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Proto féministesJane Eyre / Cary Fukunaga / UK / 2011

Desde que se publicara en 1847, la novela Jane Eyre de la escritora inglesa Charlotte Brontë ha servido para una multitud de adaptaciones : teatro, musicales, novelas, y una treintena de películas para cine y televisión. La razón es simple, la columna vertebral de la trama se centra en el romance clásico: la lucha del bien y el mal, las clases sociales, los amores imposibles, y los dilemas morales. Si a esto aderezamos el drama de madurez personal, el crecimiento desde el punto de vista infantil, el conflicto existencial entre Dios y el ser, una fuerte crítica social, un punto de vista adelantado a su tiempo (que se pudiera considerar proto-feminista) y una narrativa emparentada con la ficción gótica muy en boga en la última mitad del siglo XVIII y principios del XIX, el éxito es casi inmediato. Desgraciadamente la gran mayoría de estas adaptaciones se han centrado en el romance telenovelero, alejándose del verdadero  significado que la Brontë quiso otorgarle a la novela, despojándola de cualquier aire oscuro, revolucionario o polémico y peor aún convirtiendo a su individualista, independiente, deseosa de vivir y con una alta moral protagonista en una boba princesa de cuento. 

La redención vino por casualidad. Por una lado la BBC de Londres trabajaba en la pre-producción de otra adaptación más, pero por desgracia (o gracia) se quedó sin director y staff. Por el otro lado, Cary Fukunaga, director norteamericano, se encontraba en tierras británicas promocionando su ópera prima, Sin Nombre, una interesante co-producción MéxicoEstados Unidos sobre la pandilla centroamericana Mara Salvatrucha. Así la casualidad jugó sus cartas, un novel director buscaba involucrarse en nuevos proyectos y una productora buscaba a un novel director.

Lo interesante aquí fueron las decisiones de Fukunaga: primero, la narrativa se desarrollaría por flashbacks anecdóticos y defragmentados que más que buscar contar una historia se enfocarían en delinear y dibujar a los personajes. Segundo, se rescata el aire de novela gótica con toques oscuros e incluso fantasmagóricos que en más de una ocasión nos harían sentir en una novela de Allan Poe y no en un drama romántico de época. Tercero, las locaciones, vestuario y diseño de arte en general, fueron cuidados al extremo y, aunque hermosos y suntuosos, nunca pretenden opacar a los personajes o distraer al espectador de la historia. Por último la elección del casting, la jovensísima Mia Wasikowska como una jovensísima Jane Eyre, y Michael Fassbender como el maduro y estricto Edward Fairfax Rochester, remarcando la diferencia de edades y personalidades presente en la novela original y olvidada por fines comerciales en las posteriores adaptaciones.

Fukunaga, así, logra un maduro y preciosista filme, que remarca las virtudes de la novela original y convierte a una novela clásica en un romance contemporáneo. La señora Brontë estaría muy satisfecha.

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