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g r i e v i n g

Mont Blanc (Aris Servetalis) leads a group of people who offer a peculiar service: the replacement of departed loved ones. Imitating hairstyle and favorite quotes is normal, though some in his group go so far as to re-enact more private events.

Alpeis / Yorgos Lanthimos / Grecia / 2011

Si Alpeis es una altruista organización, una creativa manera de generar ingresos, un grupo teatral de aspirantes a actores o una terapia de catarsis para sus integrantes no queda nunca en claro. Solo sabemos que la integran cuatro individuos (dos hombres y dos mujeres), a cual más de distintos en edades, niveles socioeconómicos, profesiones y motivaciones. Al parecer sacados del más reverendo absurdo, o de la más patética caricaturización de la moderna sociedad en que vivimos, tenemos a una enfermera (Aggrelikki Papoulia, actriz de cabecera del director) afable y dedicada que lo mismo cuida de sus pacientes con al parecer sincera entrega que se hace cargo de su senil padre; a un paramédico que hace las veces de Mount Blanc el líder del grupo (quien ingeniosamente es el más enigmático, del que casi no tenemos información y que menos tiempo aparece a cuadro); a una dedicada pero insegura gimnasta (Ariane Labed, esposa de Lanthimos en la vida real); y a su entrenador, un escueto, parco pero autoritario hombre maduro.

La labor de Alpeis es simple: ellos a petición de los deudos (familiares, amigos o parejas) suplantarán a una persona fallecida, (durante un horario y una frecuencia previamente establecidos) con la intención de ayudar a superar la perdida del ser querido. Lo absurdo de la tarea se equipara a lo absurdo de su ejecución: de forma torpe e improvisada los aspirantes a suplantadores intentarán personificar a un difunto al que no conocieron, pretendiendo hacerlo por medio de superfciales datos (cual era su actor de Hollywood favorito, su cantante pop preferido, etc…), por alguna prenda de vestir o por alguna seña particular visualizada en una fotografía. Curiosamente, y como lo vamos observando a lo largo de la cinta, los más necesitados de terapia son los Alpeis en si mismos, y sus intentos resultan cada vez más pateticos y desesperados, creando desafortunadas situaciones, delicados errores e incluso situaciones violentas.

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Estableciendo no pocos nexos con su cinta anterior (Kynodontas, 2009) Lanthimos conserva el restrictivo estilo y existencial ánimo pero introduciendo un fársico y negrísimo humor que otorga una atmósfera diametralmente opuesta. Los personajes son inconexos, torpes, generadores de un agridulce sentimiento: no empatizamos con ellos pero tampoco queremos que sufran un mal. El director se encarga por medio del cuidado encuadre, de la iluminación y del selectivo (y en ocasiones desconcertante) enfoque, de establecer esta separación entre el espectador y el personaje, acentuándolo con una mecánica actuación (a veces robotizada) que trastoca las realidades de este metarelato (los actores del filme son actores dentro de él, creando una especie de reflejo dentro del reflejo, confundiendo y alienando no solo al espectador sino a ellos mismos).

En no pocos aspectos Alpeis me recuerda a Idioterne (Lars Von Trier, 1998), aunque con distintos estilos, alcances y resultados. En ambas cintas observamos a individuos de ambos sexos, arrancados de una clase media citadina, que buscan ser alguien más. Por juego, terapia, catarsis, trabajo o ganas de ayudar a los demás (de una retorcida manera) estos individuos establecen una realidad paralela, virtual, que los arranca de su cotidianeidad pero paradójicamente los acerca inexorablemente a esta misma. En Idioterne (como su nombre lo dicta) los integrantes del grupo pretenden tener un retraso mental, actuando de tal forma que física e intelectualmente se aislan de su realidad. En Alpeis pasa algo similar, con la diferencia de que el supuesto objetivo no es egoísta sino buscar ayudar a las personas a superar una perdida, y el supuesto no es crear una realidad paralela sino afrontar las viscicitudes e implicaciones de la realidad vivida. En ambos filmes hay individuos que son inmunes a la repercusión psicológica de esta pretensión, dejando en el lugar de reunión del grupo su otra personalidad, pero también los hay, que frágiles o realmente discapacitados (emocional y psicológicamente), tergiversan estos paralelos rompiendo la delgada línea que separa la ficción de la realidad. Von Trier es directo, hiperrealista y cruel (el filme es la segunda entrega del estricto y restrictivo movimiento fílmico Dogme 95), retratando de forma cuasi documental una desgarradora historia; en cambio Lanthimos establece una distancia (técnica y dramática), interesándose mas en la disección, reflexión y caricaturización de la realidad que en un retrato veraz de la misma.

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