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n i p ó n

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Tokyo! / Michael Gondry, Leos Carax, Bong Joon-ho / Francia / 2008

Los filmes omnibus (películas estructuradas a manera de colección de cortometrajes independientes, a menudo de distintos directores, que comparten una premisa, una historia, un lugar geográfico, o un momento en el tiempo), proliferaron en Hollywood en los albores del cine sonoro. Con los años su valor como plataforma para la experimentación, lucimiento de los directores, o simplemente como curiosidad, las confinó principalmente al cine de arte o al cine europeo. Para el siglo XXI la pertinencia de estos filmes volvió a popularizarse, resultando el escaparate idóneo para las angustias del fin/principio de siglo; para la globalización; la tecnificación; los problemas sociales; o las grandes urbes (fluctuando entre los ejercicios mas turísticos y las crítica mas agridulce). 

Dentro de estos últimos por alla del 2006 se estreno Paris, je t’aime, meritorio pero desigual ejercicio, en el que prestigiados directores de todo el mundo daban su peculiar e individual visión de cada uno de los distritos (arrondissements) en los que se divide la ciudad que da nombre al filme. Con el éxito de este siguieron similares ejercicios situados en New York por ejemplo (New York, I Love You, 2009) que fueron diluyendo y demeritando la en un principio interesante premisa. A finales de 2008 se anunció un nuevo ejercicio situado dentro de esta corriente de cosmopolitas antologías, ahora en la enigmática ciudad de Paris y encabezada por el niño prodigio francés Michel Gondry, quien con apenas un par de filmes y una veintena de videoclips tenía encantado al público alternativo.

Tokyo! desde su estreno causó desconcierto. No contenía decenas de historias, más bien se limitaba a tres. La tematica estaba mas relacionada con la problematica urbana y los fenomenos relacionados al hecho de habitar que al gozo turistico, las historias eran independientes y hasta cierto punto bizarras, y la experimentación estaba a la orden del día. Gondry (francés afincado en USA), fiel a su estilo, desarrolla una creativa fábula, Carax regresando despues de su exilio con una mordaz y particular reinterpretación de la leyenda de Godzilla y Joon-ho (Corea del Sur) se centra en la una peculiar historia romántica. 

Tokyo! Interior Design

Interior Design / Michael Gondry

El primero de los segmentos centra la atención en un fenómeno cuasi arquitectónico (que se refuerza desde el nombre del corto): el hecho de habitar. Como una misma ciudad puede atraer o repeler al usuario, la complejidad del espacio habitable, las formas de integrarse a él (ya sea por adaptación o por contraste), o las interacciones habitante / habitáculo. La historia es simple: una joven pareja decide mudarse a la gran ciudad, uno es idealista y optimista, el otro miedoso e introvertido. Así uno se adapta convirtiéndose en parte viva de la ciudad, el otro decide convertirse en un fantasma, un objeto mas dentro del mobiliario urbano. La realidad toca a la fantasía, y el creativo Gondry se da vuelo, sacando provecho de la premisa tanto visual como temáticamente.

Tokyo! Merde

Merde / Leos Carax

Carax es provocador desde el nombre de su segmento. Merde es un fantástico personaje, cual extravagante duende, que deambula por las transitadas avenidas japonesas agrediendo a cuanto ser humano ve: come flores, lame rostros, roba objetos y de paso se convierte en un espectáculo mediático. Un buen día el extraño individuo (un maravilloso Denis Lavant), que de paso vive bajo las alcantarillas, encuentra un oculto arsenal presuntamente de la segunda guerra mundial y se lanza a una escalada de violencia y terrorismo. A partir de este momento la historia se convierte en un drama de juzgados en que el polémico Mr. Merde aprovecha para evidenciar los defectos de la sociedad y el miedo que tienen a los que son diferentes física y culturalmente. La historia además está basada libremente en la cinta Gojira (Ishiro Honda, Japón, 1954) utilizando inteligentemente la referencia y apología de la guerra, el armamentismo y el fanatismo nipón. El corto es impactante desde su narrativa (la primera parte es ágil y divertida, utilizando eficientemente una reinterpretación del tema musical de Gojira, para mutar a un complejo drama de juzgado con recurso de pantalla dividida incluido, y terminar en un demencial y surreal final abierto).

Tokyo! Tokyo Shaking

Shaking Tokyo / Bong Joon-ho

El hábil artesano coreano Joon-ho que ya había dado excelentes muestras de su talento con filmes como The Host (2006) y Mother (2009) cierra el filme con Shaking Tokyo, un distópico relato no muy alejado de la realidad en la cual un hikikomori (fenómeno psicológico propio de la capital nipona en la cual adolescentes y adultos jóvenes se confinan en sus viviendas viviendo al máximo una vida de aislamiento y reclusión, alejándose de cualquier interacción con otros seres humanos o con la misma urbe) que no ha salido de su departamento en más de diez años, encuentra de forma fortuita el amor (a primera vista) forzándose a salir a la calle (a pesar de sus fobias) y cruzar la ciudad para encontrar al objeto de su afecto, todo en un clima de constantes movimientos tectónicos cortesía de la compleja situación geográfica del país. La historia es creíble, emotiva, creativa y emocionante, concluyendo de forma exitosa este sui generis experimento audiovisual. Tres propuestas distintas, tres temáticas distintas, tres estilos distintos, pero un gozoso producto final.

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s a c r é

Holy Motors 8

Holy Motors / Leos Carax / Francia / 2012

Después de un autoinflingido hiatus de más de 13 años (producto de su frustración con la industria cinematográfica), el reclusivo y polémico cineasta francés Alex Oscar Dupont (mejor conocido por su anagrama Leos Carax) regresa con un críptico y complejo filme que de cierta manera resume su poco prolífica carrera (cinco filmes en casi treinta años) y su desenfrenado amor por el celuloide.

Como introducción me gustaría establecer una comparación con una cinta, que en apariencia es diametralmente opuesta a la obra del galo, pero que en una segunda aproximación guarda no pocos paralelismos: Hugo (Martin Scorsese / USA / 2011). Ambos filmes son realizados por consolidados y talentosos directores que en una etapa de madurez física y laboral, expresan su amor por su profesión: Scorsese, con un filme romántico de añoranza sobre los albores del cine (una celebración del nacimiento del cine) y Carax con un filme metafórico y reflexivo sobre el estado del cine contemporáneo (una celebración de la muerte del cine). Hugo está plagada de tributos y referencias históricas (los Hermanos Lumière, Jean Renoir, Jean Vigo, Georges Méliès),  Holy Motors a su vez también cumple con su cuota (Georges Franju, Jean-Luc Godard, King Vidor, Jacques Tati). La vida le enseñó al americano a jugar bajo las reglas de la industria y sentirse cómodo con ellas, por su parte el francés reniega del cine y en lo que se está convirtiendo. El holgado presupuesto económico le ayudó al primero a manufacturar una obra de arte, la ausencia de dinero le ayudó al segundo en la creación de otra.

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Después de un extraño y surrealista prólogo no muy alejado de la imaginación de David Lynch, el filme inicia con Monsieur Oscar (¿alter ego del director?) saliendo de su mansión (la casa del cuñado de Monsieur Hulot en Mon Oncle de Jacques Tati, 1958). Se despide de sus hijos para abordar una larguísima limosina blanca conducida por una enigmática mujer (Édith Scob). Hasta aquí todo va en orden. Dentro del automotor recibe un folder con su primera misión y observamos que está rodeado de un espejo y aditamentos/utensilios similares a los de un camerino teatral. De esta manera nos enteramos que es un histrión que va asumiendo distintas personalidades dentro de un auto en contínuo movimiento, a lo largo de un día y en un trayecto por las calles de París. Una anciana limosnera, un artista del motion capture (que pasa de la cyber violencia a la cyber pornografía), una extraña creatura que habita las alcantarillas (su monsieur Merde que ya habíamos conocido en el tríptico Tokyo!, Carax/Gondry/Joon-ho, 2008), un asesino  a sueldo o un padre de familia. En cada una de sus misiones, se mimetiza al máximo con el personaje, tanto física como psicológicamente, creando gradualmente, un deterioro en el extraño actor.

Pero la sinopsis de la cinta o lo que podamos decir de ella no le hace justicia: el filme es tan complejo visual y temáticamente que tendríamos que dedicarle multiples análisis y un sinnúmero de revisitaciones. Carax decide filmar con cámara digital, una opción que resulta extraña, por decir lo menos, para un director que reniega de los excesos tecnológicos y siempre se jactó de utilizar formatos y equipos clásicos (se dice que en el set iniciaba las filmaciones con el grito de “motor, cámara, acción”, aludiendo a las antiguas cámaras que tenían un motor integrado). Curiosamente la libertad que brinda la tecnología se convierte en su aliado.

Toma también la decisión de establecer un hilo narrativo lineal pero fragmentario, dividido en los múltiples trabajos/caracterizaciones asignados al protagonista. Esta estructura le permite un lúdico rompimiento de las reglas, transgrediendo y combinando los géneros cinematográficos a su antojo. Así un segmento es un melodrama, otro un drama familiar, otro un violento thriller, uno más un musical, y así sucesivamente. Lo interesante es, que ante el peligro de tanto caos visual y manierismo formal, el director supera las limitaciones con una belleza visual, una solvencia narrativa y lo más destacable, un excelente cuadro actoral encabezado por un magnifico Denis Lavant que da cátedra de actuación.

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Pero, ¿qué es Holy Motors? Un repaso nostálgico y vanguardista por la historia del cine, sus géneros y su técnica; un sentido homenaje al arte de la actuación (en una escena un casi irreconocible Michel Piccoli dialoga, de una forma casi filosófica, con Lavant sobre el hecho de ser actor y la pertinencia e importancia de la disciplina histriónica); un manifiesto audiovisual; una carta de amor a la cinematografía; un postulado existencialista de la cosmovisión del director; una sucesión de inolvidables viñetas meta-realistas (donde tienen cabida un musical con Kylie Minogue, una sesión de modelaje a lo bella y la bestia en el mismísimo cementerio Père Lachaise, una secuencia de sexo explícito en 3D, o un maravilloso interludio musical en el cual la diágesis y la catarsis nos llevan de la mano a una rítmica procesión dirigida por el mismo Lavant);  un manifiesto de rebeldía y anarquía a la industria, un grandes éxitos de Carax; o simple y sencillamente un enigmático e indescifrable experimento que solo pide ser disfrutado y experimentado. Yo personalmente no me complico, solo la considero una obra maestra.

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