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H A M B R EHunger / Steve McQueen / Inglaterra / 2008 

Hunger: En el umbral

Por Chris Darke (Traducción por Jorge Hache)

El debut fílmico del artista británico Steve McQueenHunger, dramatiza las últimas semanas de vida del comandante del ejército republicano irlandés (IRA por sus siglas en inglés) Bobby Sands y su muerte por huelga de hambre, a la edad de veintisiete años, en 1981. Combinando un intenso control formal con brutalidad extrema, el filme introduce sin compromisos al espectador en los corredores y celdas de la famosa prisión Maze en Irlanda del Norte (también conocida como los H-Blocks), que figurara en la mira pública por la huelga de hambre suscitada por el conflicto armado entre el gobierno británico y el IRAMcQueen ha comentado en varias entrevistas sobre la forma en que las imágenes de Sands y los demás prisioneros quedaron grabadas en su mente desde que las vio por primera vez en Londres, teniendo solamente once años de edad. Siendo solo algunos años mayor que McQueen (quién nació en 1968), puedo confirmar que no estaba solo al ser marcado por esas imágenes: hombres envueltos en sábanas, los ojos clavados en adustos y cadavéricos rostros enmarcados por mechas de cabello opaco, una ascética presencia que de forma involuntaria nos remitía a la figura de Jesucristo, y que obviamente serían inolvidables para un niño de esa época. Se nos dijo que eran “terroristas” y “criminales”, y este hecho político es el corazón de los eventos que Hunger, de forma sumamente visceral, recrea.

La guerra colonial entre Inglaterra e Irlanda ha recibido a lo largo de los años numerosos tratamientos cinematográficos, partiendo de biopics épicos como el Michael Collins de Neil Jordan (1996) hasta filmes sobre asuntos específicos, como el Bloody Sunday de Paul Greengrass (2002). Ken Loach realizo tres filmes con este tema, dos ambientados en sus orígenes a principios del siglo XX, Days of Hope (1975) y The Wind that Shakes the Barley (2006), y uno en el decisivo periodo de los ochentas, Hidden Agenda (1990). Por lo menos un par de otros filmes han lidiado con el tema de las huelgas de hambre – de Terry GeorgeSome Mother’s Son (1996) y de Les BlairH3 (2001) – pero Hunger es el que conserva una apuesta mas apegada a la historia real. La estética de McQueen es a la vez abstracta y altamente concentrada, creando una película sumamente artística pero al mismo tiempo con una incendiaria carga política en su corazón. En su rigor formal, el trabajo para TV Elephant (1989) de Alan Clarke, un silente y brutal catálogo de asesinatos paramilitares, es tal vez el único trabajo que se le compara (esta obra también inspiró el filme de 2003 de Gus Van Sant del mismo nombre).

El guión de Hunger, firmado por el escritor teatral Enda Walsh, solo sugiere el amplio contexto político, así que no esta de más plantear un marco histórico. Las huelgas de hambre fueron el culmen de una serie de protestas escaladas que comenzaron en 1976 como respuesta a la rescisión de la “categoría especial de prisioneros republicanos”, esto significaba que los prisioneros de guerra ya no tendrían privilegios políticos sino serían tratados como criminales regulares. Antes de que Sands (Michael Fassbender) aparece en el filme, los actos que llevaron a la huelga de hambre son esbozados por otros prisioneros. Un nuevo recluso, Davey Gillen (Brian Milligan), es obligado por los guardias a desnudarse, se le da una sábana, y se le encarcela en una celda que previamente los otros prisioneros habían cubierto con heces fecales – el filme con esto señala la protesta de “sábanas” (los prisioneros republicanos demandaban el derecho de no usar ropa en prisión) y la de no “aseo”, en la cual, como protesta por los ataques a los presos durante la etapa de “vaciado manual” (deshacerse de sus desechos fisiológicos por las mañanas), los reos se rehusaban a bañarse y embarraban sus celdas con excremento.

Habiendo sido introducidos de golpe al sistema penitenciario, el espectador se enfrenta a la crudeza de los H-Blocks, donde las golpizas y torturas eran rutina. Con excepción de un prólogo en el cual un guardia de la prisión, Raymond Lohan (Stuart Graham), se prepara para ir a casa – lavando sus ensangrentados nudillos y revisando su carro para que no tenga explosivos – y una escena mas adelante en la cual un hombre del IRA lo ejecuta, el mundo afuera de la prisión rara vez se interpone al mostrado dentro del penal, escenario focal del filme. Y a pesar de los fuertes tintes políticos del filme, la secuencia inicial es una mirada comprensiva al “otro lado” mostrando cierta imparcialidad, y expresando la intención de no señalar héroes o demonios, como nos presentarán subsecuentes secuencias en las que un policía llora traumatizado por las golpizas que él y sus compañeros le dan a los desnudos prisioneros. Pero el prólogo también puede ser leído por su concepción espacial: el mundo de afuera es visto como la antesala de la prisión, con el encarcelamiento como una metáfora a la ocupación. Durante el primer tercio del filme, McQueen detalla las escuálidas condiciones de los reos y sus dolorosos intentos para burlar a sus captores: por ejemplo, convirtiendo la comida sobrante en tiras de papilla moldeable, que utilizan para canalizar la orina en los pasillos de la cárcel. Los prisioneros y sus seres queridos empleaban cualquier orificio corporal para intercambiar mensajes y dispositivos de comunicación, volviendo la intimidad de las visitas en una orgía de intercambios subrepticios. Una escena en particular sobresale. Un guardia de la prisión vistiendo ropa especial entra a una celda para limpiarla y es confrontado por una imagen extraordinaria: un espiral manchado de mierda cubre toda la pared. McQueen encuadra esta desagradable visión como a una abyecta obra de arte, que no solamente expresa la desafiante conducta de los prisioneros, sino también afirma la formación artística del cineasta.

Uno de los miembros avanzados de la generación YBA (Young British Artists), que tomaría fama en los noventas (y cuya fusión de trabajo conceptual y autopromoción les ayudaría a tener mas columnas en los diarios que trabajos notables), McQueen ha sido honrado con el prestigioso Turner Prize, en 1999, y con la representación de Inglaterra en la Bienal de Venecia, en 2009. Su ingreso al cine fue por medio de sus minimalistas piezas de imágenes en movimiento que le valdrían fama, como su trabajo silente y en blanco y negro Deadpan (1997), una recreación de Buster Keaton en la cual una casa colapsa alrededor del artista impasivo. En este y otros trabajos experimentales, como Bear (1993) y Drumroll (1998), McQueen deliberadamente evita lidiar con la narrativa, produciendo filmes para el contexto auto referencial de una galería de arte contemporáneo. Así mientras varios de sus más conocidos colegas, como Damien HirstTracey Emin, y Sam Taylor-Wood, han incursionado en el video y el filme, McQueen es el primero en entrar de lleno a la narrativa en la pantalla grande, y lo ha hecho con sorprendente confianza en Hunger. También, al utilizar un tema con la gran carga política de las huelgas de hambre irlandesas, se deslinda de los demás artistas conceptuales ingleses, los cuales en general producen obras sin urgencias socio-políticas.

El momento mas intensamente politico del filme es también su pieza clave: una conversación entre Sands y un sacerdote católico (Liam Cunningham). La escena, de veintitrés minutos de duración gran parte de los cuales fue filmada en una sola toma, muestra la confrontación entre los dos hombres, que mientras comparten cigarrillos, debaten la moralidad del curso suicida que Sands está a punto de emprender. Como si fuera un homenaje a escenas similares en los filmes de LoachThe Wind that Shakes the Barley y Land and Freedom (sobre la Guerra Civil Española), esta jugosa sesión de dialéctica nos lleva desde su fragmentaria descripción de los detalles hasta al establecimiento de Sands como figura central del film y de la lucha republicana.

El sacerdote lo reprende diciendo “quieres escribir tu nombre en letras grandes en los libros de historia”, urgiendo con esto una negociación con las autoridades y acusándolo de una perdida de la valoración de la vida humana. Sands responde de forma oblicua, relacionando su sentido de liderazgo con una anécdota de su infancia, cuando, al correr por el campo con otros chicos, encontraron a un potrillo herido, siendo el único capaz de liberar a la criatura de su dolor. Mientras estuvo en prisión, escribió poesía y artículos periodísticos, mostrándose como un individuo inteligente y comprometido, auto descrito como un “teórico político” que se considera un soldado por sobre todas las cosas. La anécdota regresa como un flashback en el tercio final de la película, mientras Sands se está marchitando. Esta parte es una difícil representación de los hechos que cobraron su vida junto con la de otros nueve huelguistas. Fassbender perdió mucho peso para ser convincente durante las ultimas etapas en la vida de Sands, así mientras su delgadez se suma a la atmósfera sombría y silenciosa, sus recuerdos de infancia en el campo aparecen en la forma de pájaros volando y circulando el cielo, como anunciando la salida de su alma. Esas visuales tan poéticas y trascendentales, sin duda, representan el acto de escapatoria más inimaginable y definitivo, jamás visto en una película sobre sistemas penitenciarios.

En el diario secreto que guardó durante los primeros diecisiete días de su huelga de hambre que duró sesenta y seis, Sands escribió, “estoy parado en el umbral de otro mundo tembloroso”. Hunger nos lleva a ese umbral para mirar con horror su tránsito a ese otro mundo. Pero él y sus colegas también colaboraron a la creación de una nueva realidad política. Durante su huelga, Sands fue electo en el parlamento británico, y aunque el gobierno de Margaret Tatcher se negó a satisfacer las demandas de los presos (provocando la indignación internacional), la huelga de hambre radicalizó las políticas nacionales y permitió que el Sinn Féin, fracción política del IRA, se volviera un partido popular, demostrando que los republicanos de hecho sí tenían un mandato popular, y preparando el camino para el proceso de paz que culminaría con el tratado de Belfast en 1998.

Hunger fue recibida con gran entusiasmo por la critica especializada, ganando varios premios importantes, incluyendo la prestigiosa Caméra d’Or en el festival de Cannes de 2008. Su recepción por la prensa británica fue casi unánime, lo cual fue sorprendente, teniendo en cuenta que deja pocas dudas sobre la orientación política de McQueen, a pesar de que evita idealizar a su protagonista. El director también fue cauteloso en declarar en entrevistas que el no veía a su film como político (que por supuesto lo es) sino como una obra que muestra las presiones ejercidas sobre los individuos por las situaciones políticas de los gobiernos. Mediante una combinación de poder visceral y convicción formal, el filme logra su objetivo de introducir al espectador en las celdas junto a los reos. Y aunque Hunger narra un momento especifico en la historia anglo-irlandesa, sus imágenes de encarcelamiento y tortura no pueden dejar de recordarnos ejemplos contemporáneos como Abu Ghraib y Guantanamo Bay – lo cual crea una mayor resonancia gracias a la ligera contextualización de los eventos que presenta. Por su furia hacia la tortura y el encarcelamiento político, Hunger es tanto un filme histórico como un manifiesto contemporáneo.

Chris Darke es un escritor y critico londinense. Su trabajo ha aparecido en Film Comment, Sight & Sound, Trafic, y The Independent. También es autor de Light Readings: Film Criticism and Screen Arts, una monografía del Alphaville de Godard, y Cannes: Inside the World’s Premier Film Festival

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