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m a l a  s a n g r e

He has told her… He said, do you want to? She didn’t answer yes or no. She’s a girl with a boy.

– Mauvais sang

Les Amants du Pont-Neuf / Leos Carax / Francia / 1991

Nacido hace 50 años en Francia, Alexandre Oscar Dupont (después usaría el seudónimo Leos Carax, anagrama de su nombre verdadero) se convertiría a pronta edad en una promesa del nuevo cine francés. Colaborador de la célebre Cahiers du Cinéma a sus escasos 20 años, iniciaría una relación de odio-amor con el cine, el cual se encargaría (demostrando su poder destructivo) de truncar indefinidamente la prometedora carrera de este auteur. Desde el principio sus filmes fueron un cúmulo de influencias, referencias, esbozos interdisciplinarios que comprendían desde la experimentación visual del cine de Jean Vigo, la plástica corporal de Charles Chaplin, el ecléctico rock de David Bowie, el minimalismo de Arvo Pärt, la filosofía de Gilles Deleuze y la poesia maldita de Arthur Rimbaud. A los 23 años debutaría con Boy Meets Girl (1984) prueba fehaciente de su enorme talento, una desbordada pasión, un entusiasmo casi enfermizo, y una insólita madurez expresiva. Su segundo filme Mauvais Sang (1986) lo catapultaría a la fama y lo emparentaría estéticamente con el cine de la Nouvelle Vague. Estas primeras cintas son poesía pura, respuestas directas a impulsos emocionales por encima de narrativas convencionales (o a veces cualquier tipo de preocupación narrativa), proliferan los huecos que el espectador tiene que llenar, las imagenes tienen un equilibrio perfecto de luz y sombra, pueden ser tiernas pero también siniestras. La composición visual en Mauvais Sang, por ejemplo, alcanza un gran nivel de abstracción, inspirado por la pintura avant-garde del siglo XX (principalmente de Nicolas de Staël, pintor que no por coincidencia era uno de los favoritos de Godard), hay incluso escenas que invierten y experimentan con el orden espacial, desafiando las leyes de gravedad.

Para su tercer filme Les Amants du Pont-Neuf (1991), un demente y genial filme que lo consagraría pero al mismo tiempo marcaría su destino fungiendo como debacle de su trayectoria, Carax va más allá, mucho más allá. Se observa una búsqueda naturalista, desaparecen los monólogos prolongados, y se apuesta por una narrativa mas fluída así como un desarrollo mucho mayor de los personajes. El escenario (París) ya no parece sacado de un sueño perteneciendo a un lugar en el tiempo y el espacio. Es una película que se presenta espectacular tanto en su desmedido presupuesto como en sus secuencias y escenarios, a diferencia de la austeridad de sus primeras obras. Dos de las constantes de su cine siguen estando presentes: el movimiento y el amor. Aquí llevados a extremos insospechables. El ritmo es vertiginoso, los movimientos de cámara complejos y dinámicos, ese aire de coreografía entre surrealista y heredera del más puro estilo videoclipero se encuentra presente, así mismo el amor, ese amor atormentado, fatalista, que duele y cuesta vísceras y sangre, a manera de droga que te destruye si la tienes pero también si no la tienes convirtiéndose en el motivo de la existencia. Aparece de nuevo Denis Lavant actor fetiche y casi alter ego de Carax, un elemento característico e ubicuo de todos sus filmes.El rodaje del filme, como ya se ha hecho mítico, fue largo y complicado. Desde su génesis como una historia ambientada en un puente público del centro de París ya presentaba complejos retos. La creación de una costosísima maqueta para la filmación de las escenas nocturnas, la construcción de sets, un accidente del actor principal que detuvo el rodaje indefinidamente, problemas de permisos, la bancarrota de dos productores, y una mala administración la llevaron de una modesta película de 9 millones de francos a ser el filme más costoso en la historia de su país. Esto en gran manera, aunado al fracaso crítico y comercial del filme, le crearían fama de poco rentable, impidiéndole rodar  hasta 1999, año en que se concreta su último largometraje, Pola X, otro fracaso rotundo, mal entendido y subestimado, que solo ganaría notoriedad por sus explícitas escenas de sexo no simulado. En 2008 Carax colaboraría con el tríptico Tokyo! en el cual tres directores dan sus visiones de esta ciudad, siendo el corto de Carax, Merde, mi favorito. 

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