45

à propos de Vigo

La vida de Jean Vigo (1905-1934) no pudo ser mas alejada de lo común. Marcada por las casualidades y por las tragedias, este poeta del cine francés tuvo una vida tan cinemática como las inolvidables imágenes que nos prodigó en sus filmes. Poseedor de una de las carreras mas breves en la historia del celuloide (filmó solo cuatro películas que en conjunto no sobrepasan las tres horas de duración) Vigo fallecería a los veintinueve años después de una larga y dolorosa lucha contra la tuberculosis. 

Jean Vigo nació un  26 de Abril de 1905 en Francia, hijo de un periodista, revolucionario y anarquista catalán llamado Eugeni Bonaventura de Vigo i Sallés (quien se hacia llamar Miguel Almereyda, anagrama de “y’a la merde”). Debido a los turbulentos tiempos y al caracter indómito del padre la joven familia Vigo vivió huyendo y escondiéndose hasta que en 1917 el padre es encarcelado y supuestamente comete suicidio, idea nunca asimilada por Vigo quien siempre aseguró fue un asesinato montado. 

Vigo desde muy joven tiene que adoptar nombres falsos para pasar desapercibido y vive gran parte de su infancia y adolescencia en internados y hospitales. Gracias a la vocación del padre, al abandono de la madre y al nomadismo de su vida, convive de cerca con un cúmulo de sui generis personajes, entre ellos poetas, luchadores sociales y escritores.

Esta vida poco sedentaria le traería tambien uno de los males que le aquejarían toda su vida: la tuberculosis. Curiosamente, el padecer esta enfermedad, lo llevaría a una hospital en Andorra donde conocería a Elisabeth Lorinska, una joven paciente de la que queda prendado y que se convertiría en su esposa y compañía hasta el fin de sus días.

Vigo y Lorinska se casan muy jovenes, como si intuyeran que sus vidas serían muy cortas, bajo el consentimiento del padre de ella, un rico empresario, quien no solamente los apoyaría para mudarse a Niza, en la Côte d’Azur francesa (tanto por razones de salud como por status) sino además les regalaría una cámara de cine buscando así apoyar a Vigo a desempeñar un oficio. Este regalo le despertaría una creciente curiosidad y pasión por el cine que aumentaría con las colaboraciones con el cineclub de Niza y culminaría en su gran amistad con Boris Kaufman, hermano del célebre cineasta ruso Dziga Vertov, quien se convertiría en su fiel colaborador y mano derecha durante su breve trayectoria.

Su primera obra fue À Propos de Nice (1930), un cortometraje documental de 30 minutos en el estilo kino-pravda (cine-verdad), teoría cinematográfica desarrollada por Vertov y de la que ambos eran partidarios. Promovido como una visión surrealista de la  ciudad del título (aprovechando la popularidad del movimiento artístico en Europa) el cortometraje resultó ser mucho más que eso. Vigo con sus aires rebeldes, heredados del padre, buscaba criticar ácidamente a la sociedad burguesa de sus tiempos (que él llamaba “en putrefacción”) y de paso innovar en la técnica cinematográfica utilizando, por ejemplo, como actores a personas comunes y corrientes con la particularidad de que ellos no estaban conscientes de ser filmados, para lo cual Vigo paseaba a Kaufman por las calles de Niza, en una silla de ruedas con una cámara sobre las piernas y una cobija cubriéndola para pasar desapercibidos. El filme tuvo un éxito moderado pero ya prefiguraba el talento del novel director.

Para 1931 llegaría un trabajo por encargo: La natation par Jean Taris, un cortometraje de 9 minutos, también documental, sobre el nadador olímpico Jean Taris. Lo que en papel pareciera un aburrido y académico trabajo serviría a Vigo como laboratorio para explorar las mas diversas e innovadoras técnicas como el close up, las imagenes congeladas, el montaje vertiginoso, audaces primeros planos, o las asombrosas e impresionantes escenas grabadas bajo el agua, que llenarían de poesía y lirismo a un trabajo didáctico y educativo.

En 1933 Vigo consigue que un arriesgado productor invierta la cantidad necesaria para filmar su primer largometraje: Zéro de conduite. El film sería una ficción, con toques surrealistas, basado en las experiencias del propio cineasta durante su estancia en internados. Como una forma de exorcizar sus demonios, presenta una juventud anárquica, rebelde y contestaria que se opone al regimen de los adultos y termina creando una revolución en el instituto. Desde el principio el filme se topó con serios contratiempos. Primero problemas presupuestales obligaron a Vigo a cortar drásticamente la duración de la obra, pasando de ser un largo a un mediometraje. Esto tambien orillaría a tomar una importante decisión: o se cortan escenas clave para entender de forma tradicional la narrativa o se suprimen las escenas oníricas y poéticas del filme. Vigo optaría por lo primero y esta decisión sería la pauta para convertirse en una obra maestra.

Tomando recursos visuales y narrativos del cine mudo (fallecido recientemente) y utilizando la metáfora visual, el preciosismo en la fotografía, la novedad técnica (como la cámara lenta o la banda sonora tocada al revés),  Zéro de conduite nos obsequia varios de los momentos mas memorables en la historia del cine (la inolvidable secuencia de la guerra de almohadas por ejemplo) y se presenta como una de las celebraciones mas honestas de la rebeldía juvenil jamás filmadas, no por nada este film se convertiría en Biblia y principal influencia de importantes películas como Les Quatre Cents Coups (François Truffaut, 1959) o If…. (Lindsay Anderson, 1968). El film, demasiado innovador, polémico y subversivo para su época, sería censurado por mas de 15 años, impidiendo así a Vigo experimentar en vida el éxito y el reconocimiento de su obra.

1934 marcaría los dos sucesos mas importantes de su corta existencia: el estreno de su obra maestra, la maravillosa L´Atalante considerada por muchos como una de las mejores películas en la historia del cine, y su fallecimiento a causa de la tuberculosis. Con estos  dos sucesos no terminan ni las tragedias ni las casualidades de su vida, pero esta es una historia que retomaremos mas adelante…..

44

s u p e r f i c i a l

Shallow Grave / Danny Boyle / UK / 1994

El inglés Danny Boyle es de los pocos directores de cine que se pueden jactar de haber navegado por un gran número de géneros cinematográficos con gozosos resultados y sin aparentes tropiezos. En poco menos de veinte años de carrera y una decena de filmes ha experimentado con el thriller hitchcockiano (Shallow Grave, 1994), la comedia romántica (A Life Less Ordinary, 1997), la fábula infantil (Millions, 2004), el horror zombie (28 Days Later, 2002), el biopic (127 Hours, 2010) y hasta el bollywood más turístico (Slumdog Millionaire, 2008), siendo hasta la fecha su obra maestra aquella inolvidable adaptación de una novela de Irving Welsh llamada Trainspotting (1996).

Sin embargo y a pesar de sus atinadas elecciones temáticas, sus inolvidables soundtracks (a medio camino del britpop mas caprichoso y la electrónica más clubber), su vertiginosa edición y su académica manufactura me sigo sintiendo atraído por ese primer filme de su carrera, una modesta obra de apretado presupuesto, respetuosa de los cánones del género (thriller), con un mordaz sentido del humor (muy inglés) y una historia in crescendo que no tiene la mínima complacencia para el espectador.

Shallow Grave fue filmada en 1994, en escenarios reales de Glasgow, Escocia, durante un mes y con un muy limitado presupuesto. Presenta la historia de tres jóvenes clasemedieros que comparten un atractivo departamento en la capital escocesa. Un buen día deciden que el espacio es muy grande para solo tres individuos y que unos dineros extras no vendrían mal, así que hacen una especie de casting para encontrar un nuevo roomate. Así lo que empieza como una buddy movie, con tintes cómicos se empieza a complicar con un ingenioso McGuffin: la muerte del nuevo roomate y el misterioso contenido de sus pertenencias. Boyle eficazmente nos va llevando por los caminos de la ambición hasta llegar a la demencia y observamos como los personajes se transforman ante nuestros ojos: el inmaduro y ególatra resulta el más cuerdo y centrado, la madura e inteligente la mas traicionera y astuta, y el más serio y débil se convierte en un loco psicopático. Traiciones, engaños, paranoia, vueltas de tuerca, y crimen, todo dentro del departamento en cuestión, incrementando la sensación de opresión, encierro y claustrofobia. Se ve que Boyle hizo la tarea y no solamente adopta las convenciones del género sino las utiliza a su beneficio.

Shallow Grave se presenta como un ejercicio de género pero a la vez innovador, utiliza con atino un negro y ácido humor, las vueltas de tuerca típicas del thriller, el suspenso e incluso el horror, pero lo más atractivo son sus personajes y el hecho, de que no hay un villano absoluto, sino un trío de individuos con los cuales empatizamos en un momento y los aborrecemos en otro. La fábula de los amigos convertidos en peores enemigos y la máxima de que “el peor enemigo del hombre es el hombre mismo” es llevada hasta sus últimas consecuencias redondeando así una mas que redonda producción.

Hitchcock estaria orgulloso….