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a r c h e r 

Peeping Tom 01

Peeping Tom / Michael Powell / Inglaterra / 1960

Para finales de la década de los cincuenta Michael Powell era considerado uno de los directores mas importantes e influenciales del Reino Unido a la par de David LeanAlfred Hitchcock. La dupla creativa que había conformado dos décadas atrás con Emeric Pressburger (llamada The Archers) era ampliamente reconocida a nivel internacional y contaba con exitosas producciones de la talla de The Life and Death of Colonel Blimp (1943), A Matter of Life and Death (1946), Black Narcissus (1947) y The Red Shoes (1948). Honrado y multipremiado decidió poner fin a la colaboración para experimentar nuevos caminos, desgraciadamente aún para alguien del prestigio de Powell, la experimentación va de la mano del arriesgue, y el que arriesga no siempre se gana.

Alejándose del épico/romántico/melodramático estilo que lo caracterizó en sus obras más importantes, decidió dar un giro y adentrarse en los terrenos del film noir, del thriller, del terror y la estética pulp. Hábil y experimentado, su trabajo lejos de ser una obra superficiel y de mero entretenimiento, presentaba capas de significancia, donde buscaba transgredir las barreras psicológicas y físicas entre lo que sucede dentro del filme, el director y el espectador. Powell toma como  premisa temática a una conducta parafílica directamente relacionada con el morbo y la curiosidad: el voyeurismo. El Peeping Tom del título alude directamente al nombre popular que se le dá por aquellos lares al varón voyeurista, al mirón. Magistralmente entreteje las perversiones y desviaciones del personaje en cuestión con dolorosos episodios de su pasado, que consciente e inconscientemente, desarrollaron las patologías que lo convirtieron en un sociópata. 

Peeping Tom 02

Mark Lewis es un tímido e introvertido joven que comparte sus días entre el ser asistente de cámara en un estudio cinematográfico y el ser dependiente en una tabaquería, sitio que sirve de fachada para un negocio de fotografía erótica (fungiendo el mismo como fotógrafo de las modelos). Sabemos poco de él, solo que no se separa de su cámara que invariablemente esconde bajo su abrigo. Dentro de su gris existencia damos cuenta de sus afanes voyeuristas: graba a la policía encontrando un cadáver, graba la deformidad de una de las modelos, graba incluso los crímenes que el mismo comete. Un buen día, y de forma fortuita, empieza a trabar una amistad con una curiosa joven que es inquilina de la casa que el mismo habita (y que fuera herencia de su padre). La chica se siente atraída por el extraño personaje despertando en él sentimientos contradictorios y la ternura de la que nunca gozó en sus años mozos. A la par de la afectiva relación de los jóvenes, vamos observando los asesinatos que morbosamente comete, no sintiendo placer en el acto mismo del crimen sino en el fotografiarlos, revelarlos y después reproducirlos en su propia recámara.

Powell no duda en mostrar incómodas y polémicas situaciones: un criminal que lejos de sentir culpa o remordimiento llega al placer sexual, un padre que no duda en experimentar con su hijo pequeño las etapas del miedo (desde arrojarle un reptil a su cama mientras duerme hasta llevarlo a decirle adiós al cadáver de su madre, todo esto grabado por el progenitor), un sórdido Londres tapizado de prostitución y degenerados, una serie de asesinatos en primer plano en los que se busca el terror máximo en el rostro de la víctima la momento de la muerte, un suicidio planeado y orquestado por medio de una suerte de empalamiento con una cámara antigua, y una inusitada crueldad y deshumanización que permea toda la cinta.

Peeping Tom no solo asesinó mujeres en la pantalla, sino aniquiló la carrera del director en la vida real. La recepción desde su estreno fue cruda y la crítica extremadamente dura, convirtiéndola en un fracaso, en una cinta prohibida y mutilada, y en el fin de los proyectos cinematográficos de Powell. El tiempo, como suele suceder con estas cintas, le dio la razón y la convirtió en un filme de culto al grado de ser considerada una obra maestra y una de las veinte mejores películas inglesas por el British Film Institute. Uno de sus principales fanáticos es Martin Scorsese quien la compara con  de Fellini: “I have always felt that Peeping Tom and 8½ say everything that can be said about film-making, about the process of dealing with film, the objectivity and subjectivity of it and the confusion between the two. 8½ captures the glamour and enjoyment of film-making, while Peeping Tom shows the aggression of it, how the camera violates…” 

Peeping Tom 03

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