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St. Kracklite, Architect

Peter Greenaway / Belly of an Architect / UK / 1987

A Peter Greenaway (UK 1942) difícilmente se le consideraría un director de actores, ya que a largo de su trayectoria se ha caracterizado por ser un director de imágenes. Con anterioridad ya había mostrado su postura ante el acto de filmar : “si quisiera contar historias sería novelista no cineasta”, además constantemente habla de las “tiranías” del cine: el encuadre, los actores, el texto (guión) y la cámara. Por esto no es extraño descubrir que sus personajes son superficiales, considerados más imágenes que seres humanos, y acomodados como piezas de un rompecabezas, ordenado y matemático, como la mayoría de su obra. Esto hace aún más extraña la figura de Stourley Kracklite (interpretado virtuosamente por Brian Dennehy) protagonista de su filme The Belly of an Architect (1987), un personaje sólido, bien perfilado, que nos lleva de la mano a su autodestrucción por medio de una obsesión cuasi-fetichista que lo consume. Kracklite es un arquitecto norteamericano exitoso, maduro, casado con una hermosa y mucho menor mujer (tal vez más un trofeo que una esposa), en la cima de la prosperidad: dinero, éxito, amor y por que no, poder. Poco a poco presenciamos el declive de Kracklite, quien aunque consciente de ello, sigue adelante hasta las últimas circunstancias. Pero en que, o mejor dicho, en quién se basó Greeanaway para la creación de tan interesesante caracter. Una lectura superficial podría hablar de un álter ego, un ente con tintes autobiográficos que comparte las obsesiones barróco-historicistas de Greenaway al tiempo que se regodea en las virtudes del hombre renacentista (recordemos que no sería la primera vez en que el inglés se autocitara, ya que Tulse Luper es otro de sus más conocidos “otros yo”). Pero a mi gusto va más allá y me atrevería a proponer que Kracklite es la simbiosis de dos de los grandes arquitectos del siglo XX, ofreciendo no pocos paralelismos con ambos. Me refiero al alemán Ludwig Mies van der Rohe y al franco-suizo Charles Édouard Jeanneret-Gris (Le Corbusier). Si observamos claramente Van der Rohe y Kracklite presentan muchas semejanzas: ambos a edad madura abandonan a sus familias y al éxito alcanzado a esas instancias por una obsesión: el primero por su creciente admiración por la figura y pensamiento de Friedrich Nietzsche, el segundo por la fantástica arquitectura de Étienne-Louis Boullée. Mies se autoconfina a su departamento viviendo de una minimalista pero opulenta manera: un pequeño pero selecto cúmulo de libros, una escultura de Picasso, un cuadro de Klee… Kracklite se confina a un suntuoso cuarto de hotel en Roma, finas viandas, algunas valiosas piezas de arte, un apilado de planos y documentos y una fotocopiadora. Van der Rohe entra a una etapa en que su formación intelectual se perfecciona y sistematiza, pasado algo similar con Kracklite. Incluso ambos vienen de Chicago donde han construído sendos edificios. El alemán poco a poco abandona a sus clientes y comisiones por el desarrollo de un conjunto de esquemas arquitectónicos, sin cliente, emplazamiento, limitaciones, o reglamentaciones a los cuales dedicaría casi ocho años. El personaje de Greenaway a su vez, lo abandona todo por una ambiciosa y gigantesca exposición sobre Boullée. Los bocetos del primero se convertirían, según muchos críticos de arquitectura, en un autorretrato de su persona (en especial la casa de tres patios) más que en un proyecto construíble, mientras que la exposión del segundo no solo esbozaría la personalidad de Kracklite sino pondría de manifiesto que el motor que lo guía es más la ambición que la admiración, no la banal  ambición económica sino una más trascendente y megalomaniaca, la de construir lo inconstruíble, de materializar arquitecturas imposibles.

Por otra parte Le Corbusier fue un hombre obsesivo. Tenía una obsesión por poseer, por hacer suyo, aún mejor si es de alguien más. Se obsesionó con las mujeres (especialmente las algerianas), se obsesionó por la racionalización y la modulación, se obsesionó por trascender la arquitectura (recordemos que aún al terminar una obra la fotografiaba y años después todavía seguía boceteando sobre esta foto, sucediendo lo mismo con sus dibujos) y se obsesionó aún más por una casa, la E-1027 de Eileen Gray. Kracklite se obsesiono por la arquitectura fantástica e irrealizable (por lo menos en su época) de Boullée. Estas gigantescas e ingrávidas formas geométricas que desafiaban tanto a la escala como a la técnica. Ambos también fueron más allá con esta obsesión e incluso realizaron actos de transgresión. Le Corbusier invadió literalmente la casa para pintar sendos murales en sus paredes (ocho en total) a pesar de la gran admiración que, incluso reconoció, sentía por la obra, un acto que la propietaria calificara de vandálico (más extraña el saber que Le Corbusier era enemigo del muralismo y criticaba su práctica). Kracklite se apropió de la obra de Boullée al materializarla, por medio de maquetas que en gran manera negaban el carácer fantástico (e incluso místico) que le dió su creador y las banalizaba creando gigantescos prismas geométricos. Ambos eran fanáticos del dibujo y de trascender las fronteras de la expresión gráfica, uno gracias al collage y la alteración de las fotos por medio de trazos sobre ellas, el otro por la repetición, la cámara y la fotocopiadora. Le Corbusier llegó al punto de construir una pequeña cabaña aledaña, a manera de parapeto, para “espiar” la casa mientras que Kracklite llegó a habitar el lugar donde se realizaban las maquetas. El francés muere, de manera misteriosa, ahogado (¿suicidio?, ¿casualidad?) en el mar después de haber visitado la E-1027, el norteamericano termina sus días lanzandose desde una ventana depués de haber visitado la inaguración de la exposición, ¿ambos creerían que su labor ya había finalizado?, ¿pesaba más la carga de esta obsesión fetichista que la necesidad de vivir?…

El arquitecto de Greenaway tiene mucho de estos dos personajes, pero también es una creatura con vida propia. Algunos podrán decir que les recuerda al ético terrorismo idealista del personaje de Ayn Rand, otros más a aquellos que vestían las maquetas de sus proyectos a manera de sombreros en las fiestas de la Bauhaus y unos más a aquel que teorizaba sus proyectos a la diestra de Jacques Derrida.

La única certeza que nos queda es que Stourley Kracklite es uno de los personajes mas complejos y entrañables no solo de su cinematografía sino del cine de las últimas décadas.

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