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d e s t i n o

The-Place-Beyond-The-Pines-25The Place Beyond the PinesDerek Cianfrance / USA / 2013

Después del gran logro (y éxito) obtenido por Blue Valentine, Derek Cianfrance regresa con una producción más ambiciosa tanto en alcance como en presupuesto, desarrollo narrativo, extensión y puesta en escena. The Place Beyond the Pines es una obra sobresaliente y meritoria que pone de manifiesto el crecimiento de Cianfrance como realizador, su talento y creatividad, pero también su inmadurez y falta de experiencia para lidiar con producciones épicas y complejas. El que mucho abarca poco aprieta.

Las inquietudes temáticas abordadas en Blue Valentine están presentes así como su protagonista (un ascendente Ryan Gosling convertido por la prensa y porque no, por méritos propios, en indie darling). También encontramos el preciosismo visual, el cuidado de cada encuadre y la precisión matemática de las músicas (y los sonidos). Con buen ojo escoge a Sean Bobbit (Shame, Steve McQueen, 2011 ) para la fotografía y a Mike Patton para la banda sonora, creando un aura de cine sensitivo que expande la experiencia cinematográfica. Abandona aquí la estructura temporal/narrativa de su anterior filme así como la improvisación de los actores y el carácter introspectivo del mise-en-scène, construyendo una historia lineal dividida en tres actos o capítulos, mediando entre cada uno de ellos los saltos temporales necesarios para tener y entender el panorama completo.

placebeyondpines_clipwherefrom_hdPrimer acto: Luke (Ryan Gosling) es un motociclista que realiza actos circenses bajo una carpa nómada a través de los Estados Unidos. Epítome del white trash norteamericano embaraza a una mesera en uno de sus viajes, al enterarse de esto decide tomar cartas en el asunto y velar (por lo menos económicamente) por su nueva familia. Para un agresivo e irresponsable individuo (repleto de tatuajes), sin oficio ni beneficio, el mundo resulta más duro y complicado, lo que termina orillándolo a involucrarse en actividades criminales.

Segundo acto: Avery Cross (Bradley Cooper) es un jóven policía proveniente de una acauladada familia que de la noche a la mañana se convierte en un héroe. Ético y de fuertes convicciones morales se debate entre el orgullo y el remordimiento, luchando contra la corrupción reinante en su distrito policial y encumbrándose de paso en el mundo de la política.

Tercer acto: Pasan los años y el destino (y sus insondables caminos) reúne a los hijos de Luke y Avery, suscitando una serie de agridulces encuentros que infaliblemente apuntarán a la tragedia, generando así una reflexión sobre la injerencia de los actos de los padres en los hijos, el carácter cíclico de la vida, la relación (y comunicación) del núcleo familiar, la madurez y porque no, la redención.

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family matters

stokerbdcap10_originalStoker / Chan-Wook Park / USA / 2013

Con menos de una decena de filmes en su haber y una sólida reputación a nivel internacional Chan-Wook Park es tal vez la punta de lanza de una generación de jóvenes directores coreanos (Corea del Sur para ser específicos) que están conquistando tanto la industria cinematográfica internacional como cuantos galardones son capaces de abarcar en sus brazos. Nombres como Bong Joon-ho, Kim Ki-duk o Kim Ji-woon son parte de este selecto grupo y todos comparten el gusto por un cine hiperestetizado, elegante, pausado, que combina con destreza (y una sutil arrogancia) la tradición poética de su cultura, la más rotunda cotidianeidad y la más descarnada (y explícita) violencia.

El caso específico de Park es muy peculiar. Su ascenso a la élite cinematográfica fué complicado, y después de una desafortunada ópera prima prácticamente abandono la profesión dedicándose a la crítica cinematográfica. Años después retoma el rumbo y filma Joint Security Area (2000) hasta el día de hoy la cinta coreana que más ha recaudado en la historia del asiático país. Sería con la posterior trilogía de la venganza, y en especial con la segunda entrega de la saga (Oldboy, 2003), que definiera su estilo visual, su narrativa cinematográfica y sus constantes temáticas, consagrándose a nivel internacional (apoyado incondicionalmente por Quentin Tarantino que por momentos llegó a parecer su publirrelacionista).

stokerbdcap11_originalTras varios años de coquetear con la industria norteamericana y el glamour hollywoodense, para el 2012 se anunció con bombo y platillo que el coreano filmaría una cinta en Estados Unidos, con un elenco estelar (Nicole Kidman y la ascendente Mia Wasikowska) aunado a un misterioso y atractivo guión, firmado por el actor Wentworth Miller, perteneciente a la famosa black list (listado de los mejores diez screenplays sin producir en la industria de Hollywood). La historia al parecer deudora de los clásicos de terror y del thriller psicológico hitchcockiano (en especial de Shadow of a Doubt, 1943) prometía un éxito de taquilla (grandes presupuestos, caras bonitas y famosas, temática atractiva) y crecientes dosis de hype lo cual cada vez contrastaba más con la reputación,  producción y estilo de Park.

Afortunadamente para los admiradores de sus peculiares filmes y magistral Mise-en-scène, Stoker funge como un ejercicio de estilo más que una cinta de género. De la mano de su fotógrafo de cabecera Chunghoon Chung y musicalizado por el siempre efectivo Clint Mansell, Park utiliza el guión como un pretexto narrativo, como un mero MacGuffin, para dar rienda suelta a una desparpajada y desenfrenada experimentación visual y temática que contrapone algunas de sus constantes como violencia, sexualidad, o desenfreno de sus perturbados y retorcidos personajes con temáticas introspectivas y psicológicas, como la madurez, el autodescubrimiento, la familia (las dinámicas, implicaciones e interacciones del núcleo familiar), el destino, la futilidad y por último, pero no al último, la muerte.

stokerbdcap1_originalBasando la historia en el terror intrínseco, factible, oculto en lo mas profundo de cada uno de los seres humanos, Stoker inicia su relato con la muerte del pater familias de una extravagante, sofisticado y extraño clan. La madre (interpretada ejemplarmente por la Kidman, cuál gélida y glamorosa protagonista de los mejores filmes de Hitchcock) es joven y hermosa pero seria y misteriosa, poseedora de incontables secretos y un cúmulo de emociones reprimidas. La hija (una Wasikowska que parece infalible) es seria y retraída, molestada en la escuela e ignorada en su casa. Al morir el padre aparece un misterioso personaje que resulta ser el hermano perdido de éste, un encantador y atractivo sujeto que despertará las más bajas pasiones en las dos mujeres y que tras su impecable fachada esconde una no tan impecable persona. Como el visitante de Pasolini (Teorema, 1968) la llegada del sujeto será el detonante de la trama, prefigurando un retorcido triángulo de traiciones, crimenes, pasión y sexualidad que terminará en tragedia.

Podríamos enunciar una a una las escenas de la cinta, desde aquella en que vemos el crecimiento de India (la hija) por medio de los zapatos que le regalan el día de su cumpleaños (siempre iguales variando solo la talla) hasta la confrontación de los hermanos en el auto, o la terrorífica ruta al congelador (convirtiendo lo cotidiano en aterrador); pero me gustaría destacar dos que con mano fuerte y magistral ejecución nos dan las pautas (y las pistas) del desenlace (y entendimiento) del relato: la primera cuando el tío Charlie (Matthew Goode) toca el piano a dueto con India. Simplemente observamos a una pareja tocando una melodía, intensa si, pero inofensiva. Lo interesante aquí es como Park utiliza el montaje y la cámara para crear una secuencia cargada de un inusitado y palpable erotismo: sin necesidad de desnudos, caricias, escarceos o cualquier obviedad, la química mostrada entre los personajes habla de una relación especial entre ambos, física y psicológica, una simbiosis entre dos seres que se desean y se repelen por partes iguales, exudando sexualidad en el inter. La segunda es mas atrevida y explícita: India se baña en la regadera, al parecer está llorando, mientras recuerda un crimen que acaba de presenciar; al avanzar la escena nos damos cuenta que no llora sino gime extasiada, masturbandóse al pensar en la sádica acción, y alcanzando el orgasmo al unísono con el rigor mortis del cuerpo de la víctima. Meritorio ejercicio en la filmografía del coreano y un aire fresco en los mohosos filmes de género norteamericanos. Hitchcock estaría orgulloso.

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