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obras primeras

Las óperas primas son esas extrañas creaturas proclives a la experimentación y a la creación de expectativas. Causan emoción y prefiguran talentosas carreras pero también sirven como epitafio y generan desilusión. Tomemos el caso de España, un país que nunca se ha caracterizado por contar con una sólida industria o una gran producción cinematográfica y que navega por las aguas del cine comercial simplón, los productos de consumo nacional o el cine de autor festivalero. A excepción de Pedro Almodóvar y unos cuantos más que han alcanzado reconocimiento internacional, los cineastas españoles estan destinados a las salas de su país o a lo sumo ganar un par de Goyas (el equivalente, con sus debidas proporciones, al sobrevalorado Oscar). A continuación cinco óperas primas españolas que coincidentemente iniciaron la carrera de cinco de los más talentosos y propositivos directores vigentes hoy en día:

1. Julio Medem.

Vacas  / 1992

Medem incursiona en el cine con esta cinta ubicada en la campiña vasca a finales del siglo XIX. Cuenta la historia de dos familias a lo largo de tres generaciones marcadas por el odio, la tragedia, la rivalidad y las pasiones viscerales. Mostrando un sólido manejo de la narrativa y la imagen nos presenta varias de las que se convertirían en constantes de su cinematografía: la naturaleza cíclica de la vida, la reencarnación, la hipnosis, el destino y las casualidades, las marañas del inconsciente (inquietud desarrollada en sus estudios universitarios de psiquiatría) y una fuerte carga sensual y erótica. Esta visión entre trágica y onírica con tintes surrealistas le valió el mote del Lynch español y le generó un ejército de fieles seguidores.

2. Agustí Villaronga.

Tras el Cristal  / 1987

Una de las películas mas polémicas y que mas dió de que hablar durante los ochentas en España. Tras el Cristal es un estilizado filme de terror sobre un degenerado y enloquecido médico nazi que secuestra, tortura y viola niños. Un buen día y por un giro del destino queda cuadraplégico y destinado a vivir conectado a un pulmón de acero, con este suceso se desata una cadena de desgracias en que la vida le cobra cara factura al torcido galeno. Villaronga, hijo de titiriteros y nieto de ambulantes, con experiencia en el diseño de arte, explota con gusto su talento visual, mostrando una valentía y desparpajo poco visto en el trabajo de un principiante.

3. Víctor Erice.

El Espíritu de la Colmena / 1973

Inicialmente propuesta como una película de terror por encargo, Erice convirtió la desventaja de problemas presupuestales en ventaja, elaborando un filme personal y reflexivo que actualmente es reconocido como una de las obras maestras del cine español. El Espiritu de la Colmena es una atmosférica exploración de la experiencia de una niña en una pequeña villa española poco después de la guerra civil. Contando con guiños y referencias al cine de horror (desde el inicio se nos presentan a dos niñas viendo la película de Frankenstein), el filme posee un ritmo lento y contemplativo, no carente de comentarios sociales y políticos (muy pertinentes en la época franquista en que fue filmado) y un velado aire de rebeldía. Mención aparte merece la actuación de Ana Torrent, imprimiendo un toque de realismo y melancolía a una historia de por sí realista y melancólica.

4. Alejandro Amenábar.

Tesis / 1996

Amado por muchos y repudiado por otros tantos, es indiscutible la importancia de Amenábar en el cine español contemporáneo. Con un pulcro y meticuloso afán técnico y narrativo que le debe mucho a Steven Spielberg,  Alfred Hitchcock, Orson Welles e incluso MIchael Powell (es innegable la influencia de Peeping Tom en Tesis) presenta su primera obra en 1996, una escalofriante historia sobre el cine snuff y el morbo en la forma de un cuidado thriller psicológico con tintes de terror, en las que nada es lo que parece y las convenciones del género son utilizadas eficazmente. Triunfadora desde su estreno, Tesis fue aclamada por la crítica y el público en general y le abrió las puertas a una carrera en el extranjero.

5. Nacho Vigalondo.

Los Cronocrímenes / 2007

Desde sus primeros cortometrajes y trabajos audiovisuales Vigalondo ya mostraba un oficio encomiable. Con 7:35 de la Mañana (2004) se echa a España a la bolsa y le merece una nominación al Oscar como mejor cortometraje de ficción. Para principios de 2008 estrena su primer largometraje, un ágil y creativo filme que compensaba su bajo presupuesto con lo complejo de su guión (basado en el principio de autoconsistencia de Novikov), lo vertiginoso de su narrativa y lo entrañable de sus personajes. Desde el primer momento queremos saber que le sucede a Héctor, somos partícipes de su curiosidad y compartimos su miedo y confusión. A medida que transcurre la historia, Vigalondo ingeniosamente nos envuelve en esta trama que deja más a la imaginación de lo que ofrece visualmente y nos obliga a un ejercicio pensante que siempre se agradece. Una propuesta ingeniosa, novedosa e inteligente, ni mas ni menos.

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