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a l i e n

springbreakers-0059Spring Breakers / Harmony Korine / USA / 2013

Harmony Korine siempre ha sido una creatura extraña. Un ente marginal e inclasificable dentro de la industria del cine que lo mismo entrega trabajos experimentales y conceptuales como Trash Humpers (USA, 2009) – que filmada en cassettes VHS reciclados daba cuenta de una serie de viñetas absurdas y surrealistas sobre unos vándalos sociópatas y destructivos, al parecer metáfora de la clase mas baja norteamericana y apología de la violencia intrínseca en sus ambientes – que obras mas cuidadas e incluso preciosistas como Mister Lonely (UK, Francia & USA, 2007) – que poseedora de una extraña belleza explora temas como la personalidad, la felicidad (y la consiguiente tristeza), la fé y el aislamiento emocional.

Después de casi cinco años de ausencia vuelve con Spring Breakers, una hiper estilizada (en palabras del mismo Korine) e hiper sexualizada epopeya, cargada de sexo, cuerpos semidesnudos, drogas, alcohol, armas de fuego, nihilismo y racismo lo suficientemente incendiaria para causar incomodidad y escandalizar por doquier, pero ingeniosamente disfrazada de cinta sexosa de acción para no espantar al norteamericano promedio. Con un polémico e inusitado trabajo de casting (un par de famosas y virginales chicas Disney, más una actiz juvenil de TV, más su propia esposa) escogido ex profeso para generar morbo y debate, observamos de cerca una demencial cinta mas profunda y compleja de lo que aparenta que no se encuentra lejos (aunque lo pareciera) de obras mayores del director como Gummo (USA, 1997)Julien Donkey-Boy (USA, 1999).

springbreakersbdcap7_originalLa historia podría resumirse como el american dream, o mejor aún como el american nightmare: cuatro adolescentes, estudiantes, guapas y rebeldes ahorran por meses con la ilusión de disfrutar del famoso spring break por vez primera. Las playas de Florida, la independencia aunque sea temporal, la ausencia de reglas, el encontrarse a sí mismas, y la oportunidad de liberarse de la familia, escuela, religión o cualquier tipo de responsabilidad resultan ser conceptos atractivos, más para unas jóvenes atrapadas en el tedio de la clase media norteamericana. Pero, a pesar de sus deseos, descubren que el dinero no abunda así que deciden (tres de ellas) asaltar un merendero y de esta manera poder cumplir su sueño. El crimen aparentemente perfecto lleva a la felicidad y las chicas se embarcan en su aventura. Alcohol, sexo, drogas, senos, biquinis, música eufórica y desenfreno total las sitúan en una idílica fantasía hasta que la realidad les explota en la cara, siendo encarceladas por uso y posesión de drogas, y con todo y sus diminutos biquinis son puestas tras las rejas. Cuando el remordimiento y la culpa hacen su aparición se presenta un peculiar personaje apodado Alien (un James Franco perfecto) que tras su facha de gangsta rapper (con trenzas y dientes de oro incluídos) replantea las prioridades y motivaciones de las chicas.

Lo que pareciera ser una superficial cinta de acción, con música electrónica acelerada y movimientos de cámara vertiginosos toma densura con el exuberante estilo visual y con las connotaciones psicológicas de los personajes, fruto de un análisis y disección de la vacuidad del llamado white trash norteamericano. Las chicas mienten a sus padres, roban, asesinan, todo en una ascendente espiral violenta que pareciera sin fin y sin remordimientos. Los estereotipos de la chica tonta desaparecen para tornarse en la chica perversa, tal vez demoníaca, que no duda en disfrutar abiertamente de su sexualidad (incluso de forma apabullante), proporcionando a las armas de fuego y al dinero una connotación fuertemente erótica fruto de esta búsqueda por el placer egoísta.

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Korine otorga a su cinta un fuerte aire racista: Alien se crió entre negros, de quienes aprendió a defenderse y a desarrollar actividades criminales, su peor enemigo (antes mejor amigo) también es afroamericano al igual que toda su pandilla. Las fiestas en la playa con gente bonita, música y secuencias videocliperas son predominantemente blancas mientras que la segunda parte del filme cuando todo se tuerce transcurre en caóticos escenarios negros. Nihilistas y egoístas, los personajes mostrados carecen de principios y ética, su motivación principal es el placer, la diversión y el dinero, resultando la idea de regresar al tedio equivalente a la muerte, ejemplificado con la despedida a dos de las protagonistas, una herida por sus principios otra por una bala.

En cuanto al estilo Korine se luce: es su cinta más apabullante, más trabajada, más delirante. Cual versión americana del cine de Gaspar Noé (en especial su Enter the Void, Francia, 2009) se regodea en los colores brillantes, las luces neón, los movimientos de cámara imposibles, la edición vertiginosa, las voces en off que se repiten. A veces exagerado, otras atinado el filme se convierte en un alucinante videoclip de noventa minutos que exuda estilo en la superficie y bajo el mantel esconde substancia. Ejemplo claro las dos secuencias con música de Britney Spears, la secuencia inicial (digna de un video de Girls Gone Wild) con soundtrack de Skrillex, o la escena final que nos deja helados. Un extraño experimento, no lo mejor de Korine pero si otra razón para seguir (aunque sea de lejos) sus interesantes propuestas.

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