67

s a c r é

Holy Motors 8

Holy Motors / Leos Carax / Francia / 2012

Después de un autoinflingido hiatus de más de 13 años (producto de su frustración con la industria cinematográfica), el reclusivo y polémico cineasta francés Alex Oscar Dupont (mejor conocido por su anagrama Leos Carax) regresa con un críptico y complejo filme que de cierta manera resume su poco prolífica carrera (cinco filmes en casi treinta años) y su desenfrenado amor por el celuloide.

Como introducción me gustaría establecer una comparación con una cinta, que en apariencia es diametralmente opuesta a la obra del galo, pero que en una segunda aproximación guarda no pocos paralelismos: Hugo (Martin Scorsese / USA / 2011). Ambos filmes son realizados por consolidados y talentosos directores que en una etapa de madurez física y laboral, expresan su amor por su profesión: Scorsese, con un filme romántico de añoranza sobre los albores del cine (una celebración del nacimiento del cine) y Carax con un filme metafórico y reflexivo sobre el estado del cine contemporáneo (una celebración de la muerte del cine). Hugo está plagada de tributos y referencias históricas (los Hermanos Lumière, Jean Renoir, Jean Vigo, Georges Méliès),  Holy Motors a su vez también cumple con su cuota (Georges Franju, Jean-Luc Godard, King Vidor, Jacques Tati). La vida le enseñó al americano a jugar bajo las reglas de la industria y sentirse cómodo con ellas, por su parte el francés reniega del cine y en lo que se está convirtiendo. El holgado presupuesto económico le ayudó al primero a manufacturar una obra de arte, la ausencia de dinero le ayudó al segundo en la creación de otra.

holy-motors-21

Después de un extraño y surrealista prólogo no muy alejado de la imaginación de David Lynch, el filme inicia con Monsieur Oscar (¿alter ego del director?) saliendo de su mansión (la casa del cuñado de Monsieur Hulot en Mon Oncle de Jacques Tati, 1958). Se despide de sus hijos para abordar una larguísima limosina blanca conducida por una enigmática mujer (Édith Scob). Hasta aquí todo va en orden. Dentro del automotor recibe un folder con su primera misión y observamos que está rodeado de un espejo y aditamentos/utensilios similares a los de un camerino teatral. De esta manera nos enteramos que es un histrión que va asumiendo distintas personalidades dentro de un auto en contínuo movimiento, a lo largo de un día y en un trayecto por las calles de París. Una anciana limosnera, un artista del motion capture (que pasa de la cyber violencia a la cyber pornografía), una extraña creatura que habita las alcantarillas (su monsieur Merde que ya habíamos conocido en el tríptico Tokyo!, Carax/Gondry/Joon-ho, 2008), un asesino  a sueldo o un padre de familia. En cada una de sus misiones, se mimetiza al máximo con el personaje, tanto física como psicológicamente, creando gradualmente, un deterioro en el extraño actor.

Pero la sinopsis de la cinta o lo que podamos decir de ella no le hace justicia: el filme es tan complejo visual y temáticamente que tendríamos que dedicarle multiples análisis y un sinnúmero de revisitaciones. Carax decide filmar con cámara digital, una opción que resulta extraña, por decir lo menos, para un director que reniega de los excesos tecnológicos y siempre se jactó de utilizar formatos y equipos clásicos (se dice que en el set iniciaba las filmaciones con el grito de “motor, cámara, acción”, aludiendo a las antiguas cámaras que tenían un motor integrado). Curiosamente la libertad que brinda la tecnología se convierte en su aliado.

Toma también la decisión de establecer un hilo narrativo lineal pero fragmentario, dividido en los múltiples trabajos/caracterizaciones asignados al protagonista. Esta estructura le permite un lúdico rompimiento de las reglas, transgrediendo y combinando los géneros cinematográficos a su antojo. Así un segmento es un melodrama, otro un drama familiar, otro un violento thriller, uno más un musical, y así sucesivamente. Lo interesante es, que ante el peligro de tanto caos visual y manierismo formal, el director supera las limitaciones con una belleza visual, una solvencia narrativa y lo más destacable, un excelente cuadro actoral encabezado por un magnifico Denis Lavant que da cátedra de actuación.

Holy-Motors-Motion-Capture

Pero, ¿qué es Holy Motors? Un repaso nostálgico y vanguardista por la historia del cine, sus géneros y su técnica; un sentido homenaje al arte de la actuación (en una escena un casi irreconocible Michel Piccoli dialoga, de una forma casi filosófica, con Lavant sobre el hecho de ser actor y la pertinencia e importancia de la disciplina histriónica); un manifiesto audiovisual; una carta de amor a la cinematografía; un postulado existencialista de la cosmovisión del director; una sucesión de inolvidables viñetas meta-realistas (donde tienen cabida un musical con Kylie Minogue, una sesión de modelaje a lo bella y la bestia en el mismísimo cementerio Père Lachaise, una secuencia de sexo explícito en 3D, o un maravilloso interludio musical en el cual la diágesis y la catarsis nos llevan de la mano a una rítmica procesión dirigida por el mismo Lavant);  un manifiesto de rebeldía y anarquía a la industria, un grandes éxitos de Carax; o simple y sencillamente un enigmático e indescifrable experimento que solo pide ser disfrutado y experimentado. Yo personalmente no me complico, solo la considero una obra maestra.

holy_motors-3

Advertisements

One thought on “67

  1. Pingback: 66 | de.arquitecturas.imposibles

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s