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adaptation

The Road / John Hillcoat / USA / 2009

La adaptación de un libro a la pantalla grande presupone varios riesgos y complicaciones. Primero, el lector crea imágenes mentales basado en las descripciones del autor, desarrollandose una interesante e interactiva sinergia entre la creatividad de uno y el talento del otro. Segundo, el tiempo, elemento integral e importantísimo del quehacer cinematográfico, juega diferentes roles en la letra escrita y en la imagen proyectada. En los libros, existen dos factores temporales, el tiempo transcurrido en la narrativa (que varía de acuerdo a la historia contada por el escritor) y el tiempo que se toma el lector en terminarla. En el cine también existen dos factores, la diferencia es, que ninguno depende del observador, uno es el tiempo transcurrido en la narrativa (similar al del libro) y el otro la duración del filme. Así el gran reto es: transformar la letra en imagen, una que satisfaga y haga justicia a las mentales generadas por la narrativa, y por otro lado, compactar una historia desarrollada en cientos de páginas (que se puede dar en lujo de regodearse en amplísimas y detalladas descripciones) en un máximo de dos horas (duración promedio del cine comercial).

Cormac McCarthy está considerado uno de los novelistas y escritores norteamericanos más importantes del siglo XX. Ganador de algunos de los más importantes reconocimientos como el Pulitzer, National Book Award e incluso una nominación al Nobel de Literatura, ha forjado una no muy prolífica (tan solo 10 libros en casi cincuenta años) pero si sólida trayectoria en cuanto a influencia, contenido y trascendencia. La literatura de McCarthy es rica en descripciones, geografía e información pero escueta en puntuaciones y manierismos gramaticales. Sus temas favoritos son la religión, la alienación, el apocalipsis, la crueldad (puede ser muy explícito y muy violento), la ética, la cochambre del ser humano y esa extraña cualidad que posee para redimirse.

La complejidad y extensión de sus novelas representan un reto mayor y casi imposible a la hora de buscar una correcta y justa adaptación, hecho sabido por McCarthy quien ha sido reacio a facilitar los derechos de sus obras a la industria del cine. Ya una vez había accedido y el resultado había sido mediocre, por decir lo menos (All the Pretty Horses, Billy Bob Thornton, 2000). En 2007 sucumbe de nuevo a los coqueteos de la industria, con mucho mejor resultado (No Country for Old Men, Ethan & Joel Cohen) y para 2009 se realiza la tercera adaptación de uno de sus libros, tal vez el más importante y reconocido, y porque no, complicado.

El australiano John Hillcoat, gustoso del western y de un cine crudo e hiperrealista, además de autoproclamado fan de McCarthy, fue el elegido. La tarea de Hillcoat no era fácil, había que condensar mas de 250 páginas en menos de 120 minutos de filme; depurar y traducir en imagenes las complejas descripciones, poéticas visiones, repeticiones y silencios de la novela, y crear un apocalíptico mundo, habitado por una futurista sociedad en decadencia, sin que la fuerza de estas imagenes opacaran el verdadero significado de la obra: una historia de amor entre padre e hijo.

Asi, vemos que Hillcoat hace a un lado el CGI y cualquier exceso de efectos visuales o digitales para dar lugar a escenarios reales que dan más veracidad y fuerza a la crudeza de la historia. Suprime o minimiza las historias paralelas (como el subtema del canibalismo), para enfocarse en la relación afectiva que permea casi el total de la obra. Observamos algunas escenas del pasado (en flashbacks) a manera de recuerdos o sueños, pero no ahondamos mucho en ellas y nos enfocamos más en la búsqueda, en tiempo presente, de los personajes. No exenta de violencia y de una atmósfera tensa de peligro constante, el director es cauteloso de no caer en el gore o ser demasiado explícito, siendo cuidadoso también al mostrar la relación padre-hijo: aunque nunca dudamos del gran amor que hay entre ellos, no visita los lugares comunes del melodrama cursi y manipulador tan común en los filmes paternales.

Mención aparte merece el trabajo de cámaras, a cargo del español Javier Aguirresarobe (quien ya había trabajado con directores como Amenábar, Almodóvar, Forman y Allen). Cuidadoso en la iluminación y los encuadres, presenta de manera veraz el triste y desolador mundo descrito en el libro. Las locaciones son bastante apropiadas, valiéndose de áridos pasajes del desierto norteamericano y lugares reales devastados por el huracán Katrina, y convirtiéndolos con la magia de la fotografía, en los post apocalípticos escenarios de un mundo en putrefacción. La banda sonora tambien es encomiable, un minimalista score de los talentosos Nick Cave & Warren Ellis intercalado con severos silencios y sonidos ambientales.

Para finalizar tenemos el desempeño de los actores. El cumplidor Viggo Mortensen como el padre, en tal vez el mejor papel de su carrera, y el pequeño Kodi Smit-McPhee como el hijo, transmitiendo la vulnerabilidad e inocencia de un niño, pero también el amor y  respeto al padre y a los valores inculcados por él.

Hillcoat realiza un filme diferente a lo que podrían esperar los fanáticos de la novela. Toma algunos pasajes del libro casi religiosamente y otros más los adopta a su conveniencia. Despoja de comentarios sociales o políticos, o de imágenes poéticas, y se centra en el desarrollo de los personajes principales, acertada decisión tomando en cuenta la extensión de la novela original. The Road, así, se traduce en un filme sobre amor, sobre ética, sobre valores y porque no, sobre esperanza.

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