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Her / Spike Jonze / USA / 2013

El ser humano es un ente particular. Desde tiempos inmemoriales su incapacidad para adoptar (y aceptar) la soledad lo ha obligado a vivir en comunidad. Estas agrupaciones (llámense clanes, grupos, pueblos, naciones) parecieran destinadas al fracaso (conflictos, guerras, crimenes, enemistades) tanto como al aparente éxito (matrimonio, familia, sociedad, religiones, política). Dentro de este espectro de amor/odio se ubica la desesperación intrínseca del individuo que, incapaz de estar solo (arraigado temor que lo lleva a evadir su ser para intentar perderse en los otros), busca desesperadamente la aceptación social (la mayor de las veces con agridulces resultados). La tecnología, supuesto recurso creado para faciltar la vida del sujeto y simplificar sus problemas, termina a menudo, cayendo dentro de esta paradoja generando alienación donde debería existir convivio, y asilamiento en vez de comunión.

Es dentro de este complejo marco de las relaciones humanas donde sitúa el hábil Spike Jonze la premisa de su última, y más lograda cinta (que con su breve pero sustanciosa filmografía es mucho decir). Theodore Twombly es un peculiar y ensimismado individuo que dedica su tiempo a escribir las cartas que nadie quiere (o tiene el tiempo, o se quiere dar el tiempo) de escribir. Cartas de amor, de agradecimiento, de despedida, de felicitación, todas ellas de una sensibilidad exquisita producto de la pluma de un atribulado personaje (quien para rematar esta en el aftermath de un doloroso divorcio) que navegando entre este idílico mundo busca una catarsis y un escape de su penosa realidad. Un buen día adquiere un OS (sistema operativo) que supuestamente es capaz de poseer inteligencia artificial. El resto es fácil de dilucidar. Nuestro solitario y aislado amigo termina enamorándose rotundamente del software en cuestión (que se manifiesta cual encantadora SIRI a través de la sexy y rasposa voz de Scarlett Johansson).

her-blurayJonze no es primerizo en tocar estos temas. Su obra esta permeada por esa agridulce sensación de no pertenecer, ya sea de la mano de un atribulado titiritero obsesionado en controlar a una celebridad cual marioneta de su taller (Being John Malcovich, 1999); de un talentoso escritor siendo consumido por un interminable bloqueo (aunado a una creciente envidia por su gemelo y una obsesion por un reportaje de orquideas) (Adaptation, 2002); o de un niño habitando un mundo imaginario plagado de gigantescas creaturas que sufren y se conflictúan por una realidad que no son capaces de comprender (Where the Wild Things Are, 2009). En sus primeros filmes la surrealista pluma de Charlie Kaufman y la sólida y creativa dirección de Spike Jonze fueron el maridaje perfecto para la construcción de dos obras mayores, en la tercera la literatura infantil de Maurice Sendak abre las puertas para el gozo visual y el aflore sensible. Her, su cuarta obra e inspirada por su corto del 2010 I’m Here, pareciera escrita por Kaufman emparentándose no solo con las cintas de la dupla sino con otra obra firmada por el escritor: la excelente Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004).

En la cinta de Gondry se muestra un mundo distópico pero extrañamente familiar al nuestro, en el cual los individuos pueder borrar sus recuerdos, por dolorosos que estos sean, buscando una artificial y utópica felicidad que pareciera inalcanzable. El filme, poético y sensible, combinaba hermosas visuales con sustancial temática. Similares comentarios podríamos hacer de Her. Aquí la realidad tambien es futurista pero muy próxima, muy reconocible. La urbe habitada (mezcla de Los Ángeles y Shangai) está plagada de gigantescos y ultramodernos edificios inteconectados por plazoletas, andadores, escaleras eléctricas y elevadores, por las cuales transitan hordas de zombies hipnotizados por sus telefonos celulares (hablando en voz alta por sus dispositivos manos libres). También es curioso como los personajes que nos muestra Jonze padecen de lo mismo: inseguridad, soledad, miedo, neurosis, depresión. La vecina, y mejor amiga, se muestra ansiosa y nerviosa todo el tiempo, pareciendo más comoda en la compañía de una amiga digital (otro OS) o de un peculiar videojuego (sobre un ama de casa “perfecta”) que con su (ex) esposo. La atractiva cita a ciegas de Twombly termina pasando de atrevida y extrovertida a insegura, casi exigiendo certezas a una incipiente relación que nisiquiera existe. La ex esposa bipolar y agresiva pero que es la única que le dice sus verdades y parece conocerlo realmente.

Her1El director articula así una cinta habitada por depresivos y taciturnos personajes cuya imposibilidad para convivir y relacionarse trasciende a los seres humanos, convirtiendo incluso la idílica relación con su ordenador en un fracaso rotundo. La crítica es fuerte y directa, nuestro protagonista siente celos, es posesivo, pelea y recrimina a un sistema operativo que momento a momento crece en conocimientos y sensaciones evolucionando de una manera que los humanos somos incapaces de hacer. También es de aplaudirse que Jonze, no contento con solo esbozar la peculiar historia de amor, muestra sus viscicitudes e implicaciones: si el sistema operativo carece de cuerpo físico, como se pueden concretar las relaciones sexuales? (la autosatisfacción termina siendo egoísta y solitaria diluyendo la noción de realidad que podría existir en el intercambio verbal), situación que soluciona con la introducción de la sustituta sexual (una mujer real, que enterada de la relación de la pareja, quiere participar de este amor mediante una especie de cyber threesome que obviamente termina en desastre).

La fuerte carga sensible del filme es apoyado por la estructura narrativa. Un coloquio de flashbacks, pensamientos, sueños y realidades se mezclan cual emotivo collage que nos ayuda a conocer mas de un entranable Theodore (Joaquin Phoenix en un papel muy diferente a los que nos acostumbra). La música, la iluminación, el ritmo, el mise-en-scène, el montaje, todo encaja perfectamente en esta realista fábula sobre un reconocible modelo de vida que cada vez se acerca más al nuestro. Phoenix brinda una de las mejores actuaciones de su carrera, el holandés Hoyte van Hoytema (colaborador de cabecera de Tomas Alfredson) convierte a la imagen en poesía, la banda candiense Arcade Fire se sale de su zona de confort musicalizando la cinta, y el buen Jonze da cátedra de cine.

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