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m e t e o r o

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/ La Región Salvaje / Amat Escalante / México-Dinamarca-Francia-Alemania / 2017 /

En la escena inicial de Henry & June (Peter Kaufman, 1990) una liberal Anaïs Nin (María de Medeiros) observa entre curiosa y excitada una serie de postales eróticas, captando particularmente su interés un grabado japonés de principios del siglo XIX (firmado por Katsushika Hokusai). La imagen en cuestión (una de las causas que la cinta recibiera una clasificación de NC-17) llamada The Dream of the Fisherman’s Wife
muestra de forma explícita, en el particular estilo shunga, a una mujer teniendo relaciones sexuales con un par de pulpos. La contemplación que abre el filme no es fortuita, de hecho funciona como una suerte de prólogo a una historia sobre la liberación femenina a través de la aceptación de su sexualidad y el posterior empoderamiento que le permitirá desarrollar, tanto sus deseos más reconditos como el florecimiento de su creatividad, sin temor o remordimiento de afectar a terceros (ser causante de la terminación del matrimonio de Henry Miller por ejemplo).

La Región Salvaje cuarto largometraje del guanajuatense Amat Escalante inicia con una misteriosa y emblemática secuencia, una especie de meteorito flota estático en el espacio, de forma poética y simbólica, sirivendo como preámbulo a otra imagen más peculiar (y peturbadora): una mujer desnuda en un bellísimo encuadre en claroscuro (que bien podría ser un cuadro de Rembrandt), gime orgásmica entre temerosa y extasiada, mientras un fálico apéndice que pareciera un tentáculo se aleja lentamente de entre sus piernas. Al final solo queda un lecho ensangrentado y la potencia de una fotograma difícil de apartar de la menta. Corte y nos transportamos a un lugar común en la filmografía del cineasta: un barrio popular de su natal Guanajuato donde conoceremos a una familia clasemediera promedio. Marido machista y homofóbico, esposa abnegada y apocada, hijos pequeños traviesos. Retrato común de la pesada cotidianeidad que en su monótona existencia siempre esconde secretos. En este caso la relación homosexual y apasionada que guarda el esposo con su cuñado, un afable enfermero, que aunque con sentimiento de culpa no puede alejarse del apasionado pero dañino triángulo. La historia se complica (aún más) al entrar a escena Verónica, la misteriosa mujer de la escena inicial, quien ante el agresivo rechazo de la insaciable (sexualmente) creatura extraterrestre se cuela a la estructura familiar buscando nuevos cuerpos para satisfacerla.

Region Salvaje Amat Escalante

Escalante articula una cinta que parte de la ciencia ficción, del espacio. Un meteorito cae en la tierra y este suceso tiene una repercusión en lo que lo rodea. En  una escena,  de las más fuertes visualmente y mejor logradas, seguimos en un plano secuencia a un perro, que transitando por el bosque se topa con el lugar donde aterrizó el meteoro. El cráter en cuestión tiene un poder atractivo, cuasi sensual. Dentro de él, enloquecidos por sus instintos, se desarrolla una orgía de animales diversos, perturbador pero de gran belleza el cuadro se convierte en un recordatorio de la naturaleza animal (de la atracción de la tierra, la fecundidad, el deseo convertido en ritual de apareamiento) y en una mirada a la disrupción causada por la llegada del objeto estelar. Cerca de ahí se ubica una cabaña, aislada de la civilización, habitada por una pareja de edad madura, dos ermitaños al parecer científicos o investigadores, que sirven como protectores/anfitriones del visitante extraterrestre. Ellos además, son los encargados de proveer a los individuos que saciarán sus impulsos. El encuentro, a pesar de su carácter pavoroso tendrá un grado de reciprocidad materializado en un placer absoluto, que libera pero al mismo tiempo esclaviza, degenerando en una peligrosa adicción. La creatura en cuestión también es capaz de dar dolor y muerte, cuando en su carácter volátil se cansa de un ser (manifestándose en su trato violento y agresivo) exige nuevos compañeros. La cinta así transitará entre esos dos grandes ejes llamados eros y thanatos, esa connotación que Sigmund Freud asignó a las pulsaciones instintivas básicas, al sexo y a la muerte.

Hay cineastas que por una cualidad innnata o por mera casualidad logran una genialidad en su ópera prima. Unos pocos cumplen las expectativas reafirmando su talento con cada obra que firman, los otros simplemente quieren repetir al cansancio la fórmula ganadora o se pierden en la mediocridad. Amat Escalante no corresponde a ninguna de las anteriores. Su primer trabajo Sangre (2005) si bien lejos de ser una película ninguneable era de alcances modestos, tanto en su desarrollo como en su cinematografía. Gran deudor del cine de Carlos Reygadas y del francés Bruno Dumont, fué juzgado más por sus influencias que por su originalidad (de destacar la escena final). A partir de ahí lo clasificaría como evolutivo. Un director que cada filme que presenta sube un peldaño, mejora su propuesta, explota sus aciertos y se atreve a experimentar. Con Los Bastardos (comparada con el Funny Games de Michael Haneke, 1997) se vislumbraba una búsqueda técnica/estética evidenciada desde la escena inicial reminiscente de Andréi Tarkovski. Para La Región Salvaje observamos un gran progreso. Es su mejor película y la que lo consolida como auteur. Con un estilo definido, una voz y estética propia y una serie de constantes visuales/temáticas establecidas. Además, por vez primera en su obra, encontramos la belleza y la elegancia. En el encuadre, la iluminación, la puesta en escena. Sin sacrificar su habitual naturalismo, y siguiendo la pauta marcada por Heli (2013) que en más de una secuencia se mostraba poética y estética, Escalante presenta una fotografía evocativa, pensada, cada fotograma cuidado minuciosamente. Remarcable es la colaboración de Manuel Alberto Claro, chileno afincado en Dinamarca colaborador habitual de Christoffer Boe o Lars von Trier, quien en atinado tándem con el mexicano logra maravillas tanto en el aspecto compositivo como en las atmósferas y el mood de la cinta. También es de reconocer el trabajo de sonido, tanto en efectos como en el score así como la firme dirección artística.

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Reminiscente de cintas tan disímbolas como Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013) donde un alienígena con apariencia femenina utiliza sus encantos femeninos/sexuales para atraer incautos con nefandos resultados (metraje que en el aspecto estético también juega con los contrastes y los claroscuros, especialmente en los encuentros amatorios), Antichrist (Lars von Trier, 2009) donde a la idílica concepción de una cabaña en medio del bosque se le otorga la cualidad de poder curar, de liberar de las culpas y exorcisar el dolor (ver entrada 63) o la comparación más obvia, y que merecidamente recibe una dedicatoria in memoriam al final de la cinta, Possession (Andrzej Żuławski, 1981) donde se narra la desintegración de una pareja fungiendo como elemento disruptor la infidelidad de la protagonista con una demononiaca criatura tentacular que lo mismo posee su cuerpo que su mente, llevándola a la locura con trágicas consecuencias. Escalante alejándose de su zona de confort y tomándo distancia (aunque sea parcialmente) de su característico estilo nos receta virtuosamente una amalgama de géneros que van desde el sci-fi al horror psicológico (y corpóreo) pasando por el drama familiar. Así, sin renegar de su sello contemplativo/hiperrealista lo intercala con expresivas y muy bien logradas secuencias fantásticas y sobrenaturales.

Donde Von Trier asocia a la naturaleza con la muerte, con la ausencia del dios y destina a la fémina a sentir culpa por sus impulsos (a purgar por medio de la mutilación incluso de la muerte misma), Escalante establece que del placer sigue el dolor, la liberación solo se alcanza por la aceptación total del ser o por la muerte. En La Región Salvaje las consecuencias no son purgatorias, pero si trágicas. La aceptación del placer conlleva una realización de la mortalidad, la liberación de nuestras pulsaciones tiene una caducidad (en este caso los deseos de la creatura) y una cuota (la imposibilidad de alejarse a pesar del miedo o el dolor que se pueda sufrir). La cinta articula así un relato que no se basa en moralinas o en meras representaciones de estereotipos sociales (machismo, doble cara, violencia intrafamiliar, infidelidad) sino en una manifestación del deseo reprimido, violenta y explosiva. Hablamos de límites no de limitantes, de materialización del deseo embriagante, de la locura proveniente de lo más profundo de la naturaleza.

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