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Kingsman: The Secret Service / Matthew Vaughn / Inglaterra / 2015

Las historias de espías y agentes secretos tomaron un rol protagónico en las novelas (y posteriormente filmes) de la segunda mitad del siglo XX. Tanto lo acontecido en las dos guerras mundiales y la estresante Guerra Fría (y posteriormente, ya en el siglo XXI, la lucha contra el terrorismo a partir del fatídico 11 de septiembre) como la secretividad de los gobiernos al abordar estos temas, alimentaron una mitología habitada por sofisticados caballeros (que al final no eran otra cosa que cruentos asesinos), hermosas mujeres (importadas del estereotipo de femme fatal de la novela negra), geniales villanos (de genio esto es), ambientes cosmopolitos, misteriosas agencias de inteligencia y complejas conspiraciones. Las novelas de Ian Fleming, tal vez las mas representativas del género, rápidamente se trasladaron al cine y de la mano de su protagonista, de nombre James Bond, se convirtieron en un éxito mundial creando el ideal masculino por excelencia y una más que redituable franquicia (cuasi omnipresente hasta nuestras días).

No es de sorprender que un género con características tan particulares (y en muchos casos inverosímiles e irrisorias) se convirtiera en un blanco fácil para las parodias, que popularizadas por el cine de Mel Brooks o del colectivo Monty Python, atacaban y ridiculizaban cuanto tenían en frente, llamémoslo política, sociedad, historia, religión o íconos de la cultura popular. La primera cinta que parodió directamente al cine de espías fue Casino Royale (Hughes, Huston, McGrath, Parrish, Guest, Inglaterra, 1967), que adaptada directamente de la primera novela de Fleming, mostraba por medio de sketches una deconstrucción caótica e hilarante (y con un muy inglés sentido del humor) de los convencionalismos del género. Vendrían después cúmulos de cintas desde Top Secret! (Abrahams, Zucker, Zucker, USA, 1984) hasta Austin Powers: International Man of Mystery (Jay Roach, USA, 1997), cada vez más absurdas, básicas y redundantes.

kingsman-the-secret-service-031-970x548-cEl muy capaz productor inglés (convertido en director gracias a la encomiable La4er Cake del 2004) Matthew Vaugh se curtió colaborando con Guy Ritchie en sus primeras cintas (Lock, Stock and Two Smoking Barrels y Snatch), para luego saltar a la dirección de obras, que aunque con desiguales resultados, mostraban ya un interesante oficio: una visión peculiar (denostada en el enfoque que da a historias que en otras manos resultarían genéricas y adocenadas), un gusto por complicadas (y muy bien coreografiadas) escenas de acción, un sentido del humor que va de lo sofisticado a lo mas burdo y escatológico, predilección por lo explícito, un aire paródico, temáticas fantásticas de super héroes, super espías, etc… que se deconstruyen y reconstruyen gracias a un incisivo estudio de sus partes y convencionalismos.

Después de un par de sonados éxitos como Kick-Ass (Inglaterra/USA, 2010) (que podría funcionar como preludio a su última cinta, por las similitudes visuales y temáticas que establece) o X-Men: First Class (USA, 2011) adapta libremente un comic (de nuevo) con el emblemático nombre The Secret Service. La historia es tan simple que parece que nos la han contado mil veces: un grupo de sofisticados y flemáticos ingleses conforman un ultra secreto grupo de espías que trabajan bajo el radar, con la finalidad de cuidar (y proteger) a nuestro planeta (con todos sus habitantes incluidos) de cualquier tipo de amenaza. Un buen día esta llega de manos de un ecológico super villano siendo obligados a reclutar a un rebelde joven, que aunque alejado del estereotipo buscado por el grupo, terminará salvando al mundo y acabando con el tirano.

kingsman-the-secret-service-035-970x548-cLo interesante aquí, además de la cuidada estética y sofisticada puesta en escena, es el desparpajo que le imprime Vaugh creando un filme imposible de realizar en Hollywood (y mucho menos en el esquema trazado por compañías como Marvel/Disney). De hecho en Estados Unidos se proyectó con varios minutos censurados buscando evitar la terrible clasificación para adultos (lo que alejaría a los jóvenes y adolescents de los cines situación que detonaría un importante decremento en los ingresos de taquilla al ser estos los principales consumidores de la industria). El inglés no titubea en introducir hiperviolencia explícita (la secuencia de la iglesia es un gozo irreverente como pocas), escatológico y misógino humor (la escena final de la princesa escandinava, y el burdo pero efectivo gag alrededor de esta situación, ingenioso tributo al más clásico cine de espías), sorpresivas situaciones (no se tienta el corazón en exterminar personajes protagónicos), connotaciones racistas (todos los personajes son blancos a excepción del villano quien es afroamericano y se viste como una caricatura del estereotipo de estos) o una ambientación anglocéntrica (que aleja la acción de las tradicionales urbes norteamericanas o de exóticas locaciones).

Kingsman es un logrado y efectivo filme que lo mismo divierte, emociona, genera risas y levanta cejas. Sin duda la mejor cinta del inglés, deudora del ritmo y visuales de Ritchie, las historias de Fleming, la elegancia de Saville Row, el desparpajado humor de Monty Python y la flexibilidad de una industria (que tal vez por su escala) aún no sucumbe de forma esclavizante a los designios de los ingresos económicos. God save the Queen.

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