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c r e m a d o rSpalovac Mrtvol 01

Spalovac Mrtvol  / Juraj Herz / Checoslovaquia / 1969

A mediados de la década de los sesenta los ecos de los movimientos de contracultura pululaban por doquier, se gestaba una nueva concepción del arte manifestada por la reconcepción creativa de las formas de expresión tradicionales (proliferación del arte conceptual, el performance, la instalación, o el happening por solo nombrar algunos), los jóvenes, las mujeres, los homosexuales y las minorías raciales pugnaban por una igualdad de derechos y una voz (y voto) en la sociedad y la política, se rompían paradigmas y se construían otros nuevos, la nouvelle vague estaba en plena ebullición convirtiéndose en la tendencia a seguir en los círculos cinematográficos, y una búsqueda experimental por una nueva generación de espectadores y cineastas amateurs se relfejaba en las cintas serie b, las funciones de medianoche o las propuestas underground.

Aunado a este complejo clima internacional, creativo y revolucionario, la vida en los países del bloque socialista no era nada fácil. Murmullos de persecuciones, represión y censura se escuchaban a todas horas y el mero reniego al régimen podría costar la vida. Paradójicamente este aislamiento se convirtió en detonante, y de no haber sido por la complejidad económica, social, política e incluso geográfica del momento, nos hubiéramos perdido de grandes maestros como Tarkovsky, Kalatózov, Forman o Menzel. Uno de los países que más aprovecho su arsenal creativo durante esta etapa fué la otrora Checoslovaquia, que parió una generación de talentosos realizadores bajo lo que sería nombrado la Nueva Ola Checoslovaca. Compañeros de estudios la mayoría, y provenientes de familias de clase acomodada, los artífices de este movimiento mezclarían con insuperable talento, y valiente desparpajo, el surrealismo de Buñuel con el montaje desenfadado de la Nouvelle Vague y un fuerte contenido político disfrazado bajo ingeniosas alegorías y maravillosas metáforas visuales. Importantes cintas como The Shop on the High Street (Jan Kadar y Elmar Klos, 1965), Closely Observed Trains (Jirí Menzel, 1966) o The Fireman’s Ball (Milos Forman, 1967) pondrían al este de Europa en la mira de los cinéfilos del mundo y convertirían a Checoslovaquia en una de las proveedoras de calidad cinematográfica a nivel mundial.

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Por otra parte, aunque el clima era favorable para la producción y distribución cinematográfica, no todos corrieron con mucha suerte. Juraj Herz era un recién graduado de la escuela de arte que el destino, el volátil clima político y sus decisiones personales lo convertirían en uno de los secretos mejor guardados de su país y en un cineasta prácticamente desconocido. Para empezar, a Herz no le agradaba del todo el cerrado y elitista grupo conformado por Milos Forman, Jirí Menzel, Ivan Passer, Věra Chytilová, Jiří Menzel o Jaromil Jireš. De hecho prefería la compañía de Jan Svankmajer (el gran animador), y de sus muñecos, marionetas, maquetas y demás objetos a los que disfrutaba de dar vida por medio del stop motion y otras técnicas de animación tradicional. Este autoaislamiento le valdría el mote de titiritero y minimizaría su obra, sobre todo al compararla con el trabajo serio de sus contemporáneos. Segundo, cuando decide filmar The Cremator, Chevoslovaquia navega por una especie de tregua llamada Prague Spring que otorgaba libertad creativa y de expresión a los habitantes, situación que aprovecha al máximo para dar rienda suelta al fuerte trasfondo político de la  obra. El problema emerge cuando Rusia invade el país, retomando (e incluso incrementando) la fuerte censura, y Herz no teniendo listo el filme, se apresura a finalizarlo, solo para encontrar nuevas limitantes, prohibiciones y bloqueos, que evitarían la distribución y exhibición de la cinta sumiéndola en el olvido. No sería hasta 1989 tras el colapso del sistema comunista checo que la obra, y otras más, verían la luz del día.

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Basado en un libro del reconocido escritor Ladislav Fuks (célebre por sus incisivas novelas de carácter psicológico centradas casi todas en el sufrimiento del pueblo checo bajo el dominio naziSpalovac Mrtvol narra las andanzas de un padre de familia encargado de un crematorio, su búsqueda espiritual (de trascendencia, dar sentido a su vida), su crisis de la mediana edad, y sobre todo el impacto que en este tiene el poderoso engranaje de la propaganda nazi todo situado en el clima socio-político de finales de la década de los treinta.

Con una estética fuertemente influenciada por el expresionismo alemán y tendiendo varios nexos a los filmes de sus contemporáneos, el filme es una comedia de horror, o un drama político, o un filme slasher o todos los anteriores. Herz como el buen titiritero que es, maneja con una precisión quirúrgica a sus personajes, centrándose en el desarrollo del protagonista: un insuperable Rudolf Hrušínský, quien por medio de sus movimientos corporales, ticks, gesticulaciones y monólogos nos desdibuja a un complejo individuo que es arrastrado y manipulado cual títere de su creador, por los intrincados mecanismos de la propaganda fascista. El inteligente y sólido guión nos lleva de la mano primero a conocer al peculiar individuo en cuestión, su filosofía de vida con códigos éticos integrados (no crema a los muertos, libera las almas de los que se van, por ejemplo), su misoginia y homofobia disfrazados de buenas costumbres y refinamiento (su obsesión por adquirir y colgar cuadros, que ni el mismo entiende pero lo hacen sentir culto, su repudio por la supuesta ambigüedad sexual de su hijo) y su búsqueda por trascender (la presión al hijo para que sea como él, su fijación con El Libro Tibetano de los Muertos). Conforme avanza el filme vemos el impacto causado por la propaganda nazi, la repercusión de la ocupación alemana en la clase trabajadora y la justificación, muchas veces absurda o ridícula, de los deleznables actos que empieza a cometer. Al finalizar atestiguamos el descenso al infierno de un personaje que de honesto trabajador se convierte en cínico psicópata escudado por su ignorancia, su confusión, sus miedos y sus limitaciones.

The Cremator es un filme que se abre a múltiples posibilidades y variadas lecturas. Su complejidad narrativa y visual esconde capas y capas de significado que exigen análisis y revisitaciones. En voz de su autor “es un filme de horror expresionista que visualiza subjetivamente la mente de un loco”. Herz se vale aquí de grandes angulares, juega con la profundidad de campo, explota al máximo los close ups, utiliza la edición como un elemento desconcertante y subliminal que agrega significados a la puesta en escena (brindándonos pistas sobre los mismos), incluso su lúdico montaje nos remite al Citizen Kane (OrsonWelles, 1941). Aunque no perfecto, el filme es la obra maestra de su creador y una de las mejores películas checas de todos los tiempos. 

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