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Sweet Movie / Dušan Makavejev / Francia, Canadá, Alemania / 1974

De vez en cuando, al cine, le dan ganas de portarse mal. De ser escatológico, imprudente, irredento y ofensivo. Algunas veces este polémico arrebato se relaciona directamente a un punto geográfico, a un momento en el tiempo, a un clima sociopolítico o a un simple afán de levantar ámpula. Recordemos aquella frase de Oscar Wilde: the only thing worse than being talked about is not being talked about, que solo reafirma algo que ya sabemos: no hay publicidad negativa, y el poder de crearla, manipularla y magnificarla es sumamente importante, incluso escencial, en esta época dominada por el efecto mediático. El cineasta yugoslavo Dušan Makavejev sabía muy bien de este efecto y lo utilizaría para su provecho. Habiendo conocido y admirado de antemano el trabajo de los propagandistas soviéticos (en especial de su idolatrado Serguéi Eisenstein), y de forma paralela estudiado los trabajos del psicólogo austriaco Wilhelm Reich (quien después de ganarse el repudio tanto de los socialistas, como de los fascistas, como de los conservadores, terminaría sus días en la cárcel gracias a sus controversiales teorías e investigaciones), Makavejev desarrollaría una obra lo mismo polémica y controversial que crítica y pertinente para conocer y comprender un importante momento sociopolítico en un tiempo y espacio determinado.

Para poder acercarnos al trabajo de Makavejev, en especial a su Sweet Movie, y disfrutarlo y valorarlo en partes iguales, es necesario conocer varios aspectos de su obra, influencias y objetivos. Primero, su formación académica. El yugoslavo estudió psicología durante finales de la década de los cincuenta, desarrollando un especial interés en las teorías de Sigmund Freud y la psicología Gestalt. Segundo, el descubrimiento del surrealismo francés y de los filmes soviéticos de principios del siglo XX, obsesiones que lo llevarían a cursar la carrera de cineasta. Tercero, otra obsesión, ahora por el citado Reich, que lo llevó a los Estados Unidos a seguir los pasos del investigador, hecho que amplió su cultura (curiosamente no solo científica), abriéndole el panorama creativo y enfrentándolo a movimientos artísticos vanguardistas como el cine underground, los beatniks, o la escena neoyorquina de los sesenta.

sweet-movie-1974-03-gLa apertura al esquema artístico/social/político de las grandes urbes contrastó fuertemente con el regreso de Makavejev a su natal Yugoslavia. A su llegada se encontró con un clima de fuertes disparidades, en el que por un lado se prácticaba un comunismo recalcitrante e intolerante en pleno marco de la guerra fría, y por el otro aparecían una series de arriesgados jóvenes cineastas que alzaban sus voces en peculiares y experimentales trabajos, principalmente en la cercana Checoslovaquia. Sus primeros tres filmes (estrenados en el útimo lustro de los sesenta) trazaron y vislumbraron sus propuestas y directrices pero no sería sino hasta 1970 cuando W.R.: Mysteries of the Organism, considerada su obra maestra, ganaría el reconocimiento internacional al yuxtaponer (de forma intelectual y lúdica) los mecanismos políticos del comunismo con la libertad sexual y las energías vitales del orgasmo, estableciendo de paso un cine revolucionario en contenido y arriesgado en lo formal.

Satanizada desde su estreno en el festival de Cannes de 1974 y tildada de ofensiva, incivilizada, obscena y burda Sweet Movie era de cierta manera el resultado lógico de la asimilación de las teorías, formación y obsesiones de su autor, y a su vez de una cierta epifanía que influenciaría fuertemente su trabajo: el toparse con la Wiener Aktionismus y su líder Otto Muehl. Así la cinta resultaría como una mezcla (si pudiera existir tal cosa) de los filmes de Luis Buñuel (citemos La Voie Lactée, 1969), Jean-Luc Godard, Sergei Eisenstein, las obras de Bertolt Brecht, la psicología de Wilhelm Reich, las teorías del ruso Mikhail Bakhtin (el arte carnivalesco), la comuna Friedrichshof del citado Muehl y una fuerte crítica a Joseph Stalin (en especial por la masacre de Katyn Forest).

71vMVw-MEVL._SL1500_Mediante una narrativa paralela, nos topamos frente a dos historias opuestas y al parecer independientes (pero que se complementan e incluso cuestionan entre sí) estableciendo una diálectica estructural que separa y contrasta no solamente dos relatos sino dos modelos de pensamiento. Por un lado tenemos a Miss Monde (Carole Laure) una hermosa e inocente joven canadiense que fantasea con el sueño americano. Tras participar en un certamen de belleza (que irónicamente busca premiar a la más virgen) recibe como premio casarse con Mr. Kapital, un acaudalado empresario, situación que parece culminar un anhelo de cuento de hadas. Pero todo sale mal, y lo que parecía una bendición se vuelve maldición, al convertirse el supuesto perfecto partido en un fetichista y ególatra individuo (que incluso tiene el pene bañado en oro) quien después de humillarla la empaca (literalmente) enviándola en un viaje sin regreso a la ciudad de la luz. Esta primera historia, obvia apología del capitalismo totalitario, parte de un estilo cómico y fársico (se estructura a manera de sketches, mediante una narrativa lineal y progresiva, en los cuales se retratan en una espiral descendente las viscicitudes de la protagonista que cada vez sufre más humillaciones y desencantos hasta tocar fondo) que gradualmente se vuelve oscuro y dramático para renacer de nuevo tanto temática como visualmente al toparse con Otto Muehl y la comuna de los accionistas vieneses. Encuentro que da pie a una de las más polémicas secuencias de la cinta donde (de forma improvisada y real, a manera de performance) los artistas vieneses buscan sacar a la joven de su catatónico estado mediante surreales rituales de purificación y renacimiento: amamantamiento, vómitos, defecación y demás bellezas. Al final el proceso de liberación resulta positivo y como escena final vemos a Miss Monde, aparentemente filmando un comercial, desnuda dentro de una tina de chocolate, sonriendo y contoneándose de forma por demás provocadora.

Por el otro lado tenemos otra protagonista femenina, Anna Planeta (Anna Prucnal), quien a diferencia de Miss Monde (metáfora de la sexualidad reprimida por la sociedad, el estado o la religión) representa, o parece representar, a una fuerza sexual liberadora. Aquí abandonamos la narrativa y estilo del primer relato para enfrentarnos a una historia como de cuento de hadas. Makavejev se aleja del estilo realista cuasi documental de sus anteriores filmes y se lanza de lleno a la demencial y extraña historia de una mujer que navega por los canales de Amsterdam en un carguero repleto de dulces que tiene en la proa una gigantesca cabeza de Karl Marx (con una lágrima en la mejilla). La tentadora visión atrae a un marino llamado Potemkin (nombre que no es ninguna casualidad, aludiendo tanto al filme de Eisenstein como a la historia soviética) quien tras ser seducido por la mujer, es asesinado dentro de una tina repleta de azúcar, siendo siempre consciente de su fatídico y martírico desenlace. Pero aquí no termina la historia ya que después de exterminar, con engaños, al amor la protagonista de este segundo relato asesina la inocencia (personificada por varios niños que tras ser seducidos por Anna Planeta corren con la misma suerte que el marino, con músicas de liturgia de la iglesia ortodoxa rusa de fondo). Apología del comunismo (al que muestra como engañoso, mortal y al final caduco) esta historia escandalizó más por la escena de la seducción de los niños, y por el montaje con fotografías reales de la masacre de Katyn Forest, que por la fuerte carga crítica e ideológica que presuponía.

71KFjxoHxfL._SL1500_Sweet Movie es el filme más fuerte, estructurado y dinámico del director, también el más incisivo y satírico, pero curiosa e irónicamente el más poético y enfocado. Le valdría un veto al director para volver a filmar en su país natal causándole problemas a su cuadro actoral. Prohibida en gran parte del mundo (en algunos países incluso hasta la fecha) esta terrible obra (que le generó sendos fanáticos y detractores) se convertiría en el asesino de su ascendente carrera fílmica. Es una cinta que invito a ver, de forma desprejuiciada, de preferencia sin saber mucho sobre ella. Es necesario abrir la mente y aguzar el sentido estético. Como diría David Sterritt, presidente emérito de la National Society of Film Critics: Francis Ford Coppola was certainly impressed by this period of Makavejev’s work: after seeing WR, he promptly invited the Yugoslav maverick to direct Apocalypse Now. Makavejev declined, making Sweet Movie instead. Admirers of no-holds-barred cinema have been grateful ever since.

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