de su hija sumieron al director en una depresión que irónicamente encontraría su catártica salida en uno de sus mejores momentos, creativamente hablando. The Brood es una cinta de horror que surge de una peculiar premisa. El miedo no a un ente desconocido, intangible o sobrenatural sino el miedo a un ser humano real. Tal vez al único que no deberíamos temer sino amar: a la madre. Cronenberg otorga a la maternidad (culturalmente uno de los íconos mas sagrados e intocables) un escalofriante matiz, creando a un personaje que no solamente es capaz de causar daño y dolor sino de exterminar sistemáticamente a todos sus seres queridos, incluyendo (y en especial) a sus hijos.

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Nola (Samantha Eggar) es una mujer con problemas mentales. Está internada en el instituto Somafree dirigido por el Dr. Hal Raglan (Oliver Reed) quien trata a los pacientes de forma experimental con una técnica llamada psicoplasmosis, consistente en que después de sesiones inmersivas (entre psicoanálisis e hipnosis) los internos puedan externar de forma física sus padecimientos (manifestándose como ámpulas, llagas, protuberancias, tumores o malformaciones) curando de esta forma su interior . Frank (Art Hindle) tiene que cuidar a su hija Candy al tiempo que lucha por su divorcio y por la custodia legal de la niña. Un buen día se suceden extraños y salvajes asesinatos en torno a la familia de Nola, perpetrados por deformes creaturas con cuerpo de niño. Los crímenes se van relacionando cada vez más con el susodicho instituto para finalmente revelar la verdad: las mortíferas creaturas son producto de la madre, concibiéndolas con su odio y deseo de venganza y fungiendo como un desahogo a su creciente psicosis.

Con obvios tintes autobiográficos (el personaje de Juliana Carveth esta inspirado en su propia suegra, ya no digamos el de la madre y la hija) The Brood termina siendo una exploración no de la maldad femenina (la locura y la histeria se representaron cinematográficamente con mucho éxito y precisión en varias cintas de la época basta recordar Repulsion de Roman Polanski, Possession de Andrzej Zulawski o Women under the Influence de John Cassavetes) sino de la destrucción del núcleo familiar, de la imposibilidad de las relaciones humanas, del efecto del divorcio en los hijos. Los padres de Nola están divorciados. Su madre la maltrataba brutalmente de pequeña, el padre pasivo callaba o fingía que no pasaba nada (por apatía o miedo a la esposa). Ambos son alcohólicos. La madre, a pesar de estar internada y severamente perturbada, lucha por la custodia de la hija, presuntamente la golpea (la historia se repite?). Amenaza incluso en que prefiere matar a Candy si el padre gana el pleito legal. Frank, aunque se presenta supuestamente como el padre modelo, es triste, serio, atribulado. Odia a la madre. La escena final con la pareja luchando físicamente y el marido ahorcándola es por demás reveladora. Al final Nola puede morir pero no su sangre, no sus traumas que se heredan cual indestructible virus. En el filme la paleta cromática se viste de significante y perfila a los personajes: las mujeres visten de rojo, de colores fuertes, son peligrosas; los hombres son grises, opacos, débiles.  Curiosamente en cuanto a narrativa y puesta en escena podría considerarse de lo más académico y apegado al género que ha hecho Cronenberg. Howard Shore musicaliza y enfatiza con precisión la cinta. No solo la primera sino una de las mejores colaboraciones de la dupla. Al día de hoy a casi cuarenta años de su estreno el canadiense sigue renuente a hablar de la gestación o el rodaje. Nos quedamos con uno de sus comentarios al terminar de filmar la escena climática de la cinta: “very satisfying”.

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