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Violence is Mine #2

/ Inglourious Basterds / Quentin Tarantino / Estados Unidos / 2009 /

No solo de la violencia hizo una moda sino del cine independiente una pose. Tal como Nirvana a la música alternativa o Warhol al arte, Quentin Tarantino hizo lo que muchos habían querido y no habían podido, y lo sigue haciendo. Independientemente de la calidad de sus filmes, de su arsenal de referencias cinematográficas y de su estilo cut & paste ya más que probado, el mayor logro de Tarantino es llevar a las masas el cine independiente y convertirlo en un producto consumible, sin sacrificar (como lo vemos en esta entrega) su cualidad de autor. Desde sus efectivos primeros acercamientos al guión (True Romance y Natural Born Killers) ya mostraba un ojo atento al detalle, a la creación de situaciones al parecer inconexas que por sucesos todavía más inverosímiles terminaban con un producto coherente. Así la caótica True Romance se resolvería en un complejo y divertidísimo “mexican stand-off”  o la laureada Reservoir Dogs a su vez como una cadena de traiciones y venganzas al estilo del mejor cine de Leone. Tras tres excelentes primeros filmes (Reservoir DogsPulp Fiction y Jackie Brown)  Tarantino se dedicó a aparecer hasta el cansancio en cameos, producciones, colaboraciones, presentaciones, etc… dejando a un lado lo que mejor sabría hacer, el dirigir un filme. Para su esperado regreso (con el díptico Kill Bill), este ya super estrella y celebridad de programas de chismes, optó por citar, tributar, conformar, pero también parodiar e incluso (en el culmen de su ego) autocitarse y autoparodiarse creando así una irregular película (divida en dos partes) que le consiguió mayor aceptación de las masas pero no así de la crítica y el público conocedor. Ahora después de varios años de más experimentos y más hype regresa con una película que desde el papel y los trailers vaticinaba el fin de Tarantino, una extravagancia sin pies ni cabeza que solo serviría para ensalzar su ego y acrecentar su fama. Pero, de manera sorpresiva, llegó con una película que más le debería al 8 1/2 de Fellini (en su carácter de amor y tributo al cine) que a sus ridículas colaboraciones con Robert Rodríguez. 

Así, con una mezcla de personajes reales y ficticios armado como un collage de situaciones inverosímiles (pero bastante divertidas) aderezadas con un sinfin de referencias fílmicas (desde la música de Morricone hasta el clásico cine de guerra, pasando por los filmes propagandísticos y el mismísimo Fassbinder con su Veronika VossTarantino nos entrega una lúdica y violentísima farsa, impensable y desafiante, con algunas actuaciones entrañables y escenas dignas de convertirse en clásicas. De alguna extraña manera los judíos dejaron de ser víctimas, y el cine de la segunda guerra, género que parecía ya tan sobado y desgastado, adquiere un nuevo aire y nos brinda una de las más divertidas comedias de acción de los últimos tiempos.

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