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à propos de Vigo #2

L’Atalante / Jean Vigo / Francia / 1934

“Cuando rueda (…) L’ Atalante, es obvio que Vigo ha aprendido cosas de Zero de Conduite y esta vez alcanza la perfección, consigue la obra maestra”
                      François Truffaut

Retomando lo platicado en la entrada 45, Vigo realiza en 1934 lo que sería su obra maestra y también su epitafio: L’ Atalante. Situada en el lugar 12 de la edición 2012 de la Greatest Films Poll publicada por la influencial revista inglesa Sight and Sound (tal vez el listado más importante, fidedigno y acertado hoy en día) pareciera que por fin, a casi ochenta años de su muerte, el mundo lo reconociera y le diera el crédito del que no gozó en su muy corta existencia.

A sus veintinueve años Vigo recibe una noticia que pareciera, le cambiaría la vida: la realización de un filme por encargo, una historia de amor, producida por la prestigiada casa Gaumont, con un presupuesto nada despreciable y la oportunidad de utilizar actores reconocidos. De espíritu rebelde, utiliza el guión solamente como un pretexto para filmar, e imprime a la cinta un carácter poético pero al mismo tiempo anárquico, fruto de una sui generis niñez y adolescencia. Su salud decadente y el sentimiento de fatalidad cada vez más evidente incrementaron las ganas de proponer, experimentar y crear un producto adelantado a su tiempo. Un rompimiento al realismo poético tan en boga en el cine francés de la época, que muy pocos entenderían y que solamente el tiempo, cualidad que él mismo no tuvo, le daría la razón.

El filme inicia con una ordinaria y común historia de amor: dos jóvenes, Jean y Juliette deciden casarse, el primero enamorado de la belleza, jovialidad e inocencia de la segunda, y esta a su vez de la gallardía del caballero en cuestión, pero también de su oficio (capitán de la embarcación L’ Atalante) y las posibilidades que esto ofrecía: salir de su pueblo, conocer nuevos y mágicos lugares (ella sueña con ir al romántico Paris), y tener una vida llena de aventuras.

Vigo se vale de este pretexto narrativo para hacer comentarios críticos sobre el amor y el matrimonio, así como el carácter complejo y caduco de estos. Juliette resulta ser un espíritu libre que rápidamente se topa con la realidad de la aburrida y monótona vida del marido resultando presa fácil de la tentación, a manos de un apuesto vendedor ambulante, y en el marco de la ciudad de sus sueños. Jean, hombre de trabajo sin muchos sueños ni perspectivas, sufre el desengaño y los ataques de celos abandonando a la amada a su suerte, sin aviso y sin dinero. Esto detona la trama, que impulsada por la tristeza y el descubrimiento del verdadero amor, se convierte en un poético tratado sobre los más puros sentimientos humanos.

El carácter revolucionario (para su tiempo) y contradictorio de la obra no fue del agrado de la productora encontrando un producto difícil de distribuir y riesgoso para el conservador público de la época. La necedad de Vigo tampoco ayudaba a esta situación, y mucho menos su frágil salud que lo mandaría a la tumba tres semanas después de su estreno. Así, por cuestiones únicamente comerciales, Gaumont decidió mutilar la obra, cambiando el título (Le Chaland qui Passe), suprimiendo todas las escenas de carácter surrealista u onírico, y metiendo con calzador una canción de moda. A pesar de los cambios la película fue un sonado fracaso y prácticamente la harían desaparecer del panorama.

Curiosa y afortunadamente las casualidades que rondaron toda la vida de Vigo no terminaron con su muerte, ya que a finales de los cincuenta, la cinta fué redescubierta y revalorada por la generación Cahiers Du Cinéma, conviertiéndose en el filme favorito de François Truffaut y en influencia de varias de sus obras. A pesar de esto, la copia que existía en ese momento, y que idolatraban los integrantes de la Nouvelle Vague, no era el corte original de Vigo, sino la mutilada copia de Gaumont, que a pesar de las alteraciones mantenía su esencia.

No sería sino hasta finales de la década de los ochenta, cuando por otra casualidad, se encontró un negativo original, y sin editar, de la cinta completa, se realizaría un lento, complejo y minucioso proceso de restauración (que duraría más de seis años) y terminaría  (a casi sesenta años de su estreno) por presentar, de forma fidedigna, la visión original de Jean Vigo.

Un filme lleno de una belleza visual y de un carácter atemporal, que influenciaría de forma radical la carrera de importantes directores (también podemos citar a Jean RenoirKrzysztof Kieslowski) y que con su fuerza expresiva acompañaría para siempre el alma de Vigo y de sus dos enamorados a bordo del L’ Atalante.

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tierra 2

Another Earth / Mike Cahill / USA / 2011

Como si de una tendencia se tratase, el género de ciencia ficción (primero destinado al cine serie b y después lugar común de superfluas  superproducciones) se está mudando lentamente a los terrenos de las cintas independientes de modestos presupuestos. Podemos citar a Moon (Duncan Jones / Inglaterra / 2009), Take Shelter (Jeff Nichols / USA / 2011) y a Beasts of the Southern Wild (Behn Zeitlin / USA / 2012) que con inversiones menores a los 5 millones de dólares han demostrado ser altamente redituables en taquilla, objetos de culto por hordas de fanáticos y suculentos platillos para los críticos.

La clave de este éxito puede resultar incluso obvia. Después de la vorágine tecnológica de formatos como el 3D, Imax o 4D que han planteado los complejos cinematográficos, y la (sobre)saturación de CGI y efectos digitales, el público empieza a pedir trabajos más creativos, más pensados y curiosa e irónicamente, más humanos.

Another Earth se presentó por primera vez en el Sundance Film Festival de 2011 y literalmente, tomó a todos por sorpresa (aún en un certamen acostumbrado a las sorpresas). Un filme sencillo, de corta duración, con una premisa interesante (mezcla de dos géneros en teoría poco compatibles: el drama y la ciencia ficción), de modestísimo presupuesto (menos de $200,000 dólares) y muy pocos personajes.

Un buen día Rhoda Williams, adolescente norteamericana de clase media, brillante estudiante y con un prometedor futuro, decide irse de copas. Baila, bebe, coquetea, se divierte. Al salir de la fiesta conduce alcoholizada mientras escucha por la radio acerca de la aparición de un nuevo planeta en el horizonte, situado entre la Tierra y la Luna, y que cada vez se acerca más al nuestro. Por otro lado John Burroughs, catedrático y exitoso compositor, se dirige en su lujoso auto a casa junto con su esposa embarazada y su pequeño hijo, mientras cantan, juegan y platican. Como es de esperarse aquí es donde hace aparición la tragedia, y el destino se encargará de unir la vida de estos dos individuos bajo la luz del descubrimiento del earth 2.

Las virtudes como cineasta de Cahill son evidentes. Un hábil y fluido manejo del formato   digital, que navega estéticamente entre el cinema verité y el dogme 95 (con cortes bruscos, cámara al hombro, toscos close ups y movimiento continuo), y el preciosismo de la iluminación natural, dando un toque realista pero elegante y poético al filme. Otro de los grandes aciertos es la inclusión de Brit Marling, su compañera y amiga de la Universidad, que se encarga no solamente de firmar un sólido, inteligente, interesante y bien matizado guión, sino de llevar la carga del rol principal, interpretando a una Rhoda creíble, entrañable y sincera, que pareciera un papel al que solamente la Marling pudiera haber dado vida.

Cahill también aprovecha al máximo los pocos recursos económicos y técnicos con que cuenta, limitando la historia al desarrollo de los dos personajes principales, reduciendo al mínimo la participación de los actores secundarios o terciarios, y utilizando efectos especiales solamente cuando es necesario y de una forma bastante ingeniosa, haciéndonos sentir la omnipresencia de un planeta paralelo que existe y se desarrolla a la par de las historias contadas y que abre un universo de posibilidades para la resolución y el desarrollo de las mismas.

Tendiendo algunos nexos con cintas que con anterioridad habían jugado con las posibilidades de la física o la astronomía, así como con el destino y el what if…, Another Earth nos recuerda un poco al Donnie Darko (Richard Kelly, 2001) en su juego de las posibilidades, al Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972) en el manejo del tiempo y el espacio (terrenal y cósmico) como un pretexto para explorar el alma humana, y curiosamente a filmes como 21 Gramos (Alejandro González Iñarritu) o Things We Lost in the Fire (Sussane Bier, 2007) en el contenido drámatico, familiar y realista.

Cuando parece que todo esta perdido y que el mundo en que vivimos nos tiene sujetos a la tragedia y a la imposibilidad de volver a empezar y cambiar nuestro destino, surge una oportunidad, una esperanza. La posibilidad de un mundo paralelo, espejo del nuestro, que teniendo las mismas características, los mismos lugares y las mismas personas pudiera no tener el mismo destino es la premisa de este filme, que sin caer en banalidades científicas o metafísicas presenta un interesante bosquejo del ser humano y la capacidad de redención del mismo.

“…So he closes his eyes… and he goes into his imagination, and then he opens them. He doesn’t hear ticking anymore. He hears music. And he spends the sailing through space in total bliss… and peace.”

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oh l’amour

Io Sono L’Amore / Luca Guadagnino / Italia / 2009

Milán, Italia, tiempo presente. La acaudalada y burguesa familia Recchi está a punto de ofrecer una opulenta cena familiar. La sede: la magnífica villa Recchi, hogar del empresario Tancredi Recchi (padre de la dinastía) y de su esposa la sofisticada, discreta y gélida Emma. El portentoso espacio arquitectónico entre castillo renacentista, sofisticado museo y opresiva cárcel es surcado por hordas de meseros, sirvientes, chefs, y demás personal doméstico que preparan el evento. La cámara, como si estuviera consciente del ajetreo, se dedica a espiar a todos. Como una suerte de vouyerista sigue a unos y a otros, transita por pasillos, se escabulle en espacios interconectados y flota con libertad. La puesta en escena es compleja y sofisticada, la fotografía también. De repente un tracking shot gira 360°, luego se eleva, se mueve en picada y se convierte en un plano cenital, enmarcando la compleja sinfonía de sincronizados movimientos con acordes de John Adams, el color es apabullante. 

Corte, vemos el exterior, pareciera un contrastado blanco y negro, pero no, es la negrura de la noche en contraposición de lo blanco de una tupida nevada; corte, de regreso adentro, saturación de brillante color y ruido; corte, afuera, silencio y grisura.

Apenas podemos respirar de tan abrumadoras visuales cuando nos plantamos en la mesa, empezamos a entender el rol y el parentesco de cada uno de los comensales. A la cabeza el patriarca, Edoardo, abuelo del clan y fundador de una de las compañías textiles más importantes de Italia. Por medio de gestos, movimientos, lenguage corporal, empezamos a conocer las dinámicas familiares: hipocresía, mentira, desengaño, tensiones. Nos enteramos que la verdadera causa de la cena no es la celebración del cumpleaños del anciano, sino enterarnos que está enfermo y delicado y, aún más importante, que está a punto de nombrar a su sucesor. Lo que deviene es toda una tragedia que pondría verde de envidia a William Shakespeare y a temblar a Eurípides con todo y sus diez tragedias.

Io Sono L’Amore  no es solamente un telenovelesco filme sobre familias disfuncionales o un melodrama lacrimoso dispuesto a embolsarse unos óscares. El filme de más de dos horas de duración es una celebración de los sentidos. Se podría decir que podemos palpar las texturas (en una escena en particular en que Emma camina por el monte y se congenia con la naturaleza o en el cuidado vestuario cortesía de Jil Sander y Fendi), oler los alimentos, paladearlos, regocijarnos con los colores y escuchar el contraste entre sonido ambiental amplificado (a lo Robert Bresson o Bruno Dumont) y vanguardistas sinfonías (el filme se basa y estructura en las composiciones de John Adams).

La disolución del núcleo familiar, la descomposición de las instituciones, la crítica a la economía y a la burguesía, van de la mano con la evolución del personaje eje y catalizador de la trama: Emma (una espléndida Tilda Swinton), que junto con nosotros empieza a descubrir toda esa gama de sensaciones que tenía sepultados bajo su perfecta apariencia. Sus contrastes y su final explosión sensible son registrados con una eficiente y preciosista fotografía junto a una musicalización in crescendo. La escena final es puro lirismo: mientras la música se acelera, se incrementa el drama, los silencios, las preguntas, los reproches, hasta un llegar a un límite insostenible.

Pretencioso, ostentoso, maniqueísta y manipulador se vale de rescatar, en lo visual, lo más rico de la nueva ola italiana de los sesentas y setentas: la elegancia y opulencia burguesa de Luchino Visconti, el despliegue y complejidad técnica de Michelangelo Antonioni y la acidez y desenfado de Pier Paolo Passolini. Pero también muestra una influencia de inclasificables directores posmodernos como Arnaud Desplechin o Maurice Pialat.

El filme se siente clásico pero contemporáneo, barroco pero sustancial. Se siente la mano firme de un auteur en proceso (Luca Guadagnino), que con atrevimiento deconstruye el género de saga familiar y crea un arriesgado discurso cinematográfico. Al final lo único que importa es el amor….yo soy el amor…..