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Samurai PurépechaÁnimas Trujano / Ismael Rodríguez / México / 1961

1962, el prolífico (y en boga) cineasta mexicano Ismael Rodríguez decide adaptar al cine una novela de Rogelio Barriga Rivas sobre las andanzas de un indígena oaxaqueño. Lo interesante del caso es que Rodríguez , en gran parte motivado por la muerte prematura unos años atrás de su estrella de cabecera  (Pedro Infante), ofrece el rol no a un actor nacional, como se era lógico esperar teniendo en cuenta la característica tipología del personaje en cuestión, sino a uno japonés. El elegido fué ni más ni menos que Toshirō Mifune, actor fetiche de otro grande de aquel tiempo (y de estos, y de los que seguirán) el también japonés Akira Kurosawa. Además del reto de convencer a Mifune, seguiría el de trasladarlo a México dentro de su apretada agenda (estaba entre las filmaciones de Yojimbo y Sanjuro, ambas con Kurosawa), enseñarlo a hablar español con el particular acento indígena de la mentada región, darle un curso express de historia / idiosincracia / costumbrismo / tradiciones / folclor y regresarlo a su casa en tiempo record.

Siendo un hábil artesano así como un experimentado productor, Rodríguez conjuntó un estelar reparto que incluía entre otros a Columba Domínguez, Flor Silvestre, Pepe y Titina Romay y Antonio Aguilar, así como Gabriel Figueroa como cinefotógrafo. Mifune aprendió español básico (muchos de sus parlamentos fueron memorizados fonéticamente) y con su amplia experiencia y talento dió vida a un personaje ladino, irresponsable y borracho que en algunos casos no se diferenciaba tanto de sus roles en las películas de Kurosawa (recordemos al iracundo Kikuchiyo de Los Siete Samuráis).

Al final por su fuerte acento oriental y por fines dramáticos, la voz de Mifune fué doblada por un actor mexicano, pero esto no demeritó su gran actuación. La interpretación del pendenciero y borracho anti-heróe que empieza por desesperarnos, sigue por causarnos desprecio y al final le tenemos cariño, y por que no, hasta admiración, se lleva las palmas (no por nada tuvo nominaciones en su tiempo a reconocimientos internacionales como el Óscar o el Golden Globe) así como la película. Es de reconocerse además el gran desempeño del elenco así como el atinado casting, la elegante y en algunos momentos expresionista fotografía (en un contrastado blanco y negro), una ágil narrativa y sobre todo una historia que se aleja de lo convencional, especialmente para su tiempo, que nos presenta al indio flojo, sí, pero con una esposa independiente y trabajadora, que saca adelante a la familia y se supera, también el conflicto de las tradiciones índigenas-paganas con la iglesia, y como ambas se funden y crean una pintoresca forma de vida (recordemos como Trujano, indio convenenciero, no duda en recurrir al diablo o a elementos paganos cuando no recibe lo que espera de Dios) , la explotación del progreso (aquí representado por un rubio empresario español) que aunque a veces se presenta tiránico otras también tiene atracción no solamente física por el índigena sino incluso admiración.

Ninguneada a través de los años por la historia de la cinematografía mexicana, y disponible hasta hace muy poco en un más que decente DVD, Ánimas Trujano es no solamente una de las mejores películas de la llamada época de oro, sino una de las mejores en toda la historia del cine mexicano.

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