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We Need to Talk About Kevin / Lynne Ramsay / Inglaterra-USA / 2011

Paradojas. Contrastes. Blanco y negro. Bueno y malo. Histórica y ontológicamente la maldad ha sido el otro peso de la balanza, el que da sentido a las normas, los reglamentos y las religiones. Sin el miedo que esta provoca el hombre (y por consiguiente el mundo en que vivimos) sería completamente diferente. Pero, ¿la maldad es innata o se trasmite por genética?, ¿se nace con ella o se desarrolla por la experiencia?. ¿Está arraigada en todos los seres (en algunos quedando siempre encapsulada esperando a un detonante y en otros más está presente y libre desde el nacimiento)?. ¿Es un reflejo de los padres o el núcleo familiar (o la ausencia de él), o es un castigo divino?. Miles de incógnitas y miles de (posibles) respuestas.

El tema es tan complejo como la existencia misma y ha sido abordado desde enfoques metafísicos, psicológicos, médicos, académicos, empíricos o religiosos. Lionel Shriver escribió en 2003 un libro llamado We Need to Talk About Kevin partiendo del punto de vista de una madre, que después de ver el daño y destrucción que su hijo ha causado en su comunidad emprende un reflexivo (y analítico) viaje al pasado, a su rol como madre, como influencia y como ser humano tratando de encontrar las pistas que tentativamente llevarían a un aparente niño normal (y proveniente de un hogar funcional) a trastocarse en un cruel psicópata. Narrado de forma epistolar entre la madre y el padre (cartas siempre escritas por la primera) el libro se convertiría en un best seller y en un interesante material para pensar y repensar.

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La adaptación del libro fue larga y compleja. Más de cinco años llevaría desarrollar y levantar el proyecto, culminando con el estreno de la cinta en el festival de Cannes de 2011. El filme dirigido por la talentosa (e irónicamente poco prolífica) Lynne Ramsay con un guión firmado por ella y su esposo Rory Stewart Kinnear, se estructura como una serie de viñetas intercaladas, sin respetar un aparente orden cronológico o narrativo, que navegan entre varias etapas temporales dentro de la historia, mezclando cotidianeidad con realismo y con oníricas y poéticas secuencias. El aparentemente caótico montaje es product de la lúcida interpretación que Ramsay hace del texto, sustituyendo las cartas (que hacen las veces de radiografía de los sentimientos de la madre) por imagenes, aprovechando (y estirando) al máximo las posibilidades del lenguaje cinematográfico.

El filme inicia con una maravillosa e hipnótica secuencia: Eva Khatchadourian (genial Tilda Swinton) participa activamente (junto con cientos de descamisados individuos) de la Tomatina (festividad popular de Valencia, España). La cadencia de los cuerpos hacinados crea un balance entre violencia y poesía potenciado por la expresividad (y explosividad) de los tomates contra la piel. Ramsay le imprime una intensa tonailidad color rojo sangre que se convertirá en el leit motiv de la cinta, estableciendo desde este momento una sensación de brutalidad, violencia y fatalidad ominpresente a lo largo del metraje.

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Lo que en un principio pareciera caótico poco a poco toma forma, siendo el hilo conductor de la cinta las emociones de la madre quien, de adelante hacia atrás, hurga en sus recuerdos buscando armar un confuso puzzle que más que ofrecer respuestas concretas le otorgue un sentido a su vida y una hipotética redención a sus actos. Así vemos como la madre (alejada del estereotipo tradicional) culpa al hijo por abandonar su ascendente carrera, como se frustra por el incontenible llanto del bebé, o como muestra interés en un momento y desprecio en otro debido a la errática y manipuladora conducta del infante.

A lo largo del crecimiento de Kevin atestiguamos que nada está bien, de bebé llora constantemente, de pequeño no habla y usa pañal, de adolescente confronta constantemente a la madre no mostrando el menor respeto o pudor por la progenitora. Curiosamente la figura paterna pareciera alejada de los focos rojos activados constantemente por el niño y justifica superficialmente las acciones culpando, como es de suponerse, a la madre de ser poco tolerante o paranoica. We Need To Talk About Kevin no ofrece respuestas ni otorga concesiones. No es un juicio moral ni una historia de redención. Es un aterrador relato sobre una realidad latente, sobre la terrible premisa que el peor enemigo esta dentro del hogar.

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