113

u n e  f o r ê t

un-lac03Un Lac / Philippe Grandrieux / Francia / 2008

Un close up cerrado, cámara al hombro temblorosa, jadeos, imagen distorsionada, grano excesivo, desenfoque, alteración del encuadre, sonidos amplificados. Apenas es la primera escena y ya nos sentimos confusos pero atraídos. Tras unos segundos de este espectáculo sensorial nos damos cuenta que estamos ante un leñador talando un árbol, un acto tan mecánico y básico resulta fascinante ante la lente de Grandrieux: por medio de recursos audiovisuales separa las significantes del contexto y las resitúa en los dominios del arte conceptual, una confrontación entre la violencia del acto humano (en su forma más pura) y las implicaciones del mismo. El encuadre es tan cerrado que parece, en primera instancia, que los golpes van hacia nosostros, los espectadores. De cierta manera es lo que sucederá a lo largo de los 90 minutos de metraje. La siguiente escena contrasta en ritmo y forma, ahora la cara del leñador se alterna con la copa de los árboles, para después uno de ellos caer fruto de la faena. La tercer escena es igual de fuerte pero más perturbadora: vemos los ojos en blanco del leñador, sus manos temblar, su boca arrojar espuma, su cuerpo caer en la nieve en pleno estertor. Poco a poco nos percatamos que el protagonista sufre un ataque presuntamente epiléptico. Lo horrible del cuadro contrasta con la belleza de la blanquísima nieve en la cual se hunde el cuerpo, cual metafórico ataúd, creando un mudo registro de la situación.

Alexi (Dmitry Kubasov) es el hijo mayor de una familia de cinco, corta leña y realiza actividades de recolección, fungiendo como el elemento proveedor. Hege (Natalie Rehorova) es la hermana adolescente, con la cual el jóven y ensimismado Alexi mantiene una relación muy estrecha, a medio camino entre devoción y proclividad incestuosa, propiciada lógicamente por el aislamiento y los naturales (de naturaleza, instintivos) impulsos psicosexuales de un tipo de su edad. El clan se complementa con el padre (un pasivo hombre mayor), la madre (quien es ciega) y el hijo pequeño. Con una estructura familiar reminiscente de esa gran ópera prima de Marco Bellocchio (Fists in the Pocket, Italia, 1965) Un Lac desenvuelve lentamente las peculiares dinámicas que discurren entre las actividades productivas del hijo, sus (cada vez más frecuentes) ataques, los jugueteos de los hermanos mayores, las caricias de la madre y un omnipresente silencio que pocas veces desaparece. Curiosamente entre los pocos diálogos del filme se ubica uno muy ilustrativo: la madre pide al primogénito le lea de un libro, este lo toma pero solo para estrecharlo contra su pecho y recitar de memoria: “As men die, so do beasts. There is only one soul. No man has dominion over the wind”, confirmando así la hipótesis del papel de la implacable naturaleza sobre los empequeñecidos e indefensos seres humanos, y estableciendo una diferenciación entre hombre y animal (personificado por el papel de la memoria congnitiva). Hasta ese momento, todo parece funcionar de una forma mecánica, rutinaria, hasta que aparece una figura portadora del caos: un atractivo joven que se convertirá en el objeto de afecto de Hege y trastocará el aparente equilibrio existencial de Alexi.

un-lac02Los recursos narrativos de Grandrieux se ubican en el montaje, en el sonido y en el control de la imagen. De fuerte influencia Bressoniana, toma del maestro francés lo que el filósofo Gilles Deleuze haría en bien llamar montaje háptico: un estilo de edición tan próximo, tan abstracto y conceptual que se antoja táctil, sensorial vamos. Utiliza el poder del encuadre, y el privilegiar la noción del hecho sobre su representación. Bresson no buscaba imágenes bellas sino imágenes necesarias, un rigor formal y una minuciosidad temática. Grandrieux parece haber ententido la lección. Cabe destacar también que a diferencia de su colega Bruno Dumont (otro fiel discípulo Bressoniano) coquetea más con el avant garde y la propuesta artística que con la obviedad instintiva y corpórea presentada por el primero. Un Lac evita el plano abierto y descriptivo, sus cerrados y restrictivos encuadres son un reflejo de la psicología del relato pero también de una necesidad de no dotar de elementos ornamentales y reiterativos: no es prioritario tener una panorámica del bosque para saber que existe, o un tracking descriptivo de su vivienda para concer como es su hábitat.

El cine de Grandrieux es sensorial, sujeto a la experimentación más que a la apreciación. Con Un Lac, tercera cinta en su haber, traslada su narrativa (si podemos llamarla de esta manera) a la naturaleza salvaje (con todas sus implicaciones) y su objeto de estudio es el núcleo familiar. Partiendo de una interesante premisa similar en su génesis a Teorema (Pier Paolo Passolini, Italia, 1968), o a su bizarra suerte de reinterpretación llamada Borgman (Alex van Warmerdam, Holanda, 2013), sitúa a un grupo de individuos aislados del mundo y la civilización viviendo en complicadas situaciones geográficas/climatológicas que solo incrementan el sentimiento de reclusión en el cual habitan. Estableciendo nexos temáticos con obras de directores contemporáneos como Lars Von Trier (Antichrist, Dinamarca, 2009), Bruno Dumont (Hors Satan, Francia, 2011) o Alexei Popogrebski (How I Ended This Summer, Rusia, 2010) Grandrieux propone a la naturaleza como un ente vivo, independiente, poseedor de bondad y maldad por igual, portador de una causalidad y fatalidad ineludible por el ser humano. El bosque de Von Trier o los cuasi apocalípticos parajes árticos de Popogrebski aquí son manifestados por capas de nieve circundadas por altísimos árboles y una espesa bruma que dota de una atmósfera fantástica (incluso maléfica) al desolado paraje que coexiste con el gélido río en cuestión. Un Lac invita a la experiencia sensible, a la resignificación del acto cinematográfico, a la visitación y revisitación. Tal vez el filme más próximo de Grandrieux pero también el más tangible.

un-lac04

112

b l u e b o o k

IdQNvEx_Machina / Alex Garland / Inglaterra / 2015

Alex Garland no es ningún novato. Asiduo colaborador de Danny Boyle y prestigiado guionista, decide brincar a la silla de director de la mano de un interesante film que si bien se aleja de la pirotecnia audiovisual de Boyle comparte con él no pocas inquietudes y constantes. Con 28 Days Later Garland (autor del screenplay) proponía una fábula alegórica pero al mismo tiempo realista: en un apocalíptico mundo reinado por zombies un grupo de sobrevivientes trata de huir, solo para toparse con un enemigo más cruel y destructivo, los mismos seres humanos. Ingenioso, realista y mordaz en partes iguales consiguió el éxito comercial y la resurrección de la carrera de Boyle, quien desde Trainspotting (Inglaterra, 1996) no daba pie con bola. Después vendría Sunshine (Inglaterra, 2007) donde la narrativa se trasladaba al espacio, y el enemigo, para variar, estaba entre nosotros mismos. Afinando la pluma y el intelecto el guionista desarrolló otros proyectos interesantes, explorando las posibilidades del sci fi, como Never Let Me Go (Mark Romanek, Inglaterra, 2010) o Dredd (Pete Travis, Inglaterra, 2012), para culminar con la realización de su ópera prima, un vívido y aleccionador relato llamado Ex_Machina.

Caleb (Domhnall Gleeson) es un prometedor programador que trabaja para Bluebook el más exitoso motor de búsquedas por internet. Un buen día, y al parecer debido a su buena suerte, gana un sorteo cuyo premio es pasar una semana complete en la casa del excéntrico y elusivo dueño de la compañia (un joven genio a la Mark Zuckerberg, rico y mitificado). Caleb es trasladado en heilcóptero a un exótico paraje donde se le pide que siga caminando hasta que encuentre su destino. El lugar en cuestión es una hipermoderna residencia camuflada entre la vegetación y que tras sus complejísimos (y al parecer infranqueables) sistemas de seguridad vive en aislamiento y soledad su enigmático jefe. Así y tras un primer encuentro, conocemos a Nathan (Oscar Isaac) un desarreglado e intimidante sujeto que pasa los días entre litros de alcohol y extenuantes sesiones de ejercicio. De buenas a primeras y sin mayor preámbulo nos damos cuenta de las verdaderas intenciones de la invitación: crear una cortina de humo para justificar la participación del prometedor joven en un experimento que convertiría al primero en un dios y al segundo en testigo y cómplice de un momento clave en la historia de la humanidad. El invento a probar es un androide poseedor de una muy desarrollada (y entrenada) inteligencia artificial, y que cuenta con el rostro, voz y manos de una hermosísima mujer (Alicia Vikander). La labor de Caleb consistiría en realizar un test de Turing (prueba para medir si el comportamiento artificial es similar, o incluso indistinguible, al de un ser humano) verificando el nivel de desarrollo cognitivo y sensible del robot y, si resulta positivo, revolucionar la existencia de los hombres y las máquinas. Obviamente las cosas no serán tan fáciles ni bellas como parecen y una avalancha de engaños, decepciones, manipulaciones y odio se desarrollará entre el triángulo protagónico.

lijc5wdprlmkvl9s5cs4

Ex_Machina presenta una premisa similar en temática y matices a Her (Spike Jonze, USA, 2014) abriendo las posibilidades a la existencia de una inteligencia superior proveniente de fuentes artificiales capaz de sentir y generar sentimientos (incluso enamoramiento) en los seres humanos. Pero mientras el filme de Jonze juega con los alcances de la mente (Samantha es un ente virtual, sin componentes corpóreos o tangibles, meramente una sensual voz proveniente de un dispositivo electrónico), Garland le otorga una belleza cuasi real, lo que la humaniza: de la vista nace el amor. En ambas cintas el hombre termina sintiéndose (o siendo) traicionado: la evolución intelectual de estas máquinas no siempre camina en la misma frecuencia de la de los seres humanos, ni se manifiesta de la misma manera, no están exentas de pulsaciones negativas como el engaño, la manipulación o la decepción. Mientras Jonze realiza una tragicomedia, Garland opta por el suspenso mediante un relato reminiscente de la dinámica creatura/creador del Frankenstein de Mary Shelley. Nos topamos con la babélica búsqueda del individuo por convertirse en dios y en las (terribles) implicaciones de su ego desmedido.

Garland se vale de una puesta en escena sofisticada, elegante. Utiliza una iluminación especial para alejarse de la estética visual típica del cine sci fi alterando la paleta cromática. Aprovecha al máximo los efectos especiales y el CGI sin abusar de ellos, resultando creíble y realista (recordándonos en su cuidado despliegue visual a ese gran video de Björk llamado All Is Full of Love, dirigido por Chris Cunningham). Saca el mayor provecho del presupuesto haciendo parecer su modesto filme independiente un multimillonario blockbuster. Dota de un ritmo pausado, contemplativo, privilegia las visuales y es atinado en los diálogos. Las vueltas de tuerca están bien justificadas, el guión es sólido y con pocos tropiezos. Ex_Machina es una obra meritoria, interesante, que plantea situaciones relevantes a nuestra existencia. La interacción con las máquinas, el aislamiento de los seres humanos, los avasallantes avances tecnológicos, la facilidad para obtener y manipular información por medio del internet.

Ex-Machina-Download-Wallpapers