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t e r r o r i s m e

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/ Nocturama / Bertrand Bonello / Francia / 2016 /

En 1998 el influencial cineasta inglés Alan Clarke filmaba un cortometraje que con el tiempo se volvería su principal referente y obra más audaz. Producido por Danny Boyle, previo a su etapa como director, y expandiendo su enfoque hiperrealista Elephant presentaba una serie de viñetas al parecer inconexas a excepción de estar filmadas de la misma forma: un tracking shot siguiendo a un individuo en plano secuencia a lo largo de calles, callejones o pasillos, siempre mirándolo de espaldas hasta que se topa con la que será su víctima y la aniquila. Al final 18 asesinatos unidos por una frialdad y una falta de crítica nunca antes vista: no hay diálogos, no hay música, no hay narrativa, no hay razones ni consecuencias. Un compendio de casos de la nota roja al parecer solo relacionados por la naturaleza de los actos y por el clima político existente en ese momento. Frío, directo y contundente el corto presentaba una cualidad cuasi documental que de forma astuta e implícita denunciaba los crímenes políticos cometidos en el Norte de Irlanda. El nombre de la obra aludía al fenómeno de tener un elefante en tu propio cuarto y que nadie fuera o quisiera ser capaz de verlo.

Para 2003 el norteamericano Gus Van Sant, a manera de continuación de su Death Trilogy (que empezaba con Gerry, 2002 y terminaría en Last Days, 2005) realizaría un creativo y magnífico homenaje al corto de Clarke, tomando prestado no solamente el nombre sino la estructura visual, adaptando la acción a una matanza de estudiantes en una ficticia preparatoria norteamericana (aunque guardando no pocos paralelismos con la masacre de Columbine). Van Sant además agrega una narrativa elíptica y no lineal, que le permite ir brincando de personaje en personaje repitiendo muchas veces la misma situación desde diferentes puntos de vista, jugando y manipulando con el concepto cíclico del tiempo y el espacio. Trece años después otro realizador, ahora francés, retomaría el trabajo de aquel par trasladando la acción a la ciudad de París en el clima mundial post ataques terroristas del 9/11.

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Nocturama dirigida por el polémico Bertrand Bonello (Le Pornographe, 2001, Tiresia, 2003, L’Apollonide: Souvenirs de la maison close, 2011) es una ficción estructurada en dos actos distintos tanto en ritmo, puesta en escena y narrativa: el primero sigue a una docena de jóvenes por distintas calles de la veintena de distritos que componen la ciudad francesa. Carente de cualquier tipo de narración, diálogo o lógica argumental acompañamos a estos personajes, en su mayoría a paso veloz, en una misión que no quieren compartirnos. Provenientes de distintos estratos sociales, razas y credos (lo podemos intuir por su tez, vestimenta, lenguaje corporal o lugares por los que deambulan) pareciera que lo único que tienen en común es la aparente necesidad de hacer “algo” y su juventud (desde adolescentes hasta profesionistas, pasando por estudiantes o empleados clasemedieros). El estilo escogido por Bonello busca crear confusión, tensión e incluso frustración en el espectador de quien demanda atención, paciencia y curiosidad por ir deshilvanando este complejo puzzle. A lo largo del segmento se nos recompensa con respuestas más no explicaciones. El variopinto conjunto esta en contubernio para realizar un acto terrorista en la capital francesa, la razón de este ataque o la motivación de cada uno jamás sera explicada.

El segundo acto parte del ataque en cuestión momento en que deciden, de acuerdo a su plan, esconderse en una exclusiva tienda departamental en la que uno de ellos trabaja como vigilante. Aquí el registro es diametralmente opuesto. La acción trascurre en una creciente claustrofobia (en contraste con el primer acto que prácticamente transcurre en exteriores) donde la interacción entre los jóvenes, los miedos, culpas, diferencias o carencia de motivaciones aparecen para complicar la situación, y de forma paralela se muestra el hastío y decadencia de una juventud desencantada, frustrada y resentida con un sistema capitalista que no puede evitar seguir amando e idolatrando. De forma por demás astuta va desnudando a sus personajes quienes en un principio parecían valientes y decididos, y ahora son temerosos e inmaduros individuos que lo único que quieren es dar carpetazo, volver a sus casas y seguir con sus vidas. Así de la celebración deviene el caos, de la violencia el miedo.

Nocturama

La cinta sin expresar algún tipo de comentario crítico y cautelosa de no dar explicaciones o devenir en el reduccionismo, nos muestra la vacuidad de una juventud rebelde carente de motivaciones. Individuos que reniegan del establishment pero se cautivan con los aparadores de las tiendas. En una secuencia los personajes se topan con maniquíes vestidos igual que ellos, en otra se convierten ellos mismos en figurines de catálogo al ponerse las ropas exhibidas en la tienda. Bonello, en la segunda parte, propone una estructura cíclica que va muy acorde con el pesimismo de lo que estamos presenciando. Con precisión va concatenando distintas secuencias desde el punto de vista de cada personaje jugando con el tiempo y el espacio, en una narración no lineal que sutilmente pareciera no serlo estableciendo un directo paralelismo con el destino del grupo.

Polémico y pesimista, el filme retrata el sinsentido de la violencia, del terrorismo. Actos destructivos creados por personas inmaduras y descontentas que quieren manifestarse pero no son capaces de prever las caóticas consecuencias, que carecen de motivaciones y razones aunque quisieran tenerlas o fabricarlas: alguno podría escudarse en la pobreza del barrio donde vive, otro en su religión (en una escena un temeroso musulmán quiere buscar la paz en sus creencias a la par que otro mas crítico destruye su débil motivación con un argumento más fundamentado), uno más en el desempleo, otros en su supuesto compromiso social como universitarios y curiosamente el único que profiere un comentario político es el de clase más acomodada. Bonello retrata así a los momentos históricos en los que surge un descontento que deviene en violencia y después en cambio, y así sucesivamente. Desgraciadamente en el mayor de los casos esta violencia es inútil y el cambio efímero, agilizando estos ciclos carentes de lógica y substancia.

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