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d e l i r i o s

Martha Marcy May Marlene / Sean Durkin / USA / 2011

Martha, una joven neoyorquina, vive en una comunidad pseudo hippie. Aunque la felicidad es aparente la atmósfera esta saturada con misoginia, vejaciones, tortura psicológica, y dinámicas poco usuales (por decir lo menos) que se desarrollan en el grupo. La tensión y la violencia aumentan y un buen día Martha decide escapar y volver con su familia, pero no es nada fácil la huida, ni física ni psicológicamente.

La ópera prima de Sean Durkin empezó a hacer ruido en el festival de Sundance 2011 convirtiéndose en una de las ganadoras y de ahí en adelante ha ganado cuanto premio se ha atravesado por su camino, las virtudes del filme son cuantiosas y aplaudibles. Con clara influencia de cineastas reconocidos y transgresores, principalmente Roman Polanski (el falso y forzado aire amistoso de los integrantes de la comuna nos remiten a los inquilinos del Rosemary’s Baby de 1968) y Michael Haneke (la violencia presente en la cotidianidad y en las supuestamente tranquilas vidas burguesas en las dos versiones de Funny Games, 1997/2007), Martha Marcy May Marlene nos muestra un complejo thriller psicológico centrado en la paranoia y los delirios de la protagonista. Durkin acertadamente hace a un lado los clichés y el camino fácil del cine de terror psicopático para enfocarse en el más temible de los enemigos, el que tenemos dentro. 

El filme ingeniosamente juega con el tiempo y el espacio. Teniendo como base narrativa dos líneas temporales (su estancia con la secta en tiempo pasado y su estancia con su hermana y el esposo de esta en tiempo presente) Durkin se encarga de entretejerlas sin explicación aparente y careciendo de un estricto orden cronológico; de hecho el orden lo establece por un lado el frágil estado mental de la protagonista y por el otro la información que se nos va proporcionando para armar el rompecabezas de la historia.

Así, el carácter extraño y enigmático de Martha se nos presenta hasta cierta manera lógico, resultando cada vez mas entendible, pero no justificable, su dificultad para relacionarse con las demás personas y la imposibilidad de readaptarse a su cotidiana vida burguesa.

Martha Marcy May Marlene no elude los formalismos del cine contemporáneo y el mal llamado cine de arte. Su narración es elíptica, su final abierto, la iluminación natural, el ritmo contemplativo y la musica prácticamente inexistente. Pero también propone con su compleja narrativa, su acertado enfoque, las muy creíbles actuaciones, un más que efectivo trabajo de cámaras y una sólida dirección.

El filme nos augura una más que prometedora carrera cinematográfica y se muestra como un respiro de aire fresco en el adocenado y aburrido cine independiente norteamericano. Parece que tendremos Durkin para rato…

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